Algo que contar

La Europa manipulada (lo llaman democracia y no lo es)

Publicado el 9 Ee noviembre Ee 2009 a las 4:35

El Tratado de Lisboa ya está aquí. No es algo que en general suponga una preocupación para la mayoría de los ciudadanos. Fundamentalmente porque siempre ha ocupado un lugar secundario de interés para los medios de comunicación y los políticos. No porque no sea interesante o importante para los europeos sino que no ha interesado establecer un diálogo público y constructivo sobre lo que implica la puesta en marcha de este tratado. La oposición al mismo ha sido resuelta con un descrédito de los opositores por parte de los políticos y los medios de comunicación favorables a su asunción. Se les ha tachado de antieuropeistas e equiparado a movimientos de ultraderecha, que sí han mostrado un rechazo claro a la construcción europea que implique desvanecer los límites nacionales, obviando las evidentes diferencias que les separa. De esta manera si no estabas posicionado al lado de las tesis oficiales estabas en contra de Europa y colocabas en grave riesgo la construcción europea.


La realidad es que la construcción de esta Europa se hace a espaldas de los ciudadanos a los que se utiliza como marionetas para que depositen su voto, después de haber sido aleccionado convenientemente, y esto cuando deciden que pueden votar porque ante cualquier riesgo de que sus tesis sean rechazadas utilizan cualquier resorte legal para evitar el pronunciamiento de los ciudadanos como ha ocurrido con este tratado, una modificación de aquel que los españoles aprobaron en las urnas y rechazaron los holandeses y franceses. El intento de soslayar la acción ciudadana topó con la constitución irlandesa que obligaba a convocar un referendum de aprobación que, en una primera instancia, supuso un rechazo del mismo. Lejos de provocar una nueva reflexión hacia otra Europa los dirigentes europeos optaron por la negociación con el gobierno irlandés para sacar adelante el tratado a pesar de la negativa ciudadana. La consigna era si o si. Este tratado saldría adelante a pesar de los ciudadanos lo cual indica el trasfondo antidemocrático del mismo, elaborado por las élites, y de los máximos representantes de los gobiernos europeos. El guión estaba escrito y marcaba la celebración de un nuevo referendum que finalmente produjo el resultado deseado. Así se obtiene la excusa del refrendo democrático ciudadano a pesar de haberse obtenido por medios antidemocráticos, es decir, el menosprecio de la decisión ciudadana, y la manipulación política para conseguir réditos políticos a través de prebendas y privilegios para los gobiernos más díscolos. La paradoja es que la última opción de evitar la aprobación definitiva del tratado la tenía un gobierno claramente antieuropeísta y de vocación atlantista como es el de la República Checa. El argumentario que equipara a los opositores con los antieuropeistas recibía así su espaldarazo mediático. Era una opción aparente porque no iba a suponer un obstáculo para el tratado. Es sólo un gobierno al que se le puede comprar con cesiones interesadas, al mejor estilo mafioso, que en términos políticos se denomina negociación.

El único obstáculo real que ha tenido y que ha obligado a maniobrar con dificultad a los gobiernos ha sido la negativa de los ciudadanos lo cual nos da entender el poder que tendría la ciudadanía si se decidiera a participar activamente en el proceso de construcción europeo que le afecta directamente. Esta participación necesaria tiene que luchar contra uno de los objetivos de los gobiernos que es controlar y adormecer a los ciudadanos a través de la ocultación de información relevante, la criminalización de posicionamientos contrarios y la manipulación a través de los medios de comunicación oficiales y privados.


El Tratado de Lisboa ya está aquí y es sólo el comienzo. A partir de ahora comenzará su aplicación práctica y los ciudadanos podrán comprobar las consecuencias de su pasividad. Como aperitivo, en diciembre se nombrará al presidente que nos representará a los europeos. Representación que, por supuesto, no será aprobada por los ciudadanos sino por los gobiernos. Los nombres que han sonado provocan pavor como el de Tony Blair. Uno de los cuatro de las azores que mintió conscientemente a los ciudadanos británicos y al mundo sobre la existencia de las armas de destrucción masiva iraquíes y que apoyó incondicionalmente al presidente torturador y asesino George W. Bush, entre otros méritos porque mejor no hablar de ese invento de la tercera vía dirigido a aniquilar al socialismo británico. Otro de los nombres que se han barajado, aunque más como globo sonda que como realidad, es el de José María Aznar. Sería sin duda una Europa kafkiana, neoliberal, irrespetuosa, agresiva, contraria a los derechos y libertades de los ciudadanos, manipuladora e inestable. Una Europa que avanzaría en su deriva neoliberal y abandonaría definitivamente la necesaria Europa social y ciudadana. Aznar es un terrorista político capaz de hacer temblar los cimientos más sólidos del estado de derecho y del bienestar. Sólo faltaría que saliera a la palestra el nombre de Silvio Berlusconi para completar el trio calavera. Independientemente de quien salga no será en ningún caso elegido por los ciudadanos pero, paradójicamente, nos representará ante el mundo. Nuestros políticos serán capaces de llamar a esto democracia pero no lo es. Los ciudadanos están apartados de las decisiones importantes de la política europea y eso no se puede llamar, en ningún caso, democracia.

 

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