Algo que contar

La corriente más actual

Publicado el 8 Ee agosto Ee 2018 a las 10:50

El diputado israelí que propuso la ley estado nación afirmó que su aprobación es la respuesta a quienes piensan que la presencia judía en Israel es temporal. Este aserto es el reconocimiento de la instrumentalización de las leyes como armas de guerra. El apartheid que sufre el pueblo palestino no es nuevo. Es un proceso que se inició hace décadas, con la permisividad de la mayor parte de los países occidentales y la conformidad de unos pocos, entre los que destaca [¡cómo no!] Estados Unidos. Pero el contexto internacional en el que se está produciendo sí es novedoso.


Estamos asistiendo a un proceso de extrema derechización que surgió como respuesta a los movimientos ciudadanos de principios de la segunda década del siglo 21. Este proceso lejos de revertir la discriminación y la opresión del pueblo palestino, los refuerza y multiplica. Al igual que las políticas represivas, xenófobas y discriminatorias que se dan en otras partes del mundo. Como Italia. La irrupción de ultras en los gobiernos de los países occidentales, como Trump o Salvini, se explica desde la progresiva desideologización de las sociedades, donde los principios democráticos y el respeto a los derechos fundamentales de las personas se difuminan. Este vacío ideológico es el que aprovecha el actual movimiento ultra.


El proceso de expulsión de gitanos tampoco es nuevo. La Francia del derechista Sarkozy la aplicó en su momento, sin que los líderes europeos dijeran esta boca es mía. El italiano Salvini lo continúa con entusiasmo. Lo dramático es que la proporción de población que aprueba estás medidas aumenta. Sin su apoyo, los Farage o Marine Le Pen, serían irrelevantes pero la realidad es que tienen una creciente relevancia política. Hasta el ultra Bannon, que asesoró a Trump, ve en Europa un territorio fértil para sus ideas. Esta apertura de una parte de la población a las ideas ultras ha sido regada y abonada, durante décadas, por los decepcionantes gobiernos derechistas y socialdemócratas de las democracias liberales. Ellos iniciaron las políticas antimigratorias, las cárceles para inmigrantes, las expulsiones de gitanos, los asesinatos en el mediterráneo o las leyes mordaza. Ahora, esos otros, vienen a continuarlas.


Los partidos derechistas no son ajenos a esta realidad y se mueven más a la derecha de lo que ya están. En el Estado Español tenemos a Ciudadanos, con Albert Rivera, y al Partido Popular, con Pablo Casado. La reacción ante el referéndum catalán ha mostrado cómo estos partidos y gran parte de sus militantes se han deslizado hacia la extrema derecha. Si antes disimulaban, ahora van a pecho descubierto. Los líderes de estética joseantoniana se venden como modernos aunque sus ideas sean decimonónicas pero no podemos negar que se adhieren a la corriente más actual del momento. El nuevo fascismo.


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