Algo que contar

Sobre la miseria capitalista

Publicado el 27 Ee junio Ee 2018 a las 17:50

Es habitual verle tirado en la calle, con una botella de alcohol en la mano, murmurando frases ininteligibles. Sucio, meado y cagado, con restos del último vómito en la barba y la mirada perdida, lejos de este mundo. Una mañana, temprano, mientras muchos se preparaban para llegar a su trabajo o paseaban a sus perros, caminaba, dándose golpes en la cabeza, espantando sus demonios interiores. Desapareció tras una esquina durante unos días para volver aparecer, como siempre, tirado en medio de la calle sorteado por los turistas, que disfrutan del paseo por un agradable barrio de Madrid, y por los vecinos ocupados en sus quehaceres diarios. Nos hemos acostumbrado a convivir con la miseria, el dolor y la autodestrucción. Esquivamos bultos, que son personas, que se esparcen en las plazas y las calles de nuestras ciudades. La mayoría de ellas no acude a manifestaciones, ni se enfrasca en forzados debates sobre la nueva presidencia española, ni realiza sesudos análisis sobre la política europea y mundial. Sobreviven a pesar de la indiferencia y la invisibilidad.

 

Se podría decir que la miseria de nuestras ciudades es soportable. Supone la mínima parte que nos encontraríamos en muchos países africanos. Pasa lo mismo con el terrorismo. Hay países que sufren atentados casi a diario, nosotros solo de vez en cuando. La vivencia diaria del dolor, la miseria y el terror se nos haría insoportable hasta el punto de arriesgar nuestras vidas para alcanzar territorios supuestamente más seguros. En los países donde abunda el terror son minoría los que gozan de estándares de vida aceptables. También esquivan a los miserables pero en unas dimensiones que la mayoría de los occidentales, incluidos los que han ido como turistas y regresan acongojados, no se pueden imaginar. La mayoría se blinda contra la pobreza. La mirada occidental sobre la inmigración, que proviene de países deprimidos económica y socialmente, es desasosegante. Intuyen desequilibrios. Sospechan que sus estándares de vida aceptables pueden empeorar. No es agradable que te recuerden constantemente tu posición privilegiada. Al final la tendencia es blindarse.

 

La mirada occidental está marcada por el sistema económico imperante que ha privilegiado claramente a los países de occidente. Es cierto que la pobreza extrema mundial se ha reducido considerablemente en las últimas décadas. Para los voceros del capitalismo esto es un indicador de sus bondades. Pero el capitalismo ha hecho algo más que hundir en la miseria a decenas de países en el mundo para satisfacer las demandas del mercado occidental. No solo ha esquilmado sus riquezas y recursos sino también ha colonizado sus mentes [al igual que las nuestras] destruyendo las comunidades y las idiosincrasias locales. Ha modificado sus formas de relacionarse, sus formas de estar en comunidad, sus maneras de vivir y las raíces que les unen a su tierra. El capitalismo les quitó todo esto, les empobreció económica y socialmente hasta límites inimaginables, y ahora, dicen sus voceros, les salva de la pobreza extrema. Verdugo y salvador. Finalmente, la globalización, la hija luminosa del capitalismo, reduce la pobreza extrema porque convierte al homo miserabilis en homo consumus.

 

Decía Steven Pinker en una entrevista en El País que el progreso no es una cuestión subjetiva y que la mayoría de la gente prefiere vivir a morir. La abundancia a la pobreza. La salud a la enfermedad. La seguridad al peligro. El conocimiento a la ignorancia. La libertad a la tiranía. Cómo no estar de acuerdo con estas palabras. Solo que el progreso lo asocia al mercado y a las instituciones del capitalismo. Es decir, al sistema económico que crea las condiciones de pobreza extrema lo convierte en garantía del progreso y en defensa de los ideales de la razón, la ciencia y el humanismo, porque la pobreza extrema ha descendido un 75% en 30 años. Verdugo y salvador. Esta es la mirada occidental que le dice a los países empobrecidos que el sistema que les ha arruinado les salvará de la miseria. Es la mirada que esquiva los bultos humanos mientras entra en Zara o en Primark a hacer sus compras para irse de vacaciones a la playa. Pinker no explica de dónde se van a sacar los recursos para que el capitalismo pueda seguir depredando a escala mundial ni cómo se van a reconstruir las relaciones sociales y comunitarias destrozadas por siglos de erosión. La defensa de la razón, la ciencia y el humanismo dista mucho de estar acompañada de la defensa de un sistema económico que no tiene razón, ni es científico ni es humano.


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1 Comment

Responder Jamesrousy
22:41 Eel 6 Ee agosto Ee 2018 
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