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Política, poesía y otras rarezas
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La regeneración de los degenerados

Publicado el 1 Ee octubre Ee 2018 a las 5:30 Comments comentarios (0)

8,6 millones de personas viven en el estado español en exclusión social pero, como no lo filtra Villarejo, no será noticia durante mucho tiempo. Debería ser objeto de la gran política pero no es, ni de lejos, tan interesante como que la ministra de justicia, Dolores Delgado, haya llamado maricón, hace ocho años, al actual ministro del interior, Grande-Marlaska. El visor de la escopeta está tan desviado que aluden a su orientación sexual y obvian que no investigó las denuncias de torturas por parte de detenidos que estaban bajo su custodia. Motivo suficiente no ya para dimitir sino para no haber sido jamás ministro. Otro de los que han salido a la palestra, Garzón, fue el que inventó aquello del entorno de ETA por el que se criminalizó, entre otros, al periódico Egunkaria y que, probablemente, tampoco se esforzó demasiado en investigar las denuncias de torturas. A pesar de todo se juntó con Llamazares para regenerar la política española con la plataforma política Actúa. En el estado español las cosas funcionan de esta manera. Regeneramos con lo que tenemos. Y lo que tenemos, si rascas un poco, sale muy sucio.

 

Pablo Casado viene a revitalizar a un Partido Popular muy corrupto y su referente es Aznar, que mintió sobre la autoría de los atentados del 11M y sobre la existencia de armas de destrucción masiva en Iraq, con las consecuencias dramáticas para el país asiático, que todos conocemos o deberíamos conocer. Si hablamos de la constitución, y su cuarentavo aniversario, se junta al mencionado Aznar, con sus logros, y a Felipe González, con los propios. La guerra sucia y esas cosas [en este punto algún pesoista debería sacar la lista de todas las cosas buenas que hizo González]. Los viejos dinosaurios explican a los que critican la constitución que lo pueden hacer -criticar- porque se lo permite el sistema [democracia monárquica-parlamentaria] y que hagan el esfuerzo de hacerla entera y así, de paso, se la leen. Es que se critica por criticar y encima sin leerla. Y mientras, la exclusión social ha aumentado un 40% desde el año 2007.

 

El exministro del interior francés, Manuel Valls, viene a regenerar la política municipal barcelonesa, de la mano de Ciudadanos, que también están regenerando la política catalana y española. Valls fue ese político que asoció a los gitanos con la mendicidad y la delincuencia y proponía, de forma poco creativa si nos atenemos a la historia del pueblo gitano [sí, ya sé que no se ha estudiado en la escuela], que la única solución era su expulsión de Francia. Con estas credenciales solo puede venir de la mano de Albert Rivera. De forma paralela han hecho ese viaje, tan transitado, entre esa izquierda, o lo que sea, y la derecha extrema, o de centro o como quieran llamarlo, aunque la trayectoria de Rivera ha sido más errática. Exvotante del Partido Popular, CIU y PSOE, socio del partido de extrema derecha Libertas, vuelta a me defino como progresista, socialdemócrata liberal, ni de izquierdas ni de derechas, de centro izquierda a centro derecha o extrema derecha o como se diga. Una confusión ideológica muy productiva. Pero lo que esta meridianamente claro son los 1,5 millones de hogares que no disponen de apoyo ni de ayudas públicas.

 

Si buscas, encuentras. Y en eso están gran parte de los políticos españoles. En busca de un máster que no existe, una tesis plagiada, una mano metida en bolsillos ajenos, una comida con comensales poco recomendables, unas conversaciones de maldita la hora que abrí la boca y unas compañías de las de cruzarse a la otra acera. El poder consiste en mantenerlo, quien lo tiene, y en conquistarlo, quien lo desea. Los caminos para conseguirlo son muy variados. Hay algunos que tienen que ver con la democracia, la honestidad y esas cosas. Otros son sucios. En el estado español se elige el que está más transitado. El más sucio, si es posible. La regeneración liderada por los degenerados. Así, no puede extrañar que la existencia de 600.000 personas en situación de inseguridad alimentaria severa pueda pasar desapercibida. Es que estamos en otras cosas. Al fin y al cabo tenemos un ordenador, un móvil de la leche o casi, una casa, un trabajo, aunque sea precario, y cuando llegamos a casa no queremos que nos frían con noticias tristes que señalan la profunda desigualdad del sistema, ese que dice Aznar que nos deja criticar, en el que vivimos.



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Combatientes

Publicado el 26 Ee septiembre Ee 2018 a las 16:30 Comments comentarios (0)

Cuando era adolescente fui a un mitin de Blas Piñar. Un antifascista rodeado de fachas, muchos de ellos jóvenes de mi instituto y de la zona. Vinieron conmigo chavales que se consideraban de izquierdas, del Che Guevara y esas cosas. Años después me decían que votaban a Izquierda Unida. Recuerdo poco la palabrería patriótica pero sí me acuerdo de la gente que conocía de vista y que me sorprendió que fueran fascistas. Este ejercicio de curiosidad no lo he vuelto a repetir exceptuando algunos eventos donde he ido a sacar fotos. Ese día, aunque ya se notaba la desbandada de la militancia fascista, que se empezaba a refugiar en Alianza Popular, me di cuenta de lo cerca que tenía al fascismo y del embrujo que podía tener en muchos jóvenes. De lo que no me di cuenta, hasta tiempo más tarde, es que vivíamos una época de desideologización, alimentada por un PSOE que no solo abandonó definitivamente el marxismo sino también la voluntad de transformar la sociedad desde las ideas socialistas. Trasladó el eje de la izquierda hacia la derecha y en este movimiento lo acompañaron millones de españoles, que aún así siguieron considerándose socialistas aunque no creyeran creíble la posibilidad de una sociedad socialista. El tiempo permite mirar aquella época, mediados de los ochenta, con la suficiente distancia como para reconocer el efecto práctico de ese cambio en lo más cotidiano. Solo hay que mirar a muchos de los que te rodeaban y la evolución política que han tenido en estos años.

 

La desideologización no fue tal. Consistió en el rechazo posmoderno de las viejas ideologías para crear un vacío a cubrir por la ideología imperante del capitalismo extremo, triunfante en las décadas posteriores. En realidad fue un periodo radicalmente ideológico. Transformó el eje de izquierda y derecha en personas capitalistas que votaban al Partido Popular y al PSOE. Dejaron a la izquierda el enganche de las políticas sociales mientras se desarrollaban políticas económicas contrarias a los intereses del pueblo. La conocida zanahoria que sigue el burro mientras le azotan el trasero con una fusta. Pretendieron homogeneizar a las masas y construir ciudadanos acríticos y manejables. Este proceso fue especialmente benévolo con el fascismo español, que en su versión light pervivió y creció con muchos de mi generación. Fue un poco lo de vale, Franco fue un dictador pero déjalo estar, forma parte de la historia y también hizo cosas buenas. Esta atmósfera es la que se respiró durante décadas casi sin darnos cuenta. Esos que me acompañaron al mitin de Blas Piñar, que se decían de izquierdas, jóvenes ellos, defienden hoy la unidad de España, el uso de la violencia policial y la represión en Catalunya. El hueco ideológico que tenían fue rellenado por la atmósfera en la que vivieron, sin mascarilla protectora.

 

Pilar no sé qué, presidenta del movimiento por España, se quejaba de la escasa asistencia a una concentración en defensa de Franco y en contra de su exhumación. Fueron cuatro gatos y esos son literalmente el número de franquistas nostálgicos que se envuelven en sus banderas rojigualdas en busca de consuelo. Son cuatro gatos grotescos y ridículos que representan muy bien lo que fue la dictadura fascista. Lo preocupante no son estos sino la mayoría que respiró la atmósfera viciada. Gran parte de los centros de trabajo son lugares donde se puede evaluar el éxito de la embestida ideológica de las élites económicas y políticas. Trabajadores pasivos e individualistas. Lo hicieron muy bien. Nos dejaron solos. Nos alejaron los unos de los otros. Consiguieron con el trabajo, o con su falta, que solo pensáramos en trabajar. De lo demás se encargaron los medios de comunicación, los opinadores profesionales y los políticos, que nos decían lo que debíamos pensar sobre cualquier tema político, social y económico. Nos ahorraban el trabajo de tener una opinión propia. Han marcado la opinión sobre Catalunya, la monarquía, la inmigración, la venta de armas, ETA o la crisis financiera y económica. Han sido capaces de presentar a un personaje como Juan Carlos, que ha acumulado miles de millones de euros desde la nada, en referente democrático, y a su hijo, Felipe, en pilar de la paz y la convivencia nacional. Han convertido la mayor acción democrática de la posdictadura, el referéndum convocado en Catalunya, en un ataque a la democracia.

 

Muchas generaciones se han preguntado cómo la sociedad alemana permitió la persecución del pueblo judío. No entienden cómo no reaccionaron ante lo que estaba sucediendo en los campos de concentración y a la persecución de los disidentes y diferentes. Normalmente nos solemos colocar en la posición de aquellos que sí hubieran reaccionado. Formaríamos parte, en nuestra imaginación, de la resistencia. La realidad es que la mayoría formaría parte del gran grupo que no hizo nada más que mirar hacia otro lado o vitorear a los represores. La defensa psicológica ante la defensa de hechos deleznables es negarlos o justificarlos. Necesitamos dar una explicación que nos permita sostener nuestro posicionamiento. Es una eficaz manera de autoengañarnos. Lo contrario sería mirarnos en un espejo y ver un verdugo. No nos cuesta empatizar con el horror sufrido por las víctimas del Holocausto, lejano en el tiempo y recreado mentalmente, pero sí ante las víctimas de tortura en el Estado Español. Especialmente si las víctimas se las enmarcaba dentro de aquello que el juez Garzón denominó el contexto de ETA. Entonces lo negamos (“tienen órdenes de denunciar torturas cuando son detenidos”;) o lo justificamos (“son asesinos”;). No nos cuesta empatizar con la imagen de un niño muerto en las playas del mediterráneo pero sí con los inmigrantes, negros y pobres, que se juegan la vida por llegar a Europa. Somos tan parecidos psicológicamente a la sociedad alemana de los años treinta y cuarenta que da miedo.

 

Este proceso de desideologización [de otras ideologías], que ha transformado a las sociedades en mercados, consumidores y usuarios, hace a la población vulnerable ante ideas que violentan los derechos fundamentales, reprimen a los disidentes y alientan el enfrentamiento. No es aceptable que cuando hablemos de las concertinas de las vallas de Ceuta y Melilla se piense en qué otros métodos se pueden utilizar para evitar que entren inmigrantes y no en que es absolutamente intolerable el uso de métodos que pongan en peligro la vida de las personas. En que es intolerable que existan cárceles y campos de concentración de inmigrantes en la Unión Europea. En que es intolerable que existan muertos de una guerra civil y de la represión fascista sin ser localizados y entregados a sus familias. En que es intolerable la existencia de un sistema de acumulación que empobrece, esclaviza y somete a la mayoría. En que es intolerable que haya personas durmiendo en la calles, ahogadas en el alcoholismo o hundidas en la locura. En que es intolerable que nos digan que la democracia es que decidan otros y lo llamen representativa. La democracia o es revolucionaria o es pantomima para engaño de los simples. La pantomima solo necesita espectadores pasivos, que aplaudan cuando el regidor les indique y se rían de sus propias tragedias. La democracia necesita combatientes.



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Cuestión de principios

Publicado el 2 Ee septiembre Ee 2018 a las 11:20 Comments comentarios (0)


Cuando no se tienen principios, el vacío se rellena con los que están en el entorno. Los recogemos porque nos dan seguridad, identidad y nos permiten ingresar en grupos exclusivos. Ideas que se alojan entre los huesos del cráneo y condicionan la mirada con la que interpretamos el mundo. Con el tiempo creemos que son propias. Pero si no las mascamos, pensamos, reflexionamos y discutimos son ideas extrañas, ajenas a nosotros. Los ojos con los que se mira la realidad son los de otros. Las ideas son pulidas por otras cabezas. La renuncia a ser autores de nuestros pensamientos nos convierte en títeres. Sí, no somos originales pero el acto de reflexionar nos convierte en creadores y conforma una mirada personal y propia del mundo.


Las conversaciones y discusiones están llenas de palabras mascadas por otros y aún así somos capaces de luchar y morir por ellas. Vivimos un momento en el que para saber sobre un tema concreto abandonamos los libros y encendemos la televisión. Las disciplinas que nos ayudan a pensar, como la filosofía, están en sus horas más bajas, favorecido por los poderes fácticos. El capitalismo no necesita pensadores sino mano de obra, aunque con la revolución tecnológica pronto prescindirá de ella. Leer a Platón, Castoriadis o Wittgenstein es, sin duda, un acto subversivo, un ataque directo a las bases del sistema. Pero se imponen píldoras egocéntricas, como las redes sociales, donde se recrea la ilusión de que formamos parte activa de algo. Un algo esencialmente intranscendente.


El hecho es que si no pensamos, otros piensan por nosotros. Los sistemas políticos que niegan o limitan la participación activa en la toma de decisiones tienden a convertir a las personas en títeres, en seres fácilmente manipulables y teledirigidos. No necesitan dar órdenes sino el control de la educación, que está más basada en la activación emocional que en la racional. Nos vinculan con principios que sostienen el entramado político y económico, aunque vayan en contra de nuestros propios intereses. Las guerras están llenas de soldados que murieron por ideas que les oprimían y discriminaban. Nos bombardean con ideas que vomitamos, como si hubiéramos ingerido un alimento en mal estado, en nuestras conversaciones sobre aspectos que afectan al entramado. Afrontamos las discusiones como un campo de batalla donde solo puede quedar uno. No aspiramos a convencer sino a vencer sin paliativos.


Si vemos una serie de zombies es muy probable que nos identifiquemos con algún miembro de la resistencia cuando la realidad es que somos más parecidos a una manada de muertos andantes. Las redes sociales nos han encumbrado como estrellas rutilantes aunque no tengamos ningún espectador interesado. El otro existe en la medida en que me nombre, le de a me gusta o me retuitee. Somos un YO muy grande construido en detrimento del pensamiento. Los sistemas políticos imperantes tienen los ciudadanos que le merecen. Sino fuera así, estaríamos al borde de una revolución. La confianza en que la humanidad puede crear sistemas políticos y económicos más justos y libres no quita que, al mirar a nuestro alrededor, nos demos cuenta de la crisis de pensamiento en la que nos encontramos. Toda crisis es una oportunidad de cambio aunque ahora estemos balanceándonos como un funambulista en la cuerda floja. Un mal paso y el fascismo nos espera.

La corriente más actual

Publicado el 8 Ee agosto Ee 2018 a las 10:50 Comments comentarios (0)

El diputado israelí que propuso la ley estado nación afirmó que su aprobación es la respuesta a quienes piensan que la presencia judía en Israel es temporal. Este aserto es el reconocimiento de la instrumentalización de las leyes como armas de guerra. El apartheid que sufre el pueblo palestino no es nuevo. Es un proceso que se inició hace décadas, con la permisividad de la mayor parte de los países occidentales y la conformidad de unos pocos, entre los que destaca [¡cómo no!] Estados Unidos. Pero el contexto internacional en el que se está produciendo sí es novedoso.


Estamos asistiendo a un proceso de extrema derechización que surgió como respuesta a los movimientos ciudadanos de principios de la segunda década del siglo 21. Este proceso lejos de revertir la discriminación y la opresión del pueblo palestino, los refuerza y multiplica. Al igual que las políticas represivas, xenófobas y discriminatorias que se dan en otras partes del mundo. Como Italia. La irrupción de ultras en los gobiernos de los países occidentales, como Trump o Salvini, se explica desde la progresiva desideologización de las sociedades, donde los principios democráticos y el respeto a los derechos fundamentales de las personas se difuminan. Este vacío ideológico es el que aprovecha el actual movimiento ultra.


El proceso de expulsión de gitanos tampoco es nuevo. La Francia del derechista Sarkozy la aplicó en su momento, sin que los líderes europeos dijeran esta boca es mía. El italiano Salvini lo continúa con entusiasmo. Lo dramático es que la proporción de población que aprueba estás medidas aumenta. Sin su apoyo, los Farage o Marine Le Pen, serían irrelevantes pero la realidad es que tienen una creciente relevancia política. Hasta el ultra Bannon, que asesoró a Trump, ve en Europa un territorio fértil para sus ideas. Esta apertura de una parte de la población a las ideas ultras ha sido regada y abonada, durante décadas, por los decepcionantes gobiernos derechistas y socialdemócratas de las democracias liberales. Ellos iniciaron las políticas antimigratorias, las cárceles para inmigrantes, las expulsiones de gitanos, los asesinatos en el mediterráneo o las leyes mordaza. Ahora, esos otros, vienen a continuarlas.


Los partidos derechistas no son ajenos a esta realidad y se mueven más a la derecha de lo que ya están. En el Estado Español tenemos a Ciudadanos, con Albert Rivera, y al Partido Popular, con Pablo Casado. La reacción ante el referéndum catalán ha mostrado cómo estos partidos y gran parte de sus militantes se han deslizado hacia la extrema derecha. Si antes disimulaban, ahora van a pecho descubierto. Los líderes de estética joseantoniana se venden como modernos aunque sus ideas sean decimonónicas pero no podemos negar que se adhieren a la corriente más actual del momento. El nuevo fascismo.


Sobre la miseria capitalista

Publicado el 27 Ee junio Ee 2018 a las 17:50 Comments comentarios (1)

Es habitual verle tirado en la calle, con una botella de alcohol en la mano, murmurando frases ininteligibles. Sucio, meado y cagado, con restos del último vómito en la barba y la mirada perdida, lejos de este mundo. Una mañana, temprano, mientras muchos se preparaban para llegar a su trabajo o paseaban a sus perros, caminaba, dándose golpes en la cabeza, espantando sus demonios interiores. Desapareció tras una esquina durante unos días para volver aparecer, como siempre, tirado en medio de la calle sorteado por los turistas, que disfrutan del paseo por un agradable barrio de Madrid, y por los vecinos ocupados en sus quehaceres diarios. Nos hemos acostumbrado a convivir con la miseria, el dolor y la autodestrucción. Esquivamos bultos, que son personas, que se esparcen en las plazas y las calles de nuestras ciudades. La mayoría de ellas no acude a manifestaciones, ni se enfrasca en forzados debates sobre la nueva presidencia española, ni realiza sesudos análisis sobre la política europea y mundial. Sobreviven a pesar de la indiferencia y la invisibilidad.

 

Se podría decir que la miseria de nuestras ciudades es soportable. Supone la mínima parte que nos encontraríamos en muchos países africanos. Pasa lo mismo con el terrorismo. Hay países que sufren atentados casi a diario, nosotros solo de vez en cuando. La vivencia diaria del dolor, la miseria y el terror se nos haría insoportable hasta el punto de arriesgar nuestras vidas para alcanzar territorios supuestamente más seguros. En los países donde abunda el terror son minoría los que gozan de estándares de vida aceptables. También esquivan a los miserables pero en unas dimensiones que la mayoría de los occidentales, incluidos los que han ido como turistas y regresan acongojados, no se pueden imaginar. La mayoría se blinda contra la pobreza. La mirada occidental sobre la inmigración, que proviene de países deprimidos económica y socialmente, es desasosegante. Intuyen desequilibrios. Sospechan que sus estándares de vida aceptables pueden empeorar. No es agradable que te recuerden constantemente tu posición privilegiada. Al final la tendencia es blindarse.

 

La mirada occidental está marcada por el sistema económico imperante que ha privilegiado claramente a los países de occidente. Es cierto que la pobreza extrema mundial se ha reducido considerablemente en las últimas décadas. Para los voceros del capitalismo esto es un indicador de sus bondades. Pero el capitalismo ha hecho algo más que hundir en la miseria a decenas de países en el mundo para satisfacer las demandas del mercado occidental. No solo ha esquilmado sus riquezas y recursos sino también ha colonizado sus mentes [al igual que las nuestras] destruyendo las comunidades y las idiosincrasias locales. Ha modificado sus formas de relacionarse, sus formas de estar en comunidad, sus maneras de vivir y las raíces que les unen a su tierra. El capitalismo les quitó todo esto, les empobreció económica y socialmente hasta límites inimaginables, y ahora, dicen sus voceros, les salva de la pobreza extrema. Verdugo y salvador. Finalmente, la globalización, la hija luminosa del capitalismo, reduce la pobreza extrema porque convierte al homo miserabilis en homo consumus.

 

Decía Steven Pinker en una entrevista en El País que el progreso no es una cuestión subjetiva y que la mayoría de la gente prefiere vivir a morir. La abundancia a la pobreza. La salud a la enfermedad. La seguridad al peligro. El conocimiento a la ignorancia. La libertad a la tiranía. Cómo no estar de acuerdo con estas palabras. Solo que el progreso lo asocia al mercado y a las instituciones del capitalismo. Es decir, al sistema económico que crea las condiciones de pobreza extrema lo convierte en garantía del progreso y en defensa de los ideales de la razón, la ciencia y el humanismo, porque la pobreza extrema ha descendido un 75% en 30 años. Verdugo y salvador. Esta es la mirada occidental que le dice a los países empobrecidos que el sistema que les ha arruinado les salvará de la miseria. Es la mirada que esquiva los bultos humanos mientras entra en Zara o en Primark a hacer sus compras para irse de vacaciones a la playa. Pinker no explica de dónde se van a sacar los recursos para que el capitalismo pueda seguir depredando a escala mundial ni cómo se van a reconstruir las relaciones sociales y comunitarias destrozadas por siglos de erosión. La defensa de la razón, la ciencia y el humanismo dista mucho de estar acompañada de la defensa de un sistema económico que no tiene razón, ni es científico ni es humano.


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El juego parlamentario

Publicado el 31 Ee mayo Ee 2018 a las 17:25 Comments comentarios (0)


Si valoramos exclusivamente el juego parlamentario, la moción de censura es necesaria. Hay razones suficientes para ella. La continuidad de un partido en el gobierno, involucrado en decenas de casos de corrupción, no puede ser nunca una opción. Aunque hasta estos momentos lo haya sido. No solo por la sentencia de la Gürtel sino por la indecencia en la gestión de las instituciones públicas a lo largo de las últimas décadas. Y no solo por la corrupción sino también por los ataques a la libertad de expresión, la utilización de la justicia para amedrentar, criminalizar y silenciar a los que disienten y la aprobación de medidas legales tendentes a la represión. El juego parlamentario tiene sus tiempos que no corren en paralelo a las necesidades de las personas sino a los intereses partidistas. Si fuera por las necesidades del pueblo, en relación a la situación económica, laboral y social, Mariano no hubiera llegado al verano del 2012.

 

Si algo caracteriza a este juego es el cambio de cromos. Hoy tenemos a M. Rajoy. Mañana, probablemente, a Pdro Snchz. Mientras, las políticas económicas seguirán su curso de forma independiente a los nombres. Los cuerpos policiales seguirán teniendo unidades de represión de los movimientos sociales. Las decisiones las seguirán tomando pequeños grupos de personas lejos de las necesidades reales de la gran mayoría. Los trabajos seguirán funcionando como modernos espacios de explotación y autoexplotación. Las palabras seguirán buscando colonizar las mentes y no cambiar las realidades. Desconectadas de los hechos y del cambio se convierten en peligrosas armas de destrucción masiva del pensamiento propio y colectivo, canalizando las acciones subversivas a espacios más controlados e inofensivos que aseguran el mantenimiento del estado de las cosas más allá de los presuntuosos discursos que se ofrecen en los parlamentos.


Podemos es un claro ejemplo de cómo el parlamentarismo domestica e inmoviliza a los insurrectos o a los que están en camino de ello. Las redes sociales les permiten debatir, argumentar, crear grupos de discusión, diseñar alternativas y hacer propuestas sin ningún impacto en la vida real. Ese juego narcisista que fortalece los egos. Se favorece que los militantes tomen decisiones en el salón de sus casas, pulsando el touchpad de su ordenador o la pantalla táctil de su móvil. Unas decisiones sobre las decisiones previas que el grupo hegemónico dentro de Podemos decide. La ilusión de decidir. La participación en este tipo de espacios ahoga el espíritu de cambio y tiende al conformismo. Este tipo de militancia, muy deliberativa pero sin impacto en la cotidianeidad, favorece que un pequeño grupo domine el partido y lo convierta en algo que está más que visto: personalista, vertical y autoritario. La gente hace lo que ha aprendido, lo que esta sociedad les ha enseñado. Es decir, confiar en un líder, en alguien que sabe lo que necesitan y que en su ausencia se sienten perdidos. Al final les dan las llaves del castillo.

 

La creencia de que la participación en los parlamentos es la vía para cambiar las cosas ha sido rebatida históricamente. En cuestión de cuatro años se puede comprobar en qué se ha convertido Podemos. La única singularidad [o pobre imitación de las asambleas del 15M] con la que nacieron, los Círculos, fueron desmantelados rápidamente. Eso de que la gente se reuniera en sus barrios y se convirtiera en motor del movimiento no fue bien visto por el núcleo irradiador con PI, Errejón y Monedero a la cabeza. Este último dijo de los Círculos que eran el corazón de Podemos [esto son palabras]. Después de haberlos condenados a la irrelevancia [esto son hechos]. El parlamentarismo es el juego de las palabras, de los grandes discursos que no van dirigidos al cambio social sino a la adhesión política. Una adhesión que no va dirigida al, de nuevo, cambio social, sino a alcanzar el poder. Queda bonito decir que la gente tiene que decidir pero en esos ayuntamientos que llaman del cambio siguen decidiendo los concejales de los partidos cercanos a Podemos, que han recuperado el municipalismo para seguir cometiendo los mismos errores que se cometieron en las anteriores experiencias municipalistas. Si el poder es del pueblo, hay que dárselo al pueblo y no crear una plataforma informática de presupuestos participativos.


La moción de censura ocupa las primeras planas de los periódicos con la competencia inesperada de la dimisión de Zidane. Es probable que salga adelante. Para cambiar y que no cambie nada. Esta paradoja es una acompañante habitual del juego parlamentario. Ninguno de los partidos políticos tiene la capacidad [ni el interés] de cambiar el modelo económico y social y avanzar hacia sociedades autogestionadas, con participación directa, feministas, antirracistas, ecologistas y cooperativas. Esto está lejos de cualquiera de los programas políticos de estos partidos por lo que nos espera más de lo mismo. El cambio está en las personas que habitan los barrios y los pueblos, en la manera de organizarnos y relacionarnos. El cambio está en la capacidad para crear espacios autogestionados y horizontales, en crear relaciones de colaboración, en tomar decisiones de manera colectiva generando estructuras de participación directa. Crecer desde abajo para ir removiendo los cimientos de un sistema que nos aprisiona.



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Relájate y goza

Publicado el 1 Ee mayo Ee 2018 a las 7:25 Comments comentarios (0)


Hace unos pocos meses se cumplieron 20 años de una violación a una persona muy cercana y querida. El agresor fue detenido, juzgado y condenado a más de 15 años de prisión. A esta persona le llegó un comentario que, supuestamente, había hecho el marido de un familiar: tampoco es para tanto, que se relaje y disfrute. Ya que te violan, relájate y goza. Esta expresión forma(ba) parte de una fantasía masculina en la que puedes ejercer la fuerza para mantener una relación sexual con una mujer la cual, después de un primer momento de resistencia, se relaja y comienza a disfrutar. Forma(ba) parte de esa mentalidad en la que la virilidad y el vigor sexual fuerza, inevitablemente, la voluntad de las mujeres. También se han utilizado expresiones como quién te va a violar a ti con lo fea que eres como si la violación fuera una recompensa que no va a recibir. O ¿quién no ha deseado que violen a un violador o a un pederasta en la cárcel? La violación se ha asimilado como acción de castigo o ejercicio de poder. Dentro de la cárcel ejecutada, preferentemente, por hombres contra hombres y fuera ejecutada, preferentemente, por hombres contra mujeres. Está acción de castigo o de poder se ha connotado en muchas ocasiones de forma positiva y así se ha asentado, consciente o inconscientemente, en muchas cabezas tanto femeninas como masculinas.



Ser hombre debería requerir un ejercicio consciente y constante de deconstrucción que no implicaría olvidar los aprendizajes y consignas de la sociedad patriarcal sino analizarlos, desmenuzarlos y diseccionarlos para conocer los mecanismos que nos movilizan y nos posicionan y, desde este punto, reconstruir la forma de relacionarnos con las demás personas, especialmente con las mujeres, sin abuso de poder y con una base igualitaria y cooperativa. Estos valores son ajenos a las sociedades patriarcales donde las relaciones están marcadas por las posiciones de poder, el autoritarismo y la desigualdad social basada en los conceptos de raza, de género y de clase. Esta deconstrucción es constante y, probablemente, dure toda la vida porque estamos contaminadas por ideas, unas más toscas y otras muchas más sutiles, que dificultan nuestras relaciones y una mirada igualitaria sobre las demás. No podemos considerarnos feministas, tanto hombres como mujeres, cuando aún no hemos conseguido desprendernos de nuestros condicionamientos. Así, la reflexión sobre el tipo de sociedad en la que hemos crecido y nos han educado, la identificación de valores, pensamientos y comportamientos, que sitúan a las otras personas en posiciones de inferioridad y sumisión, junto con la modificación y la sustitución de dichos planteamientos por otros más liberadores, se convierten en una tarea inexcusable e imprescindible. Esto no puede ser reemplazado por una simple declaración del tipo soy feminista.



No he visto los vídeos que grabaron cinco hombres mientras violaban a una mujer. No conozco al detalle las pruebas que se presentaron en el juicio tanto por la parte defensora como acusadora. Sí he leído la sentencia y los hechos probados donde se relata una violación. No se relata un abuso o una orgía sino el asalto sexual y la violación múltiple cometida. La incoherencia entre los hechos probados y la sentencia solo se explica desde la cultura de la violación presente en nuestra sociedad. Esa mirada que convierte un rictus en una sonrisa o el respirar en un gemido. Esa mirada que dice que la ausencia de oposición activa implica conformidad. Relájate y goza. Las imágenes que vieron esos jueces fueron cribadas por los prejuicios que esta sociedad instala en cada uno de nuestros cerebros y que adquieren vida propia ante la pasividad de sus huéspedes. Son esos prejuicios que no ven en la dominación una acción violenta. Son esos prejuicios que no ven la cosificación de una persona que es penetrada en múltiples ocasiones por distintos orificios de su cuerpo. Como si fuera una muñeca hinchable. En eso convirtieron a una chica de 18 años. Es necesario deshumanizar a esta persona para tratarla de esta manera. Es necesario aceptar esa deshumanización para llamar abuso sexual a una violación múltiple o pedir la absolución de los agresores.


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Ficciones riesgosas

Publicado el 17 Ee abril Ee 2018 a las 17:15 Comments comentarios (0)


Aparece una persona muy enfadada porque en la huelga del 3 de octubre una antigua profesora suya le increpó mientras tomaba café en una terraza. Le llamó fascista. Está persona ha denunciado por la vía penal a su exprofesora por delito de odio. No quiere una disculpa sino que pague por lo que hizo. Uno de los periodistas que la entrevistan dice que ahora la gente se está atreviendo a decir las cosas que ya pasaban hace años y que por miedo se callaban. La increpada cuenta que cuando fue a declarar tuvo que salir por la puerta de atrás escoltada por la policía, como si fuera culpable de algo, porque unas veinte personas se habían congregado en la puerta del juzgado en apoyo de la profesora. Además una de las amigas, testigo de los hechos, se negó a declarar ante lo cual el periodista corrió a apostillar que por miedo. El marco es claro. Amedrentamiento, odio y miedo lo cual es necesario visibilizar, plantar cara y exigir duras penas.


Otra persona es arrestada en su casa por la Guardia Civil acusada de delitos de terrorismo y rebelión por la Fiscalía de la Audiencia Nacional. Fue detenida por agentes encapuchados, esposada y con los medios prestos a mostrar las imágenes dando todo tipo de detalles sobre su nombre, profesión y aspecto físico. Tiene que ser reconocible, vista por todos, sin difuminar el rostro y proteger, de esta manera, la presunción de inocencia. El juez la deja libre con medidas cautelares porque no ve delito de terrorismo sino de desórdenes públicos. No importa. La imagen está ya guardada en la memoria y se une a los otros elementos que van conformando un relato. La detención se enmarca dentro de la redefinicion de las protestas en las que participan los Comités de Defensa de la República (CDR) como actos de la kale borroka. Una vez creado el marco los cuerpos pueden ser detenidos y encarcelados.


Joan Tardá cuenta en televisión que las acusaciones de terrorismo relacionadas con el proceso catalán son una banalizacion del hecho y un insulto a las víctimas [reales]. Un periodista de El Mundo le criticó la utilización de las víctimas del terrorismo por parte de un partido como Esquerra Republicana de Catalunya, alegando que Carod Rovira se entrevistó en Perpiñan con representantes de ETA para que no atentarán en Catalunya y sí en el resto de España. Otro periodista y director de La Razón le dijo que habría que reconocer la presión ambiental en Catalunya contra aquellos que no son independentistas, una violencia implícita contra cargos políticos del Partido Popular y Ciudadanos, preguntándose si pueden desarrollar su actividad de forma normalizada con los CDR que hacen pintadas, rompen cosas e insultan a la gente. Ante la respuesta de Tardá, el director suspiraba.


El terrorismo inventado ocupa tanto espacio en los medios y en las preocupaciones de periodistas y políticos nacionalistas [españoles] hasta el punto de arrinconar la realidad del último atentado terrorista sufrido en Barcelona el pasado verano. La ficción supera a la realidad. Si esta dinámica narrativa, que crea distorsiones cognitivas, se impone de forma mayoritaria construye sociedades enfermas, acríticas y fácilmente manipulables. Destacan las redefiniciones, las resignificaciones y la elección de determinadas palabras que permitan crear una opinión pública favorable al ejercicio de la represión y los ataques a las libertades fundamentales. Las palabras escogidas y el significado de sus discursos ayudan a deshumanizar al discrepante y, de esta manera, permite aceptar sin gran oposición la mano dura del estado. Movimiento nacional-populista, sistema de agitprop (agitación y propaganda), violencia psicológica, golpistas, violencia física, doblegar la voluntad, chantaje, ETA, capricho, niños malcriados, crimen, letal, flagrante ataque, romper un estado, bochornoso, irregular, terrorismo, kale borroha, triturar la democracia, pesadilla, fraudulento, enfrentamiento civil, ruina económica, golpe de estado, desastre, desafueros…Leer las opiniones y editoriales de los periódicos generalistas o escuchar las tertulias y debates de los espacios televisivos de actualidad se han convertido en actividades arriesgadas que buscan la colonización de las mentes. Se corre el riesgo de convertirse en un autómata que habla con las tendenciosas palabras de otros.


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Religiosamente aconfesionales

Publicado el 3 Ee abril Ee 2018 a las 16:50 Comments comentarios (0)


Las imágenes de los ministros Juan Ignacio Zoido, Rafael Catalá e Íñigo Méndez de Vigo cantando el himno legionario El novio de la muerte mientras los legionarios levantaban la imagen del Cristo de la Buena Muerte en Málaga, las banderas a media asta en los cuarteles de las fuerzas armadas por la muerte de cristo o el gobierno español indultando a cinco presos por motivo de la semana santa. Es llegar la semana santa y volver a debatir sobre si siendo el estado aconfesional, el gobierno debe significarse de esta manera. Después ya se nos pasa. Son polémicas cíclicas que nos estimulan durante un corto tiempo y que después se guardan en el desván de los debates que van y vienen. La próxima semana santa lo volveremos a sacar. El resto del año, mientras tanto, la iglesia sigue controlando gran parte de la educación concertada y privada y disfruta de exenciones fiscales, gracias al concordato firmado en 1979 entre el Estado español y la Santa Sede que tantos privilegios concede a la iglesia católica.


Cuando era un adolescente discutíamos en clase de ética sí los españoles eran católicos por convicción o por tradición. No era una disyuntiva nueva. En 1978 el escritor anarquista Ricardo Sanz, en su libro Figuras de la revolución española, respondió que más que católicos por convicción lo son por tradición. Decía que siendo el pueblo español católico por convicción, siempre que en España se produjeron disturbios, aún sin tener ninguna relación ni motivaciones religiosas, lo primero que hizo el pueblo en rebeldía fue atacar las iglesias, los conventos y todos los centros representativos del catolicismo. Aquellos que defendían que el pueblo español era católico por convicción formaban parte de la derecha española. La misma que se posicionó a lo largo de la historia al lado de gobiernos reaccionarios y dictatoriales con los que, a su vez, colaboró activamente la iglesia española. Las quemas de iglesias en muchas de las grandes ciudades españolas en las revueltas producidas durante los siglos 19 y 20 se tienen que entender no como un ataque a las creencias religiosas sino a las instituciones y a la jerarquía eclesiástica que se posicionó invariablemente al lado de los poderes que sojuzgaban al pueblo español. La escritora Elena de la Souchère decía que esta asociación con la oligarquía había minado completamente el prestigio del clero entre las clases trabajadoras provocando una descristianización de las masas.


Esto nos lleva a cuestionar la tradición católica del pueblo español y a reivindicar el ateísmo y el anticlericalismo que definieron a un sector de la población española. A la derecha le gusta hablar de España como un país católico y obviar las corrientes anticlericales que surgieron espontáneamente, durante los siglos 19 y 20, cada vez que se cuestionaban las políticas reaccionarias compartidas por las élites y el clero. Esta ocultación va dirigida a presentar la historia española de forma monolítica presentando los valores conservadores, impregnados de religiosidad, como homogéneos y participados por la gran mayoría del pueblo. Intentan confundir el hecho de que la iglesia estaba presente en cualquier aspecto de la vida de las personas, tanto en los pueblos como en las ciudades, con la suposición de que todas esas personas eran prosélitas. Esta intencionalidad de la derecha española es seguida también por la europea que reclama la herencia cristiana de Europa. Obvian de forma interesada, por ejemplo, a los revolucionarios milenaristas de la edad media, que lucharon por la libertad, la igualdad y la abolición de los privilegios de las clases dirigentes, y que también forman parte de nuestra herencia cultural.


La práctica de gobierno de la derecha va dirigida a imponer una mirada rígida sobre la historia española imponiendo sus valores, principios y creencias y ocultando aquellas que las cuestionan y que ofrecen una imagen del pueblo español más diversa y menos proclive a compartir las convicciones de las élites que no son, de ninguna manera, universales. Esta estricta mirada no es baladí puesto que tiene la pretensión de definirnos y de conformar homogéneamente nuestras miradas. La derecha no solo tiende a las políticas reaccionarias sino que también aspira a la hegemonía de sus creencias. María de los Dolores de Cospedal y sus correligionarios son un instrumento dirigido a normalizar las buenas costumbres que de manera invariable incomodan y enfadan a una gran parte de la población española sea atea, agnóstica o religiosa. Los ministros cantando una canción de guerra mientras se levanta a un cristo crucificado o las banderas a media asta por la muerte de una persona, sobre la que no existe documentación objetiva de su existencia, no dejan de ser extravagancias que no se van a convertir en normalidad. La única normalidad en todo este asunto nos lo indica la historia: la complicidad de los poderes conservadores y las fuerzas armadas con la privilegiada iglesia católica española. Pasan los siglos y siguen igual.


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Las palabras no son inocentes

Publicado el 1 Ee abril Ee 2018 a las 0:50 Comments comentarios (0)


Las palabras elegidas en el auto de procesamiento de Pablo Llarena nos hablan de la intencionalidad del autor de doblar los hechos para que se ajusten al molde de la rebelión. La forma de referirse a los participantes en las movilizaciones sociales es paradigmática. Se dice que tenían una determinación violenta. Se habla de un fanatismo violento. Se les cataloga como muchedumbre. Reducir el compromiso político de miles de personas a una simple abundancia y multitud de personas es una manera de convertir a los sujetos políticos en masa informe fácilmente manipulable. Esta manipulación sobrevuela toda la argumentación de Llarena al tratar a los ciudadanos como muchedumbre que dirige y moviliza la Asamblea Nacional Catalana y Òmnium Cultural. No es que una amplia parte de la población catalana sea favorable a la celebración de un referéndum, que les permita decidir su relación con el Estado español, y que se moviliza para conseguir una meta política sino que la convierte en un mero instrumento por parte de aquellos a los que se quiere acusar. La muchedumbre como cosa no pensante.


Las personas son un elemento de la ecuación que incomoda al estado español. Las personas que quieren decidir sobre su propia forma de gobierno apuntan de forma directa a la idea de democracia que es, precisamente, aquello que el gobierno español dice que está amenazada. Conjurar esta contradicción empuja al estado a convertir a esas personas en cosas manipuladas, fanáticas y violentas sobre las cuales se puede ejercer la represión y la violencia. Allana el camino convertir a tu oponente en un fanático y lo complica si lo respetas como sujeto político. Esta consideración de las personas es profundamente reaccionaria y antidemocrática al negarles la posibilidad de ejercer la esencia de la democracia: poder decidir. Llarena las convierte en agresoras recogiendo en el auto veintiuna situaciones en las que policías nacionales y guardias civiles fueron agredidos, sufrieron lesiones o se causaron daños en su material. Sujetos políticos que defienden poder decidir se transforman de esta manera en violentos que participan en revueltas. Neutralizados. O esa es la intención.


Tal y como ocurriría en un supuesto de toma de rehenes mediante disparos al aire. Es difícil que esta frase encuentre acomodo en los hechos de los últimos meses en Catalunya pero Llarena lo consigue cuando hace referencia a la movilización del 20 de septiembre de 2017. Esta alusión al 23F no es gratuita ya que el estado pretende enmarcar los hechos como un golpe de estado. Todos los agentes implicados en imponer este relato insisten en llamar golpistas a los dirigentes catalanes acusados de rebelión. Lo han hecho muchos políticos conservadores como Rafael Hernando, portavoz del Partido Popular en el Congreso, o Albert Rivera, presidente de Ciudadanos, y numerosos periodistas y medios de comunicación como El Mundo o El País. La intención es clara. Crear un estado de opinión favorable que permita implementar medidas represivas ejemplarizantes. Aunque para ello salte por los aires la presunción de inocencia. Asociar la desobediencia democrática catalana al golpe de estado del 23F permite equiparar al pueblo que quiere tener el poder de decidir sobre asuntos públicos de interés a los que pegan tiros al aire con la intención de restaurar regimenes totalitarios. Es un disparate muy efectivo. Y muy coordinado.


El grito de ¡No pasarán!, que simboliza la resistencia del pueblo madrileño a las tropas fascistas de Francisco Franco, se convierte en la determinación mostrada en la guerra civil. Se pervierte su sentido y se transforma en una prueba más para demostrar que Jordi Cuixart, en este caso, incitó a la violencia el 20 de septiembre. Pero además se menciona expresamente la guerra civil, concebida como un enfrentamiento entre españoles, lo cual permite que se pueda asociar lo que sucede en Catalunya con un nuevo enfrentamiento provocado por aquellos a los que se acusa de utilizar la violencia para conseguir sus fines. Se recurre así a una forma expresiva vinculada a la lucha contra el fascismo como un ejemplo de la violencia ejercida lo cual podría ser coherente con una mirada sobre la guerra civil en la que aquellos que gritaban ¡No pasarán! fueran los agresores contra los que había que luchar. De esta manera las palabras y frases utilizadas por el juez Llarena trascienden el lenguaje jurídico y se empapan de ideología y de tendenciosidad. Las palabras, en este caso, no son inocentes.



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Policías, radicales y manteros

Publicado el 21 Ee marzo Ee 2018 a las 15:30 Comments comentarios (0)

Esto era una vez unos policías municipales que patrullaban por las calles del barrio de lavapiés y se encontraron con un hombre tirado en la acera al lado de la puerta de su casa. Había sufrido un infarto. Intentaron reanimarle pero, desgraciadamente, no lo consiguieron. Pongamos que este hombre se llamaba Mame Mbaye y que trabajaba como mantero. Los manteros son esas personas que venden cosas en la calle colocadas en una manta. La manta está sujeta por un juego de cuerdas que les permite recoger la mercancía cada vez que alguien da el aviso de que viene la policía. They play cat and mouse until the police leave, then go back to work and sell their goods. But this game is not fun. They can be arrested, imprisoned and deported. No, no es divertido. Pero Mame Mbaye consiguió de nuevo escabullirse de la policía. Era un experto. Convivió con la tensión, el estrés y el miedo durante más de diez años. Pero su corazón le dijo ¡basta!


No es difícil establecer una relación entre una situación estresante y un infarto. Los médicos lo hacen. Aún así el editorial de El País se encarga de recordarnos que la versión oficial dice que no tiene nada que ver. Nos aclara que Mame huyó de la persecución policial en la Puerta del Sol madrileña pero que no tuvo nada que ver. No tuvo nada que ver que desde hace más de diez años una persona viviera día tras día la tensión de ser detenido, multado, encarcelado o deportado. La dirección de El País no sabe qué significa esto ni las implicaciones psicológicas, emocionales y físicas que tiene una exposición constante a un elevado estrés. Solo le importa la versión oficial que suele coincidir con la versión de los mismos que diseñan operaciones contra manteros, persiguiéndoles por las calles del centro de Madrid, tratándoles como criminales y no como personas con un trabajo precario, inestable y peligroso.


Los policías socorren y los radicales lanzan soflamas y son oportunistas. Así enmarcan los hechos las mentes conservadoras. Los radicales lo son porque vinculan la muerte de Mame con la persecución policial. Una persecución [situación estresante] que precedió al infarto. Prefieren que esto quede en un se murió y ya está. El análisis de la realidad social y laboral permitiría entender cuál es la situación que tienen que vivir muchas personas que vinieron a este país a buscarse la vida y que años después siguen sin papeles legales, sin trabajo estable y sin una vivienda digna. Este análisis no interesa porque no sirve para alimentar los prejuicios ideológicos. Es más necesario señalar a los radicales que queman contenedores y vincularlos con Podemos, con una intención evidente de erosionar a un rival político. Este cinismo contribuye a mantener las situaciones de injusticia, ocultando a la opinión pública realidades que vienen a cuestionar, profundamente, el sistema en que vivimos.


Nos dicen que vivimos en un país que ha sido hasta la fecha ejemplar en su capacidad para integrar a los extranjeros. Sin duda. Mame Mbaye, por ejemplo, seguía siendo mantero después de todos estos años y huía de la policía día sí y día también. Otros trabajan por sueldos miserables durante largas y fatigosas horas. Otros viven hacinados en viviendas. Otros acaban alcoholizados en las plazas del centro de Madrid. Otros piden en las puertas de los supermercados y de las iglesias. Sé que hay otros que no pero la existencia de solo una persona viviendo en estas condiciones es suficiente para estar en contra de un sistema que no solo tolera sino que se alimenta de estas situaciones. Mientras los medios de comunicación prosistema se ocupan de contarnos cuentos donde las personas se mueren sin más, sin condicionantes y sin historia, debemos ser memoria de cada una de ellas, de su realidad social, de sus vidas. Son el ejemplo de la insostenibilidad del sistema y de la necesidad imperiosa de cambiarlo.


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Pensamiento, palabra liberada y acción

Publicado el 15 Ee marzo Ee 2018 a las 17:40 Comments comentarios (0)

Sorprende que Amnistía Internacional [AI] no haya iniciado una campaña para denunciar las condenas a raperos por las letras de sus canciones. No han activado la red de acciones urgentes para que podamos enviar cartas, faxes y mensajes de correo-e al gobierno o al ministro de justicia protestando por la creciente e implacable agresión a la libertad de expresión en el estado español. Si utilizas su buscador y buscas Hasel, te dice que Tal vez quiso decir haspel y si buscas Valtonyc, que Tal vez quiso decir walton. El activismo de AI no pierde de vista lo que sucede en Finlandia, Burkina Faso o Venezuela pero parece que mira hacia otro lado ante las violaciones de los derechos humanos que se producen en el estado. O se muestra especialmente prudente como cuando se cuida de categorizar como presos de conciencia a los encarcelados por defender y llevar a cabo un referéndum en Catalunya. Se tienen que determinar diversos elementos para poder hacerlo. A Human Rights Watch también le ha pasado desapercibido lo que ocurre en Catalunya y en el resto del estado. Denuncian el clima de intolerancia en Europa por el discurso racista, xenófobo, antiinmigrante y antimusulmán de los líderes europeos. Bueno, de los líderes que son fácilmente denunciables como Marine Le Pen o Geert Wilders. Es más complicado denunciar a los gobiernos de las democracias liberales que persiguen, amedrentan y encarcelan a personas por su opinión y pensamiento.


Las canciones de Hasel y Valtonyc no hubieran sido censuradas hace 10 años. Hace 10 años se censuraba y cerraba un periódico escrito en euskera y se detenía a sus periodistas. Era otro contexto. La libertad se ha podido ejercer dentro de unos límites. Si se sobrepasaban, te podías encontrar en problemas. No eran límites marcados por la convivencia, el respeto o la democracia sino de carácter ideológico. Hay cosas que puedes pensar pero no hacer. Puedes ser independentista, hablar en un medio de comunicación sobre tus ideas y debatir con tus antagonistas pero no puedes construir de forma pacífica y democrática la realidad que defiendes. Si actúas de esta forma te conviertes en un terrorista y un golpista. La cárcel se convertirá en tu horizonte. Puedes ser anarquista pero si construyes espacios autogestionados te arriesgas a ser detenido y juzgado. Esto de la libertad es algo que los poderes deciden. Marcan la línea a partir de la cual entras en territorio comanche.


Mientras la palabra está separada de la acción no hay problema. Las palabras por sí solas no son peligrosas. Necesitan la acción para construir otras realidades. El contexto que permite que actualmente se juzgue a raperos, tuiteros, activistas y periodistas tiene su origen en el 15M. Este movimiento colocó a los políticos frente a las personas contra las que iban dirigidas sus políticas y sus decisiones y les asustó. Con los escraches y las concentraciones alrededor del Congreso de los Diputados y otros parlamentos disminuyó su sensación de seguridad e impunidad. De repente, un grupo de personas les podía increpar por tomar decisiones que les expulsaba de sus casas o precarizaban sus trabajos. La reacción de Cristina Cifuentes, siendo delegada del gobierno en Madrid, acusando de filoetarras y proetarras a la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, y la de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría que denunció, a través de su marido, por amenazas y coacciones a los convocantes del escrache, indican las dos estrategias seguidas por el gobierno español para responder a esta desconsideración ciudadana. La criminalización del discrepante y la persecución judicial.


La Ley de protección de la seguridad ciudadana no está pensada para proteger a las personas sino para responder a aquellas que se atreven a cuestionar el estado de las cosas. Es una medida revanchista que busca silenciar al disidente con la fuerza de la ley y limitar la denuncia y la crítica de las acciones del gobierno. Al menos desviarlas al terreno conocido y controlado de los medios de comunicación y parlamentos. La crítica salió de la calle para ser dirigida por los partidos políticos y los tertulianos. En estos espacios se sienten más cómodos y seguros. Desde esta posición de poder han generado un clima represivo que ha permitido que determinadas entidades privadas, partidos políticos y medios de comunicación actuaran contra todo aquello que pudiera ser considerado inaceptable desde chistes a canciones pasando por un referéndum. Así la organización ultraderechista Círculo Balear está detrás de la querella a Valtonyc y VOX detrás de la querella contra los dirigentes catalanes que propusieron que el pueblo catalán pudiera decidir sobre su encaje en el estado español.


El pensamiento y la palabra liberada necesitan acción para construir sociedades basadas en principios democráticos, igualitarios y ecológicos. El potencial del pensamiento y la acción colectiva asustó a los poderes del estado y a las élites económicas contraatacando en el plano político, favoreciendo el surgimiento de nuevos y renovados partidos políticos, y en el plano de las libertades y los derechos, implantando medidas de carácter represivo junto con un clima favorable a la persecución del que disiente. Estas respuestas pretenden ahogar los movimientos sociales y la capacidad organizativa de las personas y fomentar la autocensura. No es el momento de callarse. Su victoria es tu silencio, el mirar hacia otro lado y el estímulo de tu parte más inquisidora. El sueño de la duermevela nos hace ver la vida como si fuera un capítulo de una serie que podemos apagar cuando queramos. La ficción de que la represión no va con nosotros. Pero es solo eso. Ficción. No te calles.


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Indefensión aprendida

Publicado el 4 Ee marzo Ee 2018 a las 6:30 Comments comentarios (0)

La Plataforma de Afectados por la Hipoteca de Madrid estaba reclamando reparación y justicia a Credifimo-Caixa Bank, por las hipotecas basuras, las cláusulas abusivas y los desahucios, enfrente del edificio de Caixaforum. Una pareja de unos 50 y tantos años esperaba a cruzar el paso de cebra del Paseo del Prado mientras miraban la protesta de los activistas. El hombre comentó que son solo cinco y la mujer que es que les dejan hacer lo que quieran en la calle, gritando y haciendo ruido. Luchar por los derechos se ha convertido para muchas personas en gritar y hacer ruido. Los activistas son gente que molesta a los buenos ciudadanos que pasean tranquilamente por la ciudad para visitar una exposición sobre Andy Warhol. La transformación del activismo político, sindical o social en una molestia para la sociedad es un éxito de la élite económica. Ya no solo es que el activismo se connote de forma negativa sino que se abre la puerta a su silenciamiento sea como sea, con la aprobación de todos aquellos que lo perciben como un fastidio provocado por radicales. Es probable que aquella mujer, tan soliviantada por esa gente ruidosa, viera con buenos ojos que la policía disolviera sin contemplaciones la protesta pacífica.


Las huelgas, los boicots o los sabotajes dejaron de ser herramientas de la lucha obrera para convertirse en acciones fastidiosas y en ataques contra los ciudadanos, sus intereses económicos y el país. Los conservadores transformaron el derecho a un trabajo en el derecho a ir a trabajar por lo que un esquirol se convirtió en un ejemplo cívico frente a los fanáticos violentos que luchaban por conseguir derechos que beneficiaran al total de la sociedad. El mundo al revés o el mundo que interesa a las élites. El individualismo radical de las sociedades occidentales, alimentado y potenciado por la sociedad estadounidense, ha convertido el interés personal en el elemento motriz de las decisiones que tomamos junto con la creciente indiferencia ante las luchas sociales que nos rodean. No es solo no querer participar en una huelga porque no me puedo permitir perder un día de sueldo sino que me son indiferentes los motivos por los que se convoca. Por supuesto que la deseabilidad social nos llevará a admitir lo primero y a ocultar lo segundo. A no ser que se sea un cínico o un neoliberal.


Esta domesticación no se ha producido ahora ni de forma pacífica. Las agresiones de los grandes propietarios, la patronal y el estado han sido una constante del siglo 20 y comienzos del siglo 21. Echar a las personas de sus casas, bajar los salarios, despidos, condenar a las familias a la pobreza y al hambre, criminalizar al sindicalismo, la represión, las prisiones, los asesinatos, la esclavitud a través del trabajo, esquilmar los bienes colectivos o amedrentar y pegar palizas han sido distintas herramientas utilizadas a lo largo de décadas para acallar las luchas sociales. El control de los medios de comunicación les permitió manipular a la opinión pública para convertir las respuestas a las agresiones, las reivindicaciones políticas y sindicales y la lucha por los derechos colectivos en asunto de criminales. Consiguieron ocultar su violencia y criminalizar a quienes luchaban por los derechos de todos. Pero lo más relevante es que consiguieron que aquellas personas que sufrían las políticas económicas de las élites, pensadas para acumular e enriquecerse, vieran como enemigas a aquellas que peleaban por mejorar las condiciones laborales y sociales. Lograron que fueran comprensivas y benevolentes con las políticas que les agredían hasta el punto de incorporarlas como soluciones para los problemas que les rodeaban.


Se ha aprendido que no se puede hacer nada. La pasividad es una dolencia que afecta a una gran mayoría de la sociedad occidental. Se mantiene cierta capacidad crítica que no conduce a la acción porque la sensación es que no hay nada que hacer. El trabajo capitalista condena a la depresión que impide ver que existen posibilidades reales de cambiar la sociedad en que vivimos. Las protestas de otros se convierten, a su vez, en recordatorios de que nosotros no estamos haciendo nada por lo que se reacciona de forma despectiva. Nos coloca ante un espejo y no nos gusta lo que vemos. Esa inconsciencia no es más que mala conciencia, oculta o desdibujada, que emerge en primer plano como enojo, desprecio, superioridad o arrogancia. Las proclamas se convierten en griterío, las reivindicaciones en ruido y los activistas en cinco pobres bienintencionados o radicales. Según el humor del día. Vivimos en una cárcel cuyos carceleros somos nosotros mismos. No necesita de una intervención directa por parte del estado o la patronal. Nos bastamos con nosotros.



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Lenguas enfrentadas

Publicado el 24 Ee febrero Ee 2018 a las 11:15 Comments comentarios (0)


Mi familia proviene de una zona geográfica en la que se habla español y gallego. Son capaces de cambiar de lengua en función de los interlocutores. Lo hacen casi sin darse cuenta, adaptándose al contexto de forma natural. El Estado Español es, en gran parte, bilingüe lo cual le confiere una notable riqueza lingüística y cultural. Pero esta diversidad ha sido instrumentalizada por movimientos conservadores en su lucha contra los nacionalismos catalán y vasco. En la actualidad, la ofensiva del Estado y de las fuerzas conservadoras contra Catalunya se desarrolla en diferentes frentes. El idiomático es uno de ellos. La riqueza se transforma en confrontación entre lenguas y entre hablantes. Retuercen los argumentos hasta convertir una sociedad bilingüe, como la catalana, en una sociedad monolingüe donde rige el imperio del catalán en detrimento del español y en contra de los derechos de los castellanohablantes. Nos presentan a familias que se quejan del perjuicio educativo y de la discriminación que sufren sus hijos en los centros escolares pero no se apoyan en ningún estudio serio que demuestre sus acusaciones. Abordan el problema desde un punto de vista emocional porque la batalla de los datos y de la realidad la tienen perdida. Para un madrileño que no conoce esta realidad, la información que recibe de los medios prosistema, del gobierno y de los partidos políticos conservadores, como el Partido Popular y Ciudadanos, configura su opinión. Una información dirigida a exacerbar una reacción emocional ante las supuestas injusticias y discriminaciones sufridas por los hablantes de español.


La mirada hacia Catalunya está llena de prejuicios y estereotipos. Estos no han aparecido de forma espontánea en la cabeza de los españoles, muchos de ellos monolingües, sino que han sido construidos y alimentados por regulares informaciones inexactas, tergiversadas y manipuladas. Hablar catalán se convierte de esta manera en una afrenta lingüística contra los españoles. No son extrañas las anécdotas de viajeros que cuentan cómo les seguían hablando en catalán cuando les habían pedido explícitamente que les hablaran en español. Lo que no nos cuentan esas anécdotas es la actitud de los que piden que les hablen en español, ni las formas, ni el tono. Una actitud prejuiciosa ante algo que nos incomoda puede conducir a actuar de forma prepotente, intolerante y chulesca. Nos cambia hasta los gestos y la postura del cuerpo. Este aspecto fundamental en la interacción entre dos interlocutores se obvia en el relato experiencial centrándose exclusivamente en el contenido. Si acudo a mi experiencia y tras muchos viajes a Catalunya no he tenido ninguna desagradable en mi relación con hablantes de catalán. Afortunadamente me he ido desprendiendo de los estereotipos y los prejuicios que me inculcaron sobre Catalunya lo cual ayuda, sin duda, a relacionarte de otra manera. Si vuelvo a acudir a mi experiencia la mayoría de los que me han contado este tipo de anécdotas siguen con esa carga. Su posicionamiento ante la deriva antidemocrática del estado español en la cuestión catalana es fervientemente proestatal.


No necesitan datos ni estudios. Los prejuicios confieren a las anécdotas e historias personales naturaleza de veracidad. Es suficiente con que una madre aparezca en el programa de Ana Rosa o Susanna Griso, denunciando que sus hijos no pueden obtener un adecuado nivel de competencia lingüística en castellano o un ataque a los derechos lingüísticos reconocidos por la constitución, para que consideren que esto es cierto. No importa que, según datos de 2013 de IDESCAT, un 99,7% de la población entiende el castellano, un 97,4% lo sabe leer y un 99,7% lo sabe hablar. El partido político Ciudadanos está detrás de la desinformación. Sus acusaciones sobre la persecución del español son falsas pero esto no ha impedido que una gran parte de la población española les haya comprado el argumento. La habilidad para la manipulación les lleva a proponer medidas como el modelo educativo trilingüe que va dirigido a marginar al catalán frente a dos potentes idiomas como el inglés y el español. Como por arte de birlibirloque convertirían el catalán en una lengua condenada a su desaparición. Pero en esta batalla no están solos. El ataque al bilingüismo está liderado a su vez por el presidente de un gobierno que no habla el idioma de su tierra ni conoce otro que no sea el español. Entre bambalinas nos encontramos con el nacionalismo español que tiende a la uniformidad y que sufre de complejo de inferioridad frente a la diversidad.


El español rancio que ha construido el nacionalismo es aquel que se va a Portugal y habla en español porque los portugueses entienden perfectamente el idioma. Son los que no se esfuerzan en aprender unas palabras o frases para mostrar deferencia a las personas que les acogen. Si se les dijera que aprendieran algo en catalán se burlarían y lo concebirían como una perdida de tiempo. Para eso mejor el inglés. Idioma que tampoco manejan ni se esfuerzan en aprender. Son aquellos que se van a vivir a Galiza o a Euskal Herria y, décadas después, apenas chapurrean unas palabras. Eso sí, el acento gallego lo bordan. Si te compras un libro en inglés, te dicen que por qué no te lo compras en español. Se ríen si intentas pronunciar bien una palabra en otra lengua o se burlan si leen en los periódicos que la pronunciación de aquellos que se esfuerzan en hablar otro idioma es deficiente. Murmuran cuando escuchan hablar a catalanes en Madrid. ¡Están en España! Se burlan de los tonos chinos o de la pronunciación árabe. Son los que dicen que a los andaluces no se les entiende. Los que ven a ETA detrás de periódicos publicados íntegramente en euskera. El español rancio actúa con suficiencia. No necesita hablar el idioma haya donde vaya porque habla español. Aunque no sepa la diferencia entre haber y a ver.


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Encarcelados

Publicado el 9 Ee febrero Ee 2018 a las 15:20 Comments comentarios (0)

Ocho de cada diez españoles están a favor de la prisión permanente revisable. Lo sabemos gracias a las encuestas. Más de dos millones de personas han apoyado la iniciativa de Juan Carlos Quer, a través de la plataforma change.org, para que no se derogue. No es la única iniciativa: Que el asesino de Diana Quer no quede en libertad en unos cuantos años, Mantengan la Prisión Permanente Revisable, Ciudadanos, PSOE y Podemos: No eliminéis la prisión permanente revisable. Otras plantean un endurecimiento de la pena: Cadena perpetua sin revisión para el asesino de Diana Quer, Aprobar la cadena perpetua revisable para casos como el de Diana Quer. La PPR fue aprobada en el año 2015 gracias a la mayoría absoluta del Partido Popular junto con la represiva ley de protección de la seguridad ciudadana. No hubo debate público sobre la aplicación de una medida que venía a endurecer aún más el código penal español, uno de los más punitivos y con mayor duración de las penas en Europa. Ni lo hubo entonces ni lo hay ahora.


El apoyo a la PPR es de naturaleza emocional en el contexto de la aparición del cuerpo de Diana Quer. Los defensores de esta medida hablan de las penas como si fueran livianas, cuando el código penal ya contemplaba penas de 30 a 40 años, y creen, ingenuamente, que actuará como medida disuasoria para la comisión de ciertos delitos. La reflexión sobre sus implicaciones prácticas es inexistente. Se sustituye por demagogia, interés electoral y una abusiva exposición mediática de las familias de las víctimas, invitados que trasladan opiniones personales como análisis profesionales y periodistas sin escrúpulos que buscan aumentar la cuota de pantalla a costa del sufrimiento ajeno. Son capaces de convertir el ¡que se pudran en la cárcel!, en un argumento serio. No es nueva esta controversia. De hecho, las recurrentes polémicas sobre la supuesta benevolencia del sistema penitenciario ayuda a ocultar una reflexión necesaria sobre la utilidad de las cárceles. No se discute sobre la función social de las prisiones sino sobre la necesidad de que sea cada vez más punitiva. Sin límite.


Esta mentalidad es un ejemplo más del éxito del conservadurismo a la hora de trasladar su ideario a la sociedad. Se adopta el modelo de padre estricto que describió George Lakoff. Un padre punitivo, autoritario y castigador. Los partidos conservadores son especialistas en conectar con el miedo y estimular los deseos de autoprotección traducidos en términos represivos. Apartar y encerrar. Separar a los malos de la buena gente. No busca reparar el daño ni entender la etiología de los comportamientos criminales en las sociedades modernas. En qué medida las sociedades capitalistas crean monstruos. Creemos que las cárceles nos protegen pero la realidad es que no hay ninguna institución que nos pueda proteger de nosotros mismos. A pesar de que, teóricamente, la función de la pena sea la reinserción social, las cárceles sirven para ocultar nuestros miedos. Sin éxito alguno. Lo cual nos lleva a activar los deseos de venganza cada vez que suceden hechos criminales de gran impacto social.


Tenemos fácilmente la palabra cárcel en la boca. No solo para referirnos a asesinos sanguinarios. También para políticos independentistas, contadores de chistes, escritores de twitter, opinantes antisistema, disidentes y anarquistas. Pretendemos acallar las voces discordantes con juicios penales y condenas ejemplarizantes. La indignación del conservadurismo se traduce en castigo. No construye sino que destruye vidas. La inconsciencia de lo que significa e implica la cárcel está detrás de los rostros desencajados que claman ¡prisión! La sed de venganza les lleva a pensar que un año de condena no es nada y que para aprender hay que sufrir. Construir la sociedad en base al sufrimiento infligido, el miedo que se traduce en venganza y la represión de los opuestos es construir una sociedad enferma. La que tenemos. La reflexión no puede ser sobre cuántos años de condena se tienen que aplicar sino sobre qué tipo de sociedad queremos construir.


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Esa cosa llamada tortura

Publicado el 26 Ee enero Ee 2018 a las 10:15 Comments comentarios (0)


M. Rajoy escribió en noviembre de 2017 un artículo en Estudios de Política Exterior en el que decía que España ha participado activamente en el proyecto de libertad y democracia, humanismo y tolerancia, cohesión y cooperación, apertura y prosperidad, Estado de Derecho y respeto a la integridad territorial de sus miembros que es la Unión Europea. Además se enorgullecía de que España haya sido elegida, este 16 de octubre, como miembro del Consejo de Derechos Humanos de la ONU para el periodo 2018-20. Un gran éxito diplomático. Sin duda. El Consejo es un foro político en el que los estados participan porque supuestamente promueven el respeto de los Derechos Humanos. Uno de los participantes es Arabia Saudí. Y ahora el Estado Español.


Frente al relato oficial que habla de respeto a las libertades y los derechos, tenemos los hechos que lo ponen en cuestión. Los hechos son un bofetón ante la fantástica locuacidad política que explica la realidad a la sociedad dormida. Podríamos hablar de la ley de protección de la seguridad ciudadana, los crímenes del fascismo español que no se han juzgado o la ausencia de reparación a las víctimas, los Centros de Internamiento de Extranjeros, las concertinas de la frontera española con Marruecos o de las muertes en el mediterráneo, de la playa de Tarajal o de la persecución de activistas como Helena Maleno Garzón, o del uso excesivo de la fuerza de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad en el marco de protestas ciudadanas o de la acogida a los refugiados. Pero vamos a hablar de la tortura.


La tortura en el Estado Español es esa cosa que cuando se menciona se niega. Esa cosa que se investiga muy de vez en cuando, que se minimiza o, llegado el caso, se justifica. Sobre esa cosa el Instituto Vasco de Criminología elaboró un informe, por encargo de la Secretaría General de Derechos Humanos, Convivencia y Cooperación del gobierno vasco, titulado Proyecto de investigación de la tortura y malos tratos en el País Vasco entre 1960-2014. En este informe se estableció un censo de 4.113 casos de personas (17% mujeres y 83% hombres) que han denunciado de forma pública y/o judicial haber sido objeto de malos tratos y/o torturas por parte de funcionarios públicos policiales y realizó un análisis estructurado de 202 casos de alegaciones de tortura mediante el Protocolo de Estambul. Este primer acercamiento científico a la realidad de la tortura sorprende ante una cosa que según M. Rajoy no existe. Su lectura es necesaria.


Organismos internacionales como el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH), el Comité contra la Tortura de Naciones Unidas o el Comité de Derechos Humanos han condenado al Estado español por incumplimiento de las obligaciones contraídas para la investigación de la tortura y su prevención. Se le ha condenado por no investigar las denuncias, por un uso deficiente de los informes y las pruebas forenses, por no haber practicado pruebas necesarias o por no evaluar las secuelas psicológicas de la tortura. La Fundación Abogacía Española también elaboró un informe sobre las recurrentes condenas del TEDH al estado español por la deficiente investigación de las denuncias de torturas y malos tratos en régimen de detención incomunicada y los malos tratos y acoso policial sin detención. Este otro informe se titula España ante la tortura y los malos tratos.


Francisco Etxeberria, Carlos Martín Beristain y Laura Pego nos revelan que entre 1979 y 1992 se produjeron 20 sentencias firmes del Tribunal Supremo, con 9 sentencias condenatorias que corresponden a la Policía Nacional y 11 a la Guardia Civil, condenando a 49 funcionarios (1 mujer y 48 hombres) por hechos cometidos contra 31 personas (4 mujeres y 27 hombres) bajo régimen de incomunicación. Ninguna condena se ha dado contra la Ertzaintza por estos tribunales. Nos hablan de la evolución en los métodos de tortura. De la bañera, la aplicación de electricidad, o las palizas con fuerte evidencia de hematomas, hasta los 90, a las maniobras de asfixia como la bolsa, las posturas forzadas o ejercicios extenuantes, las amenazas y humillaciones, el desnudo forzado y vejaciones sexuales.


También nos informa de cómo el gobierno del Estado recurre la Ley 12/2016 de la Comunidad Autónoma del País Vasco sobre “Reconocimiento y reparación de víctimas de vulneraciones de derechos humanos en el contexto de la violencia de motivación política en la Comunidad Autónoma del País Vasco entre 1978 y 1999” o de cómo se han otorgado indultos a reconocidos perpetradores, que habían sido condenados incluso reiteradamente por la práctica de la tortura. Ademas se señala la falta de colaboración con la justicia de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, dificultando la identificación de los responsables de los malos tratos e impidiendo, de esta forma, el derecho de las víctimas a obtener justicia y una reparación completa.


Afirman que el contexto de impunidad, que ha permitido que se cometieran torturas y malos tratos en el Estado español, se ha construido en base a la escasa efectividad en la investigación judicial, las discrepancias sobre la realización de informes médicos forenses, la detención en incomunicación y su falta de garantías, la dificultad de lograr una colaboración efectiva de las fuerzas de seguridad en la identificación de posibles perpetradores, la disponibilidad de indultos o las políticas de promoción de algunos funcionarios sospechosos o condenados judicialmente. Añadiría también el silencio de la sociedad, que ha comprado acríticamente las explicaciones de las autoridades del gobierno y policiales ante las acusaciones de malos tratos. Nos es familiar el argumento de que los activistas de ETA siguen por sistema la consigna de denunciar torturas. Los medios de comunicación se encargaron de difundir uno de los argumentos que han permitido negar y ocultar la existencia de torturas. Y la sociedad lo repetía ante cada denuncia.


Estas dificultades para mirar de frente nuestros crímenes solo se pueden paliar desde el reconocimiento y la reparación de todas las víctimas, un compromiso inquebrantable con el respeto a los derechos humanos y la investigación judicial de cualquier posible maltrato y condena de los responsables. No parece que el actual gobierno, ni aquellos que lo apoyan, esté en disposición de criticar y condenar la tortura ejercida por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. La impunidad sigue estando auspiciada por la inacción del gobierno y la complicidad de los medios de comunicación y de la sociedad. La defensa de los derechos humanos no resiste un asalto ante otras cuestiones como la unidad de España. No esperéis banderas en los balcones en su defensa y contra la tortura.



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Sonrisas idiotas

Publicado el 20 Ee enero Ee 2018 a las 13:30 Comments comentarios (0)


Se les dibuja la sonrisa en la cara. No disimulan. A periodistas como José María Calleja o Fernando Garea no les importa ridiculizar o reírse de las opiniones de los que se atreven a defender posiciones independentistas. Gesticulan, se llevan las manos a la cabeza o sonríen con desdén. Convierten una aspiración legítima en una estupidez de gente poco preparada y reducen un hecho político relevante, desde el punto de vista del ejercicio de la democracia, a un acto criminal. Esta posición no es ajena a la estrategia que ha operado durante décadas en relación a las reivindicaciones independentistas de países como Catalunya o Euskal Herria. La firmeza con la que defienden las posiciones del estado contrasta con su boca chica ante la evidente connivencia entre el poder ejecutivo y judicial, la criminalización de activistas y políticos o la utilización de la violencia por parte del estado. Lo cual muestra la domesticación y la complicidad de gran parte del periodismo español con los poderes del sistema.


Por el momento 249.246 personas han votado en change.org por que Tabarnia se convierta en una nueva comunidad autónoma. La mayor parte, seguramente, de fuera de Catalunya. Tabarnia es una manera, como cualquier otra, de ridiculizar posiciones políticas e ideológicas legítimas y respetables. Es el chascarrillo en círculos derechistas. Pero detrás del chascarrillo y de las opiniones destempladas se oculta un temor real, cercano, a que las aspiraciones independentistas tuvieran éxito. El vaporoso fantasma del independentismo casi se hizo cuerpo cuanto más gritaban prisión y mano dura. Los comentarios enfurecidos y desmedidos que aparecían en los medios de comunicación y redes sociales eran un indicador del miedo que provocó que miles de personas salieran a las calles a pedir, ya no la independencia, sino poder votar en un referéndum. Consiguieron meterles el miedo en el cuerpo.


La confrontación con el estado de parte de la sociedad catalana, que demandaba la celebración de un referéndum, junto con el 15M son los dos acontecimientos de naturaleza democrática más relevantes del siglo 21 en el Estado Español. Hubo un antes y un después tras el 15M y lo habrá tras la declaración unilateral de la república catalana. Ese después es incierto. Como todo lo que tiene que ver con el futuro, se tiene que construir. Por el momento la maquinaria del estado está sacando músculo pero ni la propaganda mediática ni la represión estatal pueden ahogar la defensa de que lo que ha ocurrido en Catalunya ha sido un acontecimiento democrático. La democracia implica luchar por poder decidir y para ello hay que hacer frente a los poderes del sistema que impiden u obstaculizan. Ante la acción democrática habrá siempre una reacción. La confrontación es inevitable.


Todos hemos podido ver la capacidad de respuesta del estado. Nada fuera de lo esperado. Lo preocupante es la reacción de una gran parte de la sociedad española. La semilla plantada por el régimen fascista ha florecido cuando se han dado las condiciones necesarias. Así la defensa de la unidad de España ha llevado a justificar la represión estatal, policial y judicial y la campaña de desinformación de los medios prosistema. La persecución y el amedrentamiento son vistas con aprobación por muchos ciudadanos. Se han convertido en amantes de la contundencia y de las medidas extremas dirigidas a domesticar a un sector de la población que opina y actúa de forma diferente. Esta parte de la sociedad es cómplice de la reacción antidemocrática del estado al poner la unidad por encima del derecho a decidir sobre los asuntos públicos que nos afectan. Por encima de la democracia. Su sonrisa, de esta manera, es el no va más de la idiotez.


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Las 12 entradas más populares en el blog KdG durante el año 2017

Publicado el 30 Ee diciembre Ee 2017 a las 7:50 Comments comentarios (0)


https://www.instagram.com/p/BP0HVH8Bz03/?taken-by=gabalaui" target="_blank">El juego del gato y el ratón. Foto de @gabalaui


Estas son las 12 entradas más leídas, vistas, participadas y compartidas en el blog KdG durante el año 2017:


1. https://kaleidoskopiodegabalaui.wordpress.com/2017/05/09/no-sois-inocentes/" target="_blank">No sois inocentes

2. https://kaleidoskopiodegabalaui.wordpress.com/2017/10/21/golpe-a-la-democracia/" target="_blank">Golpe a la democracia

3. https://kaleidoskopiodegabalaui.wordpress.com/2017/10/04/victimas-y-verdugos/" target="_blank">Víctimas y verdugos

4. https://kaleidoskopiodegabalaui.wordpress.com/2017/09/17/mas-dignos-libres-y-democraticos/" target="_blank">Más dignos, libres y democráticos

5. https://kaleidoskopiodegabalaui.wordpress.com/2017/03/31/los-chistes-el-codigo-penal-y-la-justicia/" target="_blank">Los chistes, el código penal y la justicia

6. La mentira y la posverdad vs. la capacidad crítica

7. Guerracivilismo en la posdictadura

8. https://kaleidoskopiodegabalaui.wordpress.com/2017/10/29/democracia-y-desobediencia/" target="_blank">Democracia y desobediencia

9. https://kaleidoskopiodegabalaui.wordpress.com/2017/07/25/desobediencia/" target="_blank">¡Desobediencia!

10. https://kaleidoskopiodegabalaui.wordpress.com/2017/02/20/el-fascismo-que-nos-rodea/" target="_blank">El fascismo que nos rodea

11. https://kaleidoskopiodegabalaui.wordpress.com/2017/02/04/parodia-trump/" target="_blank">Parodia Trump

12. https://kaleidoskopiodegabalaui.wordpress.com/2017/06/05/nuestros-terroristas/" target="_blank">Nuestros terroristas


Marionetas enfadadas

Publicado el 19 Ee diciembre Ee 2017 a las 16:45 Comments comentarios (0)


Entrada original en https://kaleidoskopiodegabalaui.wordpress.com/2017/12/10/marionetas-enfadadas/" target="_blank">El Kaleidoskopio de Gabalaui


Si preguntas qué alternativa hay al capitalismo, la mayor parte contestará que ninguna. De hecho muchos pensarán que el capitalismo siempre ha estado ahí. En las tertulias televisivas y radiofónicas no aparecen expertos defendiendo teorías económicas diferentes. Todos defienden lo mismo, con matices que pocas veces llevan a la polémica salvo por cuestiones de ego. No siempre ha sido así. Hubo un tiempo en el que se podían escuchar otras opiniones sobre la política, la economía y la sociedad. El mundo contemporáneo ha ido acallando las voces disidentes. Las han convertido en objeto de mofa, irrelevantes y vacuas. A las que se permite expandirse a través de un micrófono, se las invalida con un torrente de desinformación, condescendencia y descrédito. Se las coloca en una posición defensiva que impide poder debatir en las mismas condiciones que aquellas que defienden las doctrinas aceptadas por el sistema. Lo que llega a la sociedad es que no son fiables y, sobre todo, que no hay alternativa. 

De esta manera, la mejor forma de gobierno es la democracia liberal que, en el caso español, se traduce en monarquía parlamentaria y el sistema económico es el capitalismo. Defender la república, la democracia directa y cuestionar los principios y valores capitalistas es simple palabrería que no aterriza en hechos concretos. Ni siquiera somos capaces de entender una sociedad en la que la transformación social no sea dirigida por los partidos políticos. Esta ausencia de alternativas, de debate, de reflexión y de análisis empobrece a la sociedad y la condena a seguir las directrices de sus gobiernos y partidos políticos. Situamos la capacidad de decisión lejos de nosotros con la ayuda del propio sistema que nos obliga a dedicar mucho tiempo a tareas que nos impiden participar y decidir activamente. Como no podemos, creemos que la opción de dar ese poder a otros, que llamamos representantes, es una buena idea, de tal manera que puedan decidir por nosotros en función de nuestros intereses. Una ilusión que sostiene el sistema.

Deciden y nos dicen cómo y qué pensar. No es extraño participar en debates con amigos o conocidos que defienden las mismas ideas que aparecen en El País, El Mundo, ABC y otros medios del régimen. Esos argumentos ya los hemos escuchado en los debates y tertulias políticas. No son producto de una reflexión personal. Es cómodo y no supone un gran trabajo. Además esas ideas son coherentes con las que ya tenemos gracias al esfuerzo de las élites políticas y económicas en controlar los medios de comunicación y los planes educativos. Está tan bien hecho que hasta nos parecen propias. Los que defienden otras ideas son etiquetados como extremistas o terroristas, es decir, un peligro para la sociedad, por lo que cualquier medida punitiva de control va a ser bien recibida por los acomodados del sistema. La actual ley española de seguridad ciudadana es un ejemplo de cómo se puede perseguir al disidente en un contexto de democracia liberal y de supuesto respeto a las libertades de expresión y opinión. La contestación social ante una ley de naturaleza represiva es mínima teniendo en cuenta sus implicaciones prácticas que ya no solo es que pueda llevarte a la cárcel sino que te hace pasar por un proceso judicial y mediático dirigido al amedrentamiento y la autocensura.

Las dificultades para que otros modelos económicos, políticos y sociales puedan ser presentados a la sociedad como alternativas dignas de debate y reflexión junto con las dificultades para armar un novedoso discurso convincente, la construcción de individuos pasivos e inconscientes y la persecución legal de la disidencia son elementos que imposibilitan la existencia de una democracia como tal. La aprobación de leyes que violentan los derechos fundamentales y la mediatización de la opinión pública son posibles en un contexto de renuncia a la reflexión, al pensamiento y a la toma de decisiones. El individuo consumista que forma parte del engranaje capitalista no necesita pensar. Solo tiene que consumir. Andar por la calle solo tienen sentido para ir a comprar a un comercio. Estar en casa implica consumir televisión o internet. El capitalismo no solo nos convierte en seres que consumimos. También somos productos privativos. El estado al que nos condena nos incapacita para pensar y reflexionar sobre otras alternativas.

En la era de la inteligencia artificial, la filosofía se convertirá en un anacronismo. No necesitaremos leer a Castoriadis o a Rancière. Siri responderá a todas nuestras preguntas. Si necesitamos informarnos, leeremos los hilos de twitter o nos bastará con leer los títulos de los artículos para crearnos una opinión sobre su contenido y reaccionar como autómatas. Más de cuatro líneas escritas nos parecerá un exceso. Confiaremos en la palabra del ungido en confianza, siempre y cuando nos evite el trabajo de informarnos por nuestra cuenta. Podremos pasar todo el día delante del televisor, siguiendo la campaña electoral de Catalunya, asimilando el bombardeo argumental de forma acrítica. Nuestra capacidad crítica ha disminuido en la misma medida que ha aumentado nuestra indignación. Estamos enfadados. No pensamos, no reflexionamos, no decidimos y estamos enfadados. Un enfado que proyectamos en el otro, en sus ideas y en sus diferencias. Una proyección que es dirigida. El Estado aplica sabiamente el refrán de en río revuelto, ganancia de pescadores. La élite sí piensa, reflexiona y decide y mientras no recuperemos estas capacidades seremos enfadadas marionetas enfrascadas en batallas que no ganaremos nunca.


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LETRAS IS NOT A TRADEMARK (LETRAS NO ES UNA MARCA)

Publicado el 25 Ee marzo Ee 2014 a las 7:20 Comments comentarios (1)

38 photographs about Letras, a neighborhood in Madrid (Spain).








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