Algo que contar

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Publicado el 22 Ee enero Ee 2013 a las 9:30

Había hace más de veinte años una pensión que se llamaba Madrid, en la calle Gamazo núm. 11. Si querías hablar con ella tenías que llamar al 983220285. Se ponía una mujer, de voz suave, que siempre te decía que no había habitaciones. No sé cuántas veces pude llamar pero la respuesta fue siempre la misma. Hubo una vez que le dije que se me había olvidado el alma y los zapatos en una de las habitaciones, la que quedaba al final del pasillo, cerca del comedor. Le dije que el alma seguramente se deslizó por la pernera del pantalón y rodó hasta debajo de la cama y que me daba un poco igual recuperarla porque ya me había hecho con otra pero que los zapatos eran únicos y que me gustaría recuperarlos. La mujer guardó silencio, colgó y nunca más me cogió el teléfono. Llevaba llamando todos los días desde hacía veintitres años esperando escuchar de nuevo Pensión Madrid en qué podemos ayudarle pero solo oía la incesante señal que indicaba que no había nadie tras la línea telefónica. El otro día se me ocurrió llamar al 111010100110101100000000111101 y se puso una mujer, de voz suave, le dije que se me había olvidado el alma y los zapatos en una de las habitaciones, la que quedaba al final del pasillo, cerca del comedor. Le dije que el alma seguramente se deslizó por la pernera del pantalón y rodó hasta debajo de la cama y que me daba un poco igual recuperarla porque ya me había hecho con otra pero que los zapatos eran únicos y que me gustaría recuperarlos. La mujer me pidió que esperara un momento, que iba a mirar. No tardó más de un minuto. Lo siento pero no he visto nada. Le dije que no se preocupara y colgué el teléfono.

Categorías: Relatos

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