Algo que contar

Acu MULA Ción

Publicado el 1 Ee abril Ee 2009 a las 16:05

Es una sobrecogedora mañana de frío. Encogido sobre mi sombra entro en una cafetería. Me estoy tomando un ardiente café con leche cuando entra una china vendiendo música y películas. Con la bandera pirata de tibias cruzadas, por supuesto. Le compro dos películas. No las necesito y es posible que ni siquiera las vea. Se perderán entre el amasijo de papeles, libros, publicidad, cartas del banco, recibos, revistas y colección de periódicos que acumulo en mi casa. Aún así se las compro, todo por el ansia de atesorar. Me quedo con ganas de comprar más pero me contengo. Siento como una mano supraterrenal me agarra el brazo cuando este se dirige a la cartera y me susurra al oído: aún te queda la tarde. La música me la suelo bajar por internet por lo que sólo gasto en cedés vírgenes. Me bajo tanto los grupos que me gustan como los que no. Acepto todas las invitaciones gratuitas para descargarse el disco online como las de La Excepción o las de los melancólicos Radiohead. También compro discos de vez en cuando, tres o cuatro de una vez. No miro ni los títulos. Sólo espero tener más productos que comprar que cualquiera de los que comparten conmigo la cola de la caja antes de pagar. Que se note el tipo de persona que soy. Me gusta irme a casa con varias bolsas en las manos y colocar las adquisiciones cuidadosamente en los muebles apropiados para la acumulación en serie de cedés. Los tengo de diferentes formas, con formas de cocodrilo, de lagartija o simples muebles de madera con finos huecos cuadrangulares. Me inclino aún así por la inflamable madera. Pero sobre todo lo que más me gusta comprar son libros, son más fáciles de prender. Siempre me ha gustado la imagen del ínclito escritor, hombre de letras, con amplias bibliotecas a su espalda que refuerzan la erudición del prohombre. Estimula mi imaginación. Busco recrear ficticiamente la erudición que no tengo a través de la posesión de sabiduría en estado bruto. Me apasiona leer rápido para no enterarme de lo que leo. Es más atractivo el efecto icónico de un hombre con un libro en la mano que la cultura en si. Podría no leer, colocar el libro en el lugar que le corresponde de la estantería y ya está. Es cierto. Pero me privaría de la dislocación que se produce en el momento en que cojo un libro. La salida de mi alma que observa a mi cuerpo pasar página tras página sin esfuerzo lector. Narcisismo intelectual, lo podría llamar, puro éxtasis. De todos los cientos de libros que adquiero tengo inclinación por los libros de poesía. Son más baratos lo que me permite comprar más cantidad de material. Además, tengo la sensación de que el tipo de páginas de los libros de poesía favorece la combustión. También acopio cómic y cualquier cosa susceptible de convertirse en combustible. La acumulación es el camino. No sé aún donde está el límite. Seguramente cuando todo ello se levante sobre mi cabeza, me rodee y asfixie. En ese momento encenderé el mechero y comenzará la purificación. Sí, sólo aspiro a desposeerme a través del fuego. Será mi particular resurrección a la vida.

Categorías: Relatos

Añade un comentario

¡Vaya!

Oops, you forgot something.

¡Vaya!

Las palabras que has introducido no coinciden con el texto. Inténtalo de nuevo.

Already a member? Iniciar sesión

1 Comment

Responder F. Duquette
20:33 Eel 2 Ee abril Ee 2009 
...y resurgirás de las cenizas, como el Ave Fénix....