Algo que contar

Entre pillos anda el juego

Publicado el 6 Ee marzo Ee 2011 a las 10:05

Sabemos cómo es la mente humana de maleable y lo eficaz que resulta la repetición de un mensaje a través de distintos medios para insertar ideas extrañas y falsas, que se apoyan en medias verdades, mentiras y manipulaciones o en pequeños trozos de realidad utilizados interesadamente. La asociación de imágenes junto a textos o locuciones diseñadas para crear opinión se evidencia como uno de los recursos más eficaces. El control de los medios de comunicación así como la imposición de ideas que sustentan un sistema, compartidas por las élites, permite la construcción de opiniones que facilitan intereses más prosaicos, dirigidos a satisfacer las necesidades de los grupos de poder. La comunicación se ha convertido en una herramienta de control de la sociedad más efectiva que las antiguas y obsoletas dictaduras. Sí los grupos de poder económico deciden imponer reformas económicas que favorezcan a sus intereses, se inicia la maquinaria para hacer creer a la población de la necesidad de esas reformas. Aunque no haya ningún motivo para que se hagan de la manera en que la diseñan. Eso da igual. La reforma de las pensiones ha sido un ejemplo de cómo se ha aprobado sin que se necesite, solo con la repetición de varias ideas como que la seguridad social está en peligro o el riesgo del envejecimiento de la población. Se optó por provocar miedo y sensación de perentoriedad, si no se hace: ¡catástrofe! Nada era cierto. Lo que no se les ocurrió hacer fue informar, potenciar debates y favorecer el análisis sobre lo que la sociedad necesita. Se diseñó una acción conjunta desde el ministerio y gobierno, los medios de comunicación teledirigidos y la presencia de expertos que dieran una imagen de seriedad. Todos con un objetivo en común, la venta de una idea. Así es como ven a los ciudadanos. Simples compradores. Y compramos, vaya que si compramos. Somos capaces de defender, con uñas y dientes, ideas que no son nuestras, sobre las que no hemos leído ni tenemos ninguna formación, sobre las que no hemos realizado ningún análisis y sobre las que apenas tenemos más que una mínima información. Aún así miraremos por encima del hombro a quien se atreva a discutir “algo tan obvio” o nos embarcaremos en discusiones interminables y, en ocasiones, agresivas. La repetición de ideas, la alusión a aspectos morales y la apelación a emociones, que movilicen como la ira o paralicen como el miedo, son las herramientas de trabajo de los manipuladores de masas del siglo 21.


Los ciudadanos no son solo parte pasiva, como recipientes de ideas ajenas, sino que se convierten en parte activa, como defensores acérrimos, que proporciona autoridad moral a la élite para tomar decisiones, al límite de las normas y reglas de convivencia y de actuación de la sociedad. Si consiguen que gran parte de los ciudadanos asimilen ciertas asociaciones de ideas, pueden hacer lo que quieran aunque vaya en contra de la ley. En España una de las asociaciones de ideas más eficaces son las que relacionan determinados aspectos de la cultura vasca con terrorismo. Esta asociación ha permitido, en la última década, criminalizar a Egunkaria o Udalbiltza, sin ninguna prueba objetiva. La justicia les ha exonerado de cualquier delito pero no podrá devolverles los años perdidos, el trato vejatorio, en el caso de Egunkaria con acusaciones graves de tortura, ni el haber sido tratados como delincuentes y terroristas por defender unos principios e ideas y por su incuestionable libertad de expresarlas. Para algunas personas, el mero hecho de hablar en euskara es sinónimo de ser terroristas y merece una total reprobación y ataque. Más aún si encima editas un periódico en ese idioma. Das cobertura a ETA, fijo. Esta realidad ha sido tenazmente construida por los distintos gobiernos de los dos partidos políticos homeostáticos de este país, el PSOE y el PP. Que en los dos casos mencionados se haya mentido, manipulado y construido indicios falsos para acusar a unos ciudadanos, no ha provocado ninguna manifestación de la sociedad en general, más allá de los apoyos de personas comprometidas con la libertad y la justicia. De hecho, han pasado desapercibidos para la gran mayoría. Si se preguntara muchos no han oído nada de estos casos. Esas mismas personas se rasgan las vestiduras ante la aparición de un nuevo partido vasco, Sortu.


El gobierno, representado por la abogacía del estado, el ministerio de interior, el fiscal general del estado, las fuerzas de seguridad del estado, el PSOE y el PP conspiran para evitar que un partido legal se presente a las próximas elecciones municipales. Este atropello de derecho es apoyado por gran parte de la población a pesar de la ausencia de pruebas objetivas que vinculen a Sortu con el terrorismo de ETA. Habrá algunos que crean que lo hacen porque luchan contra el terrorismo pero nada más lejos de la realidad. La intención de ilegalizarlos tiene un propósito más vulgar. ¿Cuál es el rédito electoral que tendría el PSOE si defiende la inscripción de Sortu? Ninguno. Lo más probable es que perdiera votos por parte de un sector más radicalizado de su electorado, que no es minoritario y proclive a la “mano dura” contra ETA, incluyendo en esta “mano dura”a cualquier ciudadano vasco que defienda ideas independentistas sin hacer uso de la violencia. En Euskal Herria, el PSE opta por un discurso en el que mezcla mensajes duros con mensajes más blanditos, sabedor de que en el electorado vasco del PSE no todos comparten la demonización de la izquierda abertzale. El PP en este caso no tiene grandes problemas. Sabe que con un mensaje de dureza extrema, se asegura los votos de sus simpatizantes e incluso puede pescar alguno sí el PSOE comete el error de apoyar “a los terroristas” y no ser lo suficientemente "duros". La simplificación de los hechos es un arma recurrente. Si se apoya la legalización de Sortu, defendiendo la ausencia de pruebas que les vincule con ETA y basándose en el cumplimiento de las reglas electorales que se les exige para participar en unas elecciones, se corre el riesgo de ser acusado de terrorista o defensor de terroristas y simpatizante del independentismo, corriente política que al ser defendida por ETA cualquiera que lo defienda se le puede equipar a la banda armada. Los dos grandes partidos españoles se apoyan en la venta a los ciudadanos de la idea “lucha contra el terrorismo” para violentar la ley en base al principio de “todo vale contra el terrorismo”, construyendo acusaciones sin pruebas objetivas y basadas en juicios de valor, en simples opiniones apoyadas en los prejuicios que, año tras año, nos han ido transmitiendo y que los ciudadanos han asumido acríticamente. El Tribunal Supremo ha admitido a trámite un informe de la abogacía del estado en el que no se presenta ninguna prueba salvo presunciones muy discutibles. No se ha aprendido nada de las injusticias cometidas contra Egunkaria y Udalbiltza.

Categorías: Política Estado español

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