Algo que contar

Bienvenido a la oscuridad

Publicado el 11 Ee marzo Ee 2009 a las 20:05

Durante las últimas semanas hace vida en el salón de su casa. Es un salón de forma rectangular, no muy espacioso, con una ventana que da a la calle por la que entra la luz del día y la oscuridad de la noche. Es de día. Enciende el modem, aprieta el botón de encendido del ordenador y después coge el mando del televisor y lo enciende. Todo está encendido a su alrededor. La televisión encendida, sentado en el sofá con el mando en la mano, apretando un botón tras otro con apenas tiempo de saber si lo que emiten le interesa o no. El ordenador a su espalda, encima de la mesa grande, encendido, conectado a internet con varias ventanas abiertas, su correo, páginas de varios periódicos. Encima de la mesita pilas de libros que no lee, revistas y periódicos abiertos por las páginas de los pasatiempos a medio hacer. Se queda mirando la pantalla del televisor pero no mira, no le interesa lo más mínimo lo que está escuchando ni tiene interés realmente en hacer algo. Sólo se sienta y se levanta. Se recuesta en el sofá y se tapa con una pequeña manta floreada. No tarda mucho en quedarse dormido. Cuando se despierta, se levanta y va hasta la cocina. Abre el frigorífico y saca una lata de cerveza. Se sienta, bebe, mira. Coge el mando del televisor y empieza a apretar un botón tras otro hasta que se acaban las cadenas de la televisión digital y vuelve a empezar. Suena el móvil, lo mira. Está encima de la mesa grande, al lado del ordenador. Se queda sentado y espera a que se muera. Cada vez entra menos luz. Se levanta y enciende una lámpara de pie. Se sienta en una silla delante del ordenador, abre el messenger e inicia la sesión como desconectado. Mira quien está conectado. Se oyen ruidos. Los vecinos acaban de llegar. Escucha como la llave entra en la cerradura y abre la puerta. Se cierra. Vuelve el silencio de los aparatos encendidos. Piensa que no hay nada de literatura en su vida. Sólo ese silencio. Alguien llama al telefonillo. Se levanta y coge el mando del televisor. Busca la cadena que está conectada a la cámara del portal del edificio. Ve quien es en blanco y negro. Apaga el televisor. Mira por la ventana pero no se asoma demasiado. Ya es de noche. Podría abrir la ventana pero no lo hace. Se aleja. Entra en el baño y no enciende la luz. Se mira en el espejo. Hay sólo oscuridad. Se queda unos minutos con las manos apoyadas en el lavabo mirándose. Una conversación de los vecinos se cuela a través de los conductos del aire. Es hora de terminar con todo esto. Sale del baño y se acerca al ordenador. Lo apaga. Hace lo mismo con el modem y con la lámpara de pie. Todo está apagado a su alrededor. Se sienta en el sofá. Dobla la pierna derecha sobre la izquierda, las manos a lo largo del cuerpo apoyadas en el asiento. Se queda así unos minutos. Se recuesta en el sofá y se tapa con la manta floreada. Coloca un par de cojines como almohada y acomoda la cabeza. Piensa que en su vida no hay literatura. No tarda mucho en quedarse dormido. Mientras, la oscuridad.

Categorías: Relatos

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