Algo que contar

La ilusión de alternativas: derecha o derecha

Publicado el 5 Ee diciembre Ee 2010 a las 18:05

En la izquierda española existe un prejuicio que consiste en no criticar al PSOE porque la alternativa de gobierno se llama Partido Popular, la derecha rancia heredera del franquismo y con dejes antidemocráticos. El resto de partidos no cuentan salvo como coyunturales compañeros de viaje. Si se critica a Zapatero, viene Rajoy. Ambas opciones son deprimentes pero la realidad política de este país, construida a base de debilitar otras posibilidades desde el descrédito, el control de los medios de comunicación y la ley electoral, nos condena a la alternancia en el gobierno de esos dos partidos políticos. La transición favoreció la preeminencia de dos partidos, primero con UCD y el PSOE y, posteriormente, tras el hundimiento electoral de UCD a partir de la dimisión de Adolfo Suárez, Alianza Popular y el PSOE. Este último partido se presentó a la ciudadanía como un partido progresista de marcada sensibilidad social y con un pasado histórico de partido de izquierdas que suponía un cambio radical tras más de 40 años bajo el yugo y las flechas de la dictadura fascista. En 1982, un partido de izquierdas volvió a gobernar en España. Para ello, el PSOE tuvo que deshacerse de su andamiaje teórico, condición impuesta por los ideólogos de la transición para gobernar, y que les definía como izquierda, lo cual permitió la afiliación de cientos de personas de mínima o nula preparación teórica que eran conscientes de la necesidad de un cambio y de la aplicación de medidas sociales pero alejadas de la teoría política que sustentaba a la izquierda. No hay que olvidar que en aquella época, gracias al adoctrinamiento franquista, las palabras marxismo y comunismo eran asociadas a devoradores de niños por una parte de la población por lo que deshacerse del marxismo, pesado compañero de viaje, implicaba que muchas personas pudieran convertirse en potenciales votantes del PSOE. Si a todo esto unimos el protagonismo del partido en los importantes cambios de la época, que les confirió una capa de seriedad y responsabilidad necesaria para gobernar, más el logro de capitalizar la ilusión del cambio, el resultado fueron más de diez millones de votantes. El número de votantes en estos 28 años ha ido oscilando pero en la actualidad se podría decir que tienen una base estable de votantes entre los 8 y los 10 millones. Impresionante. A pesar de haber ido abandonando gradualmente los principios que lo definía como una fuerza de izquierda, han conseguido mantener una amplia base de votantes muy fieles. Es probable que los mismos votantes hayan pasado por el mismo proceso de desideologización que el partido, pasando de posicionamientos de izquierdas a posiciones socialdemócratas.


El PSOE, no descubro nada nuevo, es un partido socialdemócrata. No es un partido socialista ni de izquierdas. No se distingue del Partido Popular más que en algunas políticas sociales, ligeramente más progresistas y proveedoras de derechos básicos como la aprobación del matrimonio homosexual, que por prejuicios morales y religiosos no hubieran implantado los populares. Aún así, aunque esto pueda parecer positivo, no lo es, ya que las políticas sociales están condicionadas a la política económica de marcado carácter neoliberal y que comparten los dos grandes partidos de masa del país. En los periodos de alternancia política ha existido una lógica continuista en el plano económico que les convierte en lo mismo o, dicho con esa expresión tan española, son el mismo perro con distinto collar. Es decir, ninguno de los dos partidos quiere modificar el estado de las cosas y son correa de transmisión de las medidas neoliberales impuestas por el capital. Ambos reivindican en la práctica el mismo modelo económico aunque en el discurso aparenten un enfrentamiento dialéctico que alimenta, en el imaginario colectivo, las falsas diferencias entre ellos. De hecho, el PSOE mantiene una ventaja con respecto a los populares y tiene que ver con el maquillaje progresista que le permite implantar las mismas medidas económicas sin el grado de rechazo que tendría el partido popular. La reforma laboral aprobada por decreto, las privatizaciones parciales de AENA y de Loterías y Apuestas del Estado, la militarización de los aeropuertos civiles y la declaración de estado de alarma en el país por el conflicto provocado por Ministerio de Fomento y AENA con los controladores aéreos o la más que probable reforma de las pensiones es defendida por una gran parte de votantes socialistas a pesar de la deriva autoritaria y neoliberal. Si estas medidas hubieran sido tomadas por los populares, las críticas de estos mismos votantes hubieran sido furibundas. La polarización de la política española deriva en esta hipocresía a la hora de juzgar a uno u otro partido, obviando la realidad de que las diferencias en la práctica son imperceptibles.


Mientras las políticas económicas neoliberales se implantan sin apenas resistencia, las alternativas reales de izquierda son despreciadas o directamente ninguneadas. Gran parte de los ciudadanos vive en la ilusión de alternativas entre izquierda y derecha cuando, en la práctica y atendiendo a las políticas económicas, es entre derecha y derecha. Las políticas sociales, tristemente, tienen un objetivo electoral y son las primeras en caer cuando aparece cualquier problema. Los intereses de los ciudadanos son supeditados ante el interés del capital sin ningún problema moral e ideológico. En vacas gordas, el PSOE epata a los ciudadanos con medidas sociales para seguir lustrando su capa progresista, que después utilizan como contraargumento ante las acusaciones de que practican políticas propias de la derecha. En vacas flacas, dan prioridad a las medidas neoliberales desde argumentos como la responsabilidad de gobernar, lo que hay que hacer, es necesario implantar medidas dolorosas y demás argumentaciones que solo sirven para ilustrar la contradicción entre lo que piensan y lo que dicen. Pero de sus acciones se pueden extraer sus pensamientos. Las palabras solo son eso, palabras.

Categorías: Política Estado español

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