Algo que contar

Los gitanos y el Tercer Reich

Publicado el 1 Ee noviembre Ee 2010 a las 13:00

Poco después de la victoria del partido nazi en 1933, se comenzó a perseguir a los roma que residían en Alemania. Fueron muchos los que cooperaron en el registro de la población gitana, que permitió posteriormente su discriminación y persecución gracias a los prejuicios que hacia este pueblo existía en gran parte de la población. Una vez comenzada la 2ª guerra mundial, las políticas discriminatorias se extendieron por los países ocupados. Así se fue gestando el genocidio contra los roma. El campo de concentración de Sachsenhausen, cercano a Berlín, fue uno de los lugares donde el terror, la tortura y la muerte fueron compañeras de viaje de miles de gitanos desde 1936 hasta 1945. Las barracas que servían de enfermería se utilizaron para que los investigadores raciales realizaran las evaluaciones que determinaran una presunta inferioridad.


Durante la preparación de los juegos olímpicos alemanes de 1936, se deportó a alrededor de 600 gitanos a Marzhan, a las afueras de Berlín, donde vivieron hacinados en condiciones miserables. Este fue el primer campo de internamiento alemán de gitanos. Solo podían salir del campo con una autorización policial. Muchos fueron forzados a realizar trabajos muy duros en la ingeniería civil, fábricas de municiones o en el campo. Si cometían alguna infracción eran internados en el campo de concentración de Sachsenhausen. En la primavera de 1938, la policía alemana arrestó a miles de personas para realizar trabajos forzados en los campos de concentración. Mendigos, delincuentes, vendedores ambulantes, trabajadores críticos con las condiciones de trabajo impuestas por los nazis o personas que no habían atestiguado que tenían una vivienda o un trabajo fijo junto con judíos y gitanos fueron arrestados e internados en los campos. Todos los arrestados en esta operación se les identificaba, como antisociales, con un triángulo negro cosido a sus uniformes. 500 gitanos fueron deportados a Sachsenhausen.


Al igual que los judíos, los roma fueron juzgados bajo las leyes de Nuremberg de 1935 por ser miembros de una raza extranjera. Los nazis intentaron probar su inferioridad por medio de evaluaciones pseudocientíficas. El Doctor Robert Ritter, psicólogo educativo, se hizo cargo de la Unidad de investigación de higiene racial y biológica, que pertenecía a la Oficina de Salud Pública del Reich, en el campo de Sachsenhausen. Los investigadores raciales, en colaboración con la policía, cazaban a los sintis y a los roma por toda Alemania con el objetivo de llevar a cabo un análisis racial. Los informes derivados de estos análisis decidían el destino de los gitanos. Muchos de ellos fueron esterilizados obligatoriamente o deportados al campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau.


Los investigadores raciales, Eva Justin, Adolf Würth, Sophie Ehrhardt y el propio Ritter, midieron caras y cuerpos para determinar características raciales propias de los gitanos. Usaron métodos de la antropometría a través de los cuales intentaban investir a sus investigaciones de cierta apariencia científica. También tomaron muestras de sangre para probar la naturaleza extraña de los gitanos que permitiera reforzar la teoría de su inferioridad. Hicieron análisis de los ojos, el pelo, el color de la piel y el patrón del iris que les permitió la elaboración de gráficas que pudieron utilizar en sus viajes por toda Alemania para la identificación de gitanos. En estas identificaciones colaboraron las iglesias, oficinas del gobierno y autoridades locales, además de la policía. Llegaron a hacer máscaras de caras que les permitiera distinguir las diferentes apariencias físicas de los gitanos. Utilizaban un material sintético líquido, llamado Negocoll, que extendían sobre el rostro. Una vez seco y fijado a la piel se podía quitar y de esta manera obtener una máscara muy realista. Estas máscaras, a su vez, fueron utilizadas para crear moldes de una cabeza que eran rellenados con un material sintético ceroso llamado hominit. Después se pintaban y se utilizaban como pruebas de las distintas apariencias de los diversos grupos de gitanos.


Una vez comenzada la 2ª guerra mundial en 1939 se intensificó la persecución de los gitanos. Se les prohibió salir de su lugar de residencia en virtud de una orden emitida el 17 de octubre de 1939 por el Reichsführer de las SS, Heinrich Himmler. El incumplimiento de esta orden, o por cualquier otro delito leve, conllevaba el internamiento en un campo de concentración lo cual significó el aumento del número de gitanos internos en los campos. Condenados a los trabajos más duros, sufrieron malos tratos y acoso continuo lo cual redujo considerablemente las probabilidades de supervivencia. No sé conoce exactamente el número de los que murieron en el holocausto pero se calcula que los nazis asesinaron entre un 25% y un 50% de gitanos que vivían en Europa.


El canciller alemán Helmut Kohl reconoció el genocidio nazi cometido contra los roma en 1982. Hasta ese momento la República Federal de Alemania había considerado que las medidas tomadas contra el pueblo gitano antes de 1943 eran políticas legítimas del estado por lo que a las víctimas gitanas de los nazis no se les concedió el mismo derecho de restitución que a otras víctimas del terror nacionalsocialista. Muchos de los gitanos y gitanas que sobrevivieron a aquella desgracia ya estaban muertos cuando la justicia se acordó de ellos. Europa había mantenido el sufrimiento del pueblo gitano apartado de su conciencia y apenas se le dedicaba unas líneas en la dramática historia del Tercer Reich y el holocausto. En general, la atención mediática y pública de la historia de los gitanos es mínima convirtiéndose solo en centros de la noticia cuando son protagonistas de hechos rechazados socialmente o víctimas de los prejuicios alimentados durante siglos contra ellos. En pleno siglo 21 aún se toman decisiones contra los gitanos como pueblo. Una muestra de lo poco que hemos aprendido de la historia europea.

Categorías: Derechos Humanos

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