Algo que contar

Puede que crea

Publicado el 6 Ee octubre Ee 2010 a las 0:30

Ya tengo ganas de que llegue el frío. No tengo gran aprecio al calor, que cansa, que apacigua, que adormece. Nos invita a la relajación y al regocijo. Nos mantiene en las playas, sumergidos en el agua, abstraídos bajo los rayos solares, apoyados en la barra del chiringuito tomando un tinto de verano mientras hablamos de cuestiones ajenas, no porque no nos afecten sino porque el calor las mantiene en la distancia, tras esa neblina provocada por la condensación de las altas temperaturas que las convierte en espejismos. No, no me gusta el calor. Puede que sea también por mi excesiva temperatura corporal que me hace insoportable las temporadas de infierno. O por la sensación que me es tan agradable de llegar de la calle, helado y atenazado por el frío, a un lugar más caliente que me alivie. Igual es porque del frío te puedes proteger al lado de una hoguera o arrebujado debajo de una manta. No lo sé. Sólo sé que prefiero el frío.


Puede que crea que nuestra sociedad está suficientemente adormecida para que este calor, que tanto paraliza, contribuya a su mansedumbre. Puede que crea que necesitamos que por nuestras venas corra más sangre, viva y fría, que nos haga reaccionar. Puede que crea que el frío despierta y nos mantiene alerta y que es esto lo que permite tener los ojos abiertos ante lo que ocurre a nuestro alrededor. Puede que crea que es fundamental que nos levantemos y reclamemos lo que nos pertenece. O puede que crea que nos merecemos lo que tenemos porque hacemos poco para evitarlo. O puede que crea que, a pesar de todo, nos gusta el calor más allá de la escenificación teatral de unas protestas con la boca chica. No lo sé. Sólo sé que prefiero el frío.

Categorías: Reflexión

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