Algo que contar

Wellcome to Spain

Publicado el 8 Ee agosto Ee 2010 a las 19:00

No hay nada extraño en el vehemente seguimiento que se ha hecho a las vacaciones de Michelle Obama y su hija en Benahavis. Este seguimiento es coherente con la pleitesia tradicional que reciben los personajes de la farándula o aquellos que se dicen de la alta nobleza. La cobertura mediática de estos acontecimientos corre paralela al interés que despiertan en gran parte de la población española. Sin este interés, ¿a quién le importaría dónde pasan sus vacaciones?. Por eso no es extraño ver áreas acotadas en espacios públicos para el disfrute de estos personajes mientras que decenas de curiosos se agolpan en sus límites esperando ver e inmortalizar la presencia, en este caso, de la primera dama estadounidense. Una mirada, un bostezo, un saludo o cualquier otro gesto son elevados a la categoría de extraordinario. Las visitas a lugares típicos suponen un plus de publicidad que se aprovechará comercialmente con un "aquí almorzó fulanito" o la típica foto con el dueño que prestigia el lugar. Los beneficios económicos y la publicidad que conlleva la presencia de estas celebridades están por encima de cualquier otra consideración política y social. Siempre tendrán a su alrededor a los habituales palmeros que, a costa de su dignidad, doblarán la cerviz a su paso y se encargarán de minimizar u ocultar el historial que arrastran sus admirados.

 

No sé si han existido protestas por la presencia de la primera dama estadounidense pero hubiera sido lógico teniendo en cuenta lo que sucede diariamente en Afganistán (recientemente Wikileaks ha desvelado los crímenes de guerra de Estados Unidos en este país), Iraq o Guantánamo. Los medios de comunicación, que yo conozca, no han informado de ninguna, aunque sólo sea por haber ocupado de forma exclusiva espacio público. Este país, en el que se critica la huelga que los trabajadores del metro de Madrid convocan para conseguir mejorar sus condiciones laborales, probablemente sea más proclive a sacar fotos con el móvil que a protestar o criticar los atentados contra los derechos humanos que comete el gobierno del país al que representa.

 

El fallecido Rey Fahd, que gobernó férreamente su país, Arabia Saudí, en el que se castigaba con pena de muerte, y se castiga, la sodomía y la brujería, veraneaba plácidamente en Marbella. La población marbellí y, principalmente, sus empresas esperaban ansiosas la aparición veraniega del sátrapa por los millones que dejaba en la ciudad y el trabajo que proporcionaba temporalmente a cientos de marbellíes. El Corte Inglés abría sus instalaciones, en exclusiva, para recibir amablemente los millones de la comitiva real. No leí tampoco noticias de protestas por la presencia de un criminal en este país. Por el contrario, el tratamiento que recibió por parte de las autoridades locales y nacionales fue siempre exquisito, incluso después de muerto. La opresión de los ciudadanos saudíes poco importaba ante los millones del rey.

 

Gracias por elegir este país para vuestras vacaciones. Podéis venir tranquilos. Nadie os va a cuestionar vuestras acciones o las del país al que representáis. Acaso algunos medios marginales, que leen cuatro gatos, o grupos de personas con mínima repercusión mediática. Las fuerzas del estado actuarán para protegeros y los medios trivializarán vuestra visita. No dudéis en visitar nuestras playas y comer el exquisito marisco de nuestras costas. Podréis comprobar, a su vez, la amabilidad característica de la gente del lugar. Un saludo vuestro o una mirada furtiva bastarán para manteneros en su memoria como unas personas amabilísimas y gentílisimas. Wellcome to Spain.

 

 

Categorías: Reflexión

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