Algo que contar

La militancia dormida

Publicado el 22 Ee junio Ee 2010 a las 19:15

Zapatero ya ha elegido a su pareja de baile y, por supuesto, no es la izquierda. Ha recibido el apoyo de los hermanos mayores como Strauss Kahn o los sobrevalorados Merkel o Sarkozy e incluso panfletos mediáticos de la derecha económica y neoliberal, como el Financial Times, aplauden las medidas valientes tomadas por el presidente español del "No a la guerra" y del diálogo entre civilizaciones. Su admirado nobel de la paz Barack Obama también le baila el agua. Aquel presidente novel, ninguneado por las celebridades políticas europeas por su sospechoso izquierdismo, ha pasado la reválida y se ha convertido en una pieza más del entramado. Con las vacas gordas, Zapatero pretendió embelacar a la izquierda progresista y democrática con varios trucos de prestidigitación. Pero era sólo un político, en el sentido negativo y habitual del término. Defendió la retirada de las tropas españolas de la vergonzante guerra de Iraq pero no tuvo ningún reparo en enviarlas a otro conflicto ajeno como Afganistán por sugerencia de su admirado presidente Obama. La contradicción del "No a la Guerra" y el seguidismo a un presidente extranjero eran elementos suficientes para sospechar de los verdaderos principios de Zapatero y de su gobierno, el cual estaba conformado en su mayoría por políticos vacunados de cualquier cosa que se parezca a la izquierda. Sus contradicciones eran equilibradas con medidas sociales muy del gusto de la izquierda de este país como la ley de dependencia, la cual fue publicitada convenientemente por los socialistas del PSOE y que ahora se utiliza como ejemplo del progresismo de este gobierno ante los ataques al viraje a la derecha durante la crisis financiera. Los grupos políticos de la izquierda como Izquierda Unida o Esquerra Republicana de Catalunya eran interlocutores cercanos a la presidencia mientras que a la derecha del PP se la soslayaba sin misericordia. La escenografía del PSOE era perfecta ya que estaba acompañada por una situación económica que les llevaba a repetir la palabra superavit como si de un mantra se tratara. Porque no era más que eso. Puro y simple teatro. Muy seductor, sin duda, pero sólo apariencia perfectamente estudiada.

 

Un día dijo a la sociedad española que "el poder no me va a cambiar" sin que sospecháramos que el poder ya le había cambiado desde el mismo momento en el que aceptó ser un político homeostático. Esta frase sólo es creíble en una persona que se proponga cambiar el sistema y este objetivo quedaba muy lejos de sus intenciones y del claudicante partido al que pertenece. El gobierno ya ha elegido un camino sin vuelta atrás. Ha optado por las fórmulas neoliberales de Bruselas y de organismos amigos como el FMI. Podríamos hablar de traición a unos ideales pero sería muy ingénuo pensar en que ha existido una traición. Me inclino por la ficción, por el disfraz ideológico con motivos electoralistas y de fidelización de un sector de la población. Esta reforma laboral no es novedosa sino la solución estándar que el neoliberalismo y la derecha económica aplica a todo tipo de crisis, es decir, el recorte de gasto público y otras medidas, como por ejemplo la introducción de las ETT`s en la administración pública, que sirven para allanar el camino de la progresiva privatización de lo público y desmantelar el estado, objetivo último de todos las medidas neoliberales. El abaratamiento del despido, que el gobierno negó más veces que San Pedro a Jesús, a pesar de la legión de voceros expertos que lo repiten una y otra vez, jamás aumentará la productividad. Nunca lo ha hecho ni nunca lo hará. Ninguna de las medidas aprobadas durante la crisis financiera ha sido diseñada para solucionar los excesos cometidos por el neoliberalismo de campaña.  Ninguna.

 

Es difícil ser coherente con lo que uno piensa pero a un gobierno es lo mínimo que se le debe exigir. Lo fácil es discursear sobre programas sociales, leyes progresistas y defensa de lo público, sobre todo en momentos propicios. Resulta revelador que muchos de  los militantes de izquierda que están dentro de las filas del PSOE estén callados ante esta situación. Un indicador de cómo el sector más conservador domina y controla a la militancia que, con trampas dialécticas, les conmina a cumplir las consignas de partido y defender públicamente aquello en lo que no creen y que es contrario a sus ideas políticas, sociales y económicas. Hoy es más necesario que nunca que se empiecen a escuchar las voces de los militantes contrarios a las medidas de su partido, como la de Antonio Gutierrez, porque no están en juego las próximas elecciones sino la identidad, ya demasiado maltrecha, de uno de los partidos que fueron referencia en la izquierda de este país. Aunque uno sospeche que, como el capitalismo, este partido es ya irreformable.

 

 

Categorías: Política Estado español

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