Algo que contar

Aquello que nos dijeron

Publicado el 11 Ee junio Ee 2010 a las 14:45

Ya nada es como antes o ¿todo sigue igual? Aquella burbuja que unos construyeron y que todos alimentamos se había convertido en una nueva forma de esclavismo. La disposición de una economía para afrontar la compra de cualquier producto había dejado de ser una condición necesaria ya que podíamos acceder a créditos e hipotecas de forma indiscriminada. Cualquiera podía comprar un piso y de esta posibilidad se encargaron los bancos, inmobiliarias, políticos y gobiernos de cantar a los cuatro vientos como atractivas sirenas. Pocos se resistieron a sus encantos. Salarios mínimos e hipotecas de por vida que se encarecián año trás año. Los alquileres suponían al menos la mitad de los salarios y muchos jóvenes sólo podían plantearse la independencia compartiendo piso con amigos o desconocidos. La crisis era un concepto familiar porque se vivía en sus axfisiantes entrañas. En las charlas informales entre amigos aparecía en ocasiones la sensación de que esta situación era insostenible pues muchos trabajaban para pagar una hipoteca y con la perspectiva de toda una vida. Los precios de la vivienda estaban muy por encima de lo que se consideraba razonable. Cuartuchos malolientes eran alquilados o vendidos a precio de oro sin que los vendedores o compradores fueran conscientes de la absurdidad de la situación o, aún siéndolos, asumiendo la kafkiana realidad. Los carroñeros, ávidos de dinero fresco, aprovecharon la oportunidad de enriquecerse en virtud de este ambiente tan propicio que ninguna autoridad se planteó limpiar. A pesar de que todos pensábamos que la burbuja tenía que estallar nadie hizo nada excepto sorprenderse cuando quebró el banco de inversiones Lehman Brothers.

 

El 15 de septiembre de 2008 fue el pistoletazo de salida de eso que llaman crisis, a pesar de que la mayoría de los ciudadanos del mundo no saben más que vivir en crisis. Muchas autoridades políticas de distintos países occidentales se apresuraron a declarar que era ineludible una reforma del sistema financiero y monetario, que era imprescindible regular el mercado y acabar con su omnipotencia. Incluso se amenazó con identificar a los responsables para que dieran cuenta de sus actos. Sí, y también se habló de los paraísos fiscales. Se dijeron muchas cosas y a algunos les pareció que hasta iba a cambiar algo. Hasta el FMI. Casi 2 años después todo sigue igual. La reforma financiera tan necesaria está aparcada porque ahora son más importantes otras cosas. Las mismas cosas que eran importantes antes de este lío. El FMI comienza a aplicar sus fórmulas habituales pero ahora en países europeos como Grecia y España. En España se pasa de la reforma financiera a la reforma laboral, que ahora se ha convertido en lo realmente importante, además de aplicar las órdenes de Bruselas y FMI, que en nada revertirán la situación. Básicamente, todo ha vuelto al orden preestablecido y comenzamos el nuevo ciclo que nos llevará a la siguiente crisis, seguramente más virulenta y cruenta que la actual (para los ciudadanos). Los gobiernos, en connivencia con los centros de poder económico, toman medidas dirigidas a blindar los beneficios y proteger la libertad de acción de los centros empresariales y de poder mundiales. Modifican el mensaje después de los primeros momentos de incertidumbre en los que se les llego a pasar por la cabeza cambiar el sistema. Ahora el mensaje es que todos tenemos que apretarnos el cinturón. Es decir, nosotros. Los ciudadanos de a pie que ya saben lo que es vivir en crisis puesto que es su estado natural. Y cuentan con una gran ventaja, que no vamos a hacer nada. Hasta que nos quemen el culo.

Categorías: Economía

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