Algo que contar

El fascismo español o esa cosa de la que no se habla

Publicado el 7 Ee abril Ee 2010 a las 17:50

Lo que está sucediendo en estos momentos en España con Baltasar Garzón entra dentro de la lógica del sistema español, urdido durante el fascista regimen de Franco y, lo que después se llegó a llamar, la transición. Generalmente, esta última acompañada de adjetivos muy glorificadores como modélica o intachable. De hecho, dentro de la campaña ideada para convencer a la población de las bienaventuranzas de la trama se incluían despropósitos varios como la oferta a otros países, que habían sufrido el paso de una dictadura a una democracia, del ejemplo español, exangüe y prácticamente pacífico. Con poco éxito, por supuesto, pero suficiente para seguir instalando en nuestro disco duro la bondad de la transición. A lo largo de estos más de 30 años, la maquinaria propagandista se ha encargado de glorificar unas decisiones que en realidad estuvieron muy lejos de ser modélicas y que no supusieron ninguna transición sino una continuación, adaptada a la realidad mundial, occidental y europea. Este país no se ha enfrentado aún a los crímenes cometidos durante más de 40 años por un regimen fascista, violento, opresor y asesino. Se nos ha transmitido una imagen edulcorada de lo que en realidad fue un regimen criminal. Se nos ha vendido una guerra civil cuando en realidad estamos hablando de un devastador golpe de estado, que cercenó el orden prestablecido en contra de la voluntad popular. Se permite, en el colmo de los colmos, que el Jefe del Estado Español, Juan Carlos I, sea el heredero directo del jerarca fascista, Francisco Franco.


El lenguaje crea realidades y cuando algo no se nombra, no existe. Por eso pocos hablan del fascismo español. Han optado por otros términos más suaves como el franquismo ya que el fascismo nos acerca a Mussolini. Nos acerca a Hitler. Todo esto lo explica de forma muy clara Vicenç Navarro en varios artículos, que son interesantes de leer en el día en que se conoce que Garzón se sentará en el banquillo como acusado por intentar juzgar los crímenes cometidos contra la humanidad durante el fascismo español.

 

Construir una democracia desde el ocultamiento y la tergiversación de hechos criminales no es democracia. La elusión, que se favorece en este país a la hora de enfrentarse con sus fantasmas, provoca que la base de esta falsa democracia esté corrompida. Si fueramos conscientes de los horrores cometidos en la dictadura, no se podría concebir la existencia de organizaciones como la Falange Española de las JONS en un estado democrático ni de ninguna otra organización que glorificara el fascismo representado por Franco y sus huestes. Ni cabría en cabeza alguna que un juez que pretendiera juzgar unos crímenes contra la humanidad acabara siendo acusado por hacer su trabajo. El Tribunal Supremo, cómplice del despropósito encabezado por Luciano Varela, merece ser disuelto por connivencia con el crimen. No se puede ser tolerante con los que justifican, defienden y enaltecen la barbarie que sufrieron cientos de españoles durante más de 4 décadas. Se debe practicar la intolerancia más visceral.

 

 

Categorías: Reflexión

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