Algo que contar

Una democracia manchada. Sangre y cunetas

Publicado el 18 Ee febrero Ee 2010 a las 20:05

La transición española es uno de los mitos fundacionales de la democracia del 78. Según la RAE, mito es una narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico. Con frecuencia interpreta el origen del mundo o grandes acontecimientos de la humanidad. Sí, la transición es el relato ideado para explicar uno de los momentos de mayor incertidumbre de la historia de España del siglo 20. La muerte del dictador Francisco Franco dejó a España huérfana del hombre que dirigió su camino durante 40 años, aflorando los miedos por un posible enfrentamiento entre eso que se llamó las 2 españas. La propaganda franquista no dejó durante el régimen de alertar a la poblacion de la amenaza roja, por lo que siguió alimentando el temor y la animadversión ante cualquier cosa que sonara a izquierda y, fundamentalmente, a comunista. De forma paralela, con la aplicación de la censura y la mediatización de los medios de comunicación consiguió inocular, en el interior de la cabeza de la mayoría de la población, la versión suave e idílica de un régimen que, años después de la muerte del dictador, aún se adivinaba en frases tan manidas como Con Franco se vivía a mejor o Franco hizo cosas muy buenas.

 

La España ideal que mostraban los medios chocaba con la represión, la tortura y el asesinato que formaban parte de la columna vertebral que mantenía erguido al monstruo y que permitió su existencia durante tantos años. Estas muertes se ocultaban a la mayoría de la población o se justificaban a partir de la maldad intrínseca de los inícuos torturados o asesinados. No en vano ser homosexual, gitano o rojo era suficiente para validar un uso abusivo de la fuerza. La existencia de realidades paralelas en la España franquista fue, por tanto, anterior a los apasionantes descubrimientos de la física cuántica pero los españoles de a pie sólo tenían ojos para los embalses del caudillo. Para lo demás o estaban ciegos o daban su aquiescencia.

 

Durante la transición se tuvieron que dirimir no sólo aspectos políticos sino también la continuidad de la estructura de poder y mientras que lo primero sí fue negociable, lo segundo era inamovible. La legalización del Partido Comunista supuso un acontecimiento para toda la izquierda española, y un disgusto para la derecha más rancia, pero fue una cesión irrisoria que no ponía en peligro el interés principal de la élite franquista. Un poderoso virus extendido por todo el sistema y con capacidad de sobrevivir en un entorno amenazante como era esa incipiente democracia, edificada por esos personajes de carácter divino o heroico. La adaptación y el mimetismo posterior les permitieron crecer y desarrollarse, hasta el punto de parecer demócratas de toda la vida.

 

Después de 42 años, el franquismo sigue instalado en la estructura de poder de nuestra democracia y defiende, de forma muy eficiente, cualquier ataque contra aquello que fueron y que les hizo lo que son ahora. La derecha franquista no realizó ningún sacrificio real en la tan alabada transición porque continuó manejando los resortes del poder. El cuestionamiento de este poder sí hubiera acercado a aquella España postfranco al enfrentamiento civil pero la izquierda política renunció y se conformó con una pequeña porción del pastel. Fue la izquierda social la que se sacrificó.

 

España es un país en el que la glorificación de una dictadura que torturó, asesino y reprimió a los ciudadanos no provoca ningún pudor en quienes la realizan. No provoca un rechazo social y las quejas son reprimidas por la propaganda de medios afines, que ofrecen no una visión neo-revisionista de la historia sino la misma que contaron durante 40 años a millones de españoles, repetida como un mantra hasta que lograron que se instalara en su disco duro. En el año 2010, la simple muestra de una realidad, como la comisión de crímenes contra la humanidad durante la fatal dictadura, provoca una reacción aplastante de los poderes fácticos dirigida a eliminar a todo aquel y todo aquello que ose cuestionar al regimen que les define. Nuestra democracia está manchada de sangre y guarda sus muertos en las cunetas de las carreteras. Hay jueces encargados de que esto sea así per secula seculorum. Amén.

 

Categorías: Reflexión

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