Algo que contar

Algunas notas autobiográficas III

Publicado el 13 Ee febrero Ee 2010 a las 18:55

La primera vez que escribí algo propio, originado en mis reflexiones, fue en el lateral de un viejo armario. Tendría unos doce años. El paraíso no es un lugar ni un... (ya no me acuerdo), es simplemente libertad. Lo grabé en la desgastada madera de un armario con un punzón que utilizaba en las manualidades de clase. Tenía ideas en la cabeza que no compartía con nadie y las transcribía en hojas sueltas de los cuadernos que después escondía, preocupado de que alguien las descubriera y pensara que era un tonto. Tenía miedo de que alguién pudiera utilizarlas y burlarse de mí, ya que muchas de las cosas que escribía se referían a mis miedos, inseguridades y frustraciones que me acompañaron durante la adolescencia.

 

Cuando murió mi padre, tenía 17 años. Escribí mi pimer poema, Fragmento de un recuerdo, a partir del dolor que me produjo su muerte, recordando un momento especial entre los dos cuando yo era pequeño. La realidad es falsa, sólo es verdad ese momento. Pensaba que olvidar es muerte y por eso recuerdo a mi padre todos los días desde entonces. No de esa manera en la que se agarra a los muertos de los huevos y no se les deja marchar, sino desde la voluntad de tener presente a una persona a la que quise mucho y sentir que vive aunque sólo sea en mi memoria. Aún así, el tiempo erosiona y es triste comprobar cómo empiezas a olvidar los detalles. Ya ni me acuerdo de cómo sonaba su voz. 20 años después volví a reescribir el poema y lo titulé Una Trayectoria posible que, gráficamente, representa el camino, entre mi casa y el colegio, en el que se produjo el momento especial que evoqué en el pasado. Las escaleras por las que bajaba corriendo desde el tercer piso de la Pensión Madrid, que regentaba mi madre, cogiendo velocidad en los descansillos para impulsarme, agarrado al pasamano de madera, y volar por encima de los escalones hasta el siguiente descansillo. Al salir a la calle, me encontré con mi padre que me estaba esperando para llevarme al colegio. No me lo esperaba. Me cogió de la mano, la apretó y la acarició con sus grandes dedos. No sé describir todo lo que sentí pero esa caricia la recordaré siempre. No era un buen momento para él. Tristeza y arrepentimiento, posiblemente. Una trayectoria posible. No lo sé. Tenía 9 años.

 

De todas formas, mi necesidad de escribir no surgió del dolor, aunque en algunos momentos la alimentó, sino de la necesidad de contar, de poner en palabras aquellas cosas que pensaba, sentía o vivía. También de diferenciarme, por supuesto. Escribía poemas, relatos y reflexiones. Los guardaba en una carpeta y elegía cuidadosamente a las personas que se lo enseñaba, siempre con cierto temor al qué pensarán. Aún lo sigo haciendo. Digo escribir, porque ya no tengo ningún reparo en mostrar aquello que escribo y que escribí en su momento. Parte está visible en esta bitácora. Sólo guardo una excepción, un fragmento de un recuerdo, porque se enlazaron dos almas y se contaron un secreto. Sí, en aquella época creía en el alma.

 

Categorías: Más personal

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2 comentarios

Responder alkenia
5:48 Eel 7 Ee marzo Ee 2010 
ya era hora que enseñaras al mundo ésta parte de ti! desde luego ha merecido la pena invertir mi tiempo en leerte!
Responder gabalaui
14:50 Eel 7 Ee marzo Ee 2010 
jajaja me alegro que no haya sido una pérdida de tiempo. De todas formas, no es la primera vez que escribo entradas más personales, donde enseño esa parte oculta ;-) Hay una parte I y II