Blog: Algo que contar

MENSAJES

Publicado el 30 Ee abril Ee 2013 a las 8:35

No sabía qué es lo que ocurriría si mañana hiciera las maletas y dejara a su mujer, renunciara a su trabajo, no volviera a ver a sus padres ni a sus hermanos ni a sus sobrinos, renegara de sus amigos, quemara su casa, su ropa y todo aquello que le perteneciera y se fuera caminando solo, por donde nunca se hubiera atrevido.

 

¿Te echo grasa en las persianas?

No, que ya tengo, gracias compadre

 

El camarero se quedó mirando al grasero mientras se montaba en la bici con la que iba de bar en bar buscando sacarse unos cuartos para comer.

 

Cada uno se busca la vida como puede, ¿verdá?

 

Manolo se sobresaltó al oír la pregunta. Se había levantado muy nervioso y sólo pensaba en escapar. No sabía muy bien de qué pero por su cabeza sólo pasaban imágenes de abandono, dejar todo lo que tenía y huir. Sacó su móvil y comprobó si le había llegado alguna respuesta a su mensaje. Nada. En ese momento escuchó la pregunta de Juan.

 

Sí…supongo

 

Cogió el periódico que estaba en la barra y empezó a leer. Sus ojos iban de arriba a abajo, mirando sin ver nada, hasta que se paró en la fecha. Este Juan no puede comprar uno del día. Lo volvió a dejar en su sitio.

 

Mira qué joyita compré el otro día, cantecico puro, mi arma, te voy a poner unas bulerías pa´morirte

 

Juan sacó el cd y abrió la compuerta de la cadena de música mientras miraba por un espejo como tamborileaba con los dedos encima de la barra sin hacerle mucho caso. Se encogió de hombros y puso el cd.

 

No niego que te he querido

pero en el alma me pesa

el haberte conocido…

 

No entendía nada. Recuerda el momento en que se lo contaron como irreal, como un sueño que no es. Sabe que es así por el dolor que siente en el pecho. Ese dolor es angustiosamente real. Recuerda cómo, cuando le vio la cara, el tiempo se fue ralentizando y hubo un instante en que se detuvo. En ese momento sabes que algo va a pasar. Empiezas a mirar a tu alrededor mientras todo está parado, buscando algo que dé respuestas a tu pregunta. ¿Qué es lo que va a pasar? Hasta que todo vuelve a ponerse en movimiento pero ya no es igual. Nada vuelve a ser igual que antes.

 

¿Estás bien?

Sí, sí…ponme algo pa´comer que no me entra la caña

 

Vio entrar a Juan en la cocina y ponerse a preparar la tapa. Miró a través de la ventana del bar. La gente paseaba arriba y abajo como en una película de la televisión. Pensaba que no quería salir del bar y unirse a esa corriente informe que se mueve sin sentido, quería salir por la puerta trasera sin hacer ruido, sin que nadie le viera y escaparse de allí. Lo que tengo que hacer es irme, dejarlo todo. Entró una mujer con minifalda negra y botas militares y se sentó en el taburete al lado de la barra. Me iría contigo si tú quisieras. Sintió una vibración en el bolsillo de su pantalón. Sacó el teléfono y comprobó si le había llegado algo. Nada. Dejó el móvil encima de la barra. Entrelazó las manos y, con los codos apoyados en la barra, se las colocó en el mentón. No entendía cómo se había llegado a esta situación.

 

¿Qué te pongo?

 

Juan deslizó la tapa por encima de la barra de madera barnizada mientras miraba a la mujer.

 

Una cerveza, por favor

 

Volvió a mirarla. Empezó a imaginar que empezarían a hablar y que a ella le gustaría. Se darían cuenta de que podrían marcharse los dos juntos donde quisieran y no mirarían atrás. ¿Para qué? Le gustaría decirle algo pero no se le ocurre nada ingenioso así que se calla. Le mira las piernas, nervioso, mientras ella se encuentra ensimismada escribiendo en un iphone. Me gustaría invitarte a cenar. Las palabras comienzan a agolpársele en su cabeza. Palabras de cortejo, de pasión y de amor. La imagina enamorada sin remisión.

 

No te metas en quereles

porque se pasa mucha fatiga

mira si vivo con pena

que estoy muerta

estando viva

 

Se escuchó un pitido acompañado de una pequeña vibración. Manolo miró el móvil. En su pantalla iluminada aparecía el aviso de un mensaje nuevo. Colocó las palmas de su mano tapando su cara y se quedó paralizado. Pensó que quería que todo se detuviera de nuevo. Quería que mientras todo estuviera inmóvil, pudiera moverse libremente en el escenario de su vida y cambiar lo que quisiera. Le gustaría haber escrito con sus manos el mensaje que aún no había leído. Notar la sensación de sus dedos apretando cada tecla, escribiendo cada letra, construyendo lo que deseaba decir. Haber guiado sus pensamientos y manejado sus deseos. Cambiar lo que había sido, crear lo que quería. Apartó las manos de la cara y vio a Juan que le miraba sonriente mientras limpiaba un vaso con un trapo. Giró la cabeza hacía su izquierda y vio a la mujer de las botas militares vuelta hacía donde él estaba, mirándole. Ambos estaban inmóviles. Nada se movía. Se levantó y se acercó hasta la entrada del bar. Miró hacia la calle. Quietud. Regresó a la barra y se situó delante de la mujer. Solo quiero hacer esto. Acercó sus labios a los de ella y la besó.

 

Pisha, que ta llegao un mensaje

 

Apartó las manos de la cara, sobresaltado. Juan le miraba, sonriendo, mientas limpiaba un vaso. La mujer se volvió y se le quedó mirando. La miró pero apartó, inquieto, la vista. Se sintió avergonzado por haberla besado sin su permiso. Carraspeó, disimulando su desasosiego, mientras cogía el móvil y buscó el mensaje que recién le habían enviado. Era el que estaba esperando. Lo abrió y lo leyó. Lo siento. Escuchó el chirrido de las patas de un taburete al desplazarse por el piso. La mujer en minifalda con botas militares estaba pidiendo la cuenta. Me iría contigo si tú quisieras. La mujer pagó y se acercó a la máquina de tabaco. La miraba a través del espejo que había detrás de la barra con las manos entretejidas delante de la cara. Seguía cada uno de sus movimientos esperando que se volviera y le contestara. Dime que sí. La mujer se agachó para recoger su paquete de tabaco y se dio la vuelta. Le miró durante un instante.

 

Adiós

 

Desapareció entre el gentío del exterior. Tuvo la intención de seguirla pero decidió que no. Cogió de nuevo el móvil y escribió un mensaje. M importa y m duele. Adiós. Se lo guardó en el bolsillo del pantalón y se levantó. Era hora de marcharse.

 

Me voy, Juan. Cuídate

 

Salió del bar y se perdió entre la masa informe. Tenía la intención de caminar solo, por donde nunca se había atrevido.

Categorías: Relatos

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