Algo que contar

Los sueños de mis miedos

Publicado el 30 Ee diciembre Ee 2009 a las 17:55

Durante muchos años pensé que había empujado intencionadamente a aquel chico de mi clase de preescolar que se había golpeado la cabeza contra la piedra de un pozo, en el centro del patio, y que le había provocado una sangrienta brecha en la frente. Era un recuerdo tan vívido y una culpa tan punzante, que me atormentaba. Nada de esto ocurrió. Era un recuerdo falso, probablemente soñado. Ni empujé a ningún compañero de clase ni existía ningún pozo en el patio del recreo. La frontera entre los sueños y la realidad despierta es muy ténue en la llamada tierna infancia, tanto que los sueños se convierten en pesadillas tan reales que amenazan tu presente despierto. Esta experiencia infantil la podemos volver a experimentar en nuestra edad adulta a través de la locura y de los estados febriles, que convierten un viejo armario en un terrible monstruo, tan real, que provoca el salto por la ventana del enfebrecido individuo en su desesperada huida. No, no quiero escribir sobre la locura ni los estados febriles, que aún así, hemos de reconocer que están detrás de muchas de las decisiones de esa élite que dirige el caminar del mundo. Sólo quiero hablar de sueños. No de esos que quieren cambiar el mundo sino de aquellos que tenemos y tememos, más modestos, que tienen que ver con nuestros monstruos interiores y que tratan sobre nuestros miedos más íntimos, infantiles e irracionales.

 

Cada vez que cerramos los ojos y nos disponemos a dormir, aunque no es imprescindibe como es bien conocido, nuestro interior se llena de imágenes que van y vienen, deformantes, incongruentes, alucinantes y reales, tanto que creemos que estamos dentro, viviéndolas como una realidad paralela. Es tan extraña que pueden protagonizarlas personas que conocemos, pero que tienen otra cara distinta. Tan extraña, que podemos evadirnos de las leyes de la física que rigen nuestro otro mundo despierto. Tan extraña, que nos provoca emociones tan naturales como la sorpresa, la alegría o el miedo.

 

Alguno de mis sueños estaba relacionado con mis miedos, alguno de ellos tan simple como perder a las personas que querías o la capacidad o no de afrontar situaciones en las que tienes que dar una respuesta efectiva. En mis sueños me he quedado mudo, paralizado, débil, sin apenas fuerzas para huir de aquello que me acechaba y que no sabía qué era, sólo que me quería hacer daño. Sueños esencialmente frustrantes que en la resaca de la vigilia pensaba en que eran reales. En mis sueños he perdido o no he conseguido aquello que en mi realidad despierta sí había logrado. Me ha acariciado la mano que quería alejarme de quienes más quería, he visto sus ropas oscuras y sus caras cubiertas. He visto muchedumbres que me miraban sin ojos y me cercaban. He escuchado ruidos y he visto sombras acercarse velozmente hacía mi en la oscuridad. Todos, todos ellos, eran sueños de mis miedos. O son, no lo sé.

 

 

Categorías: Más personal

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