Algo que contar

Sucios pensamientos, muros y gitanos

Publicado el 4 Ee noviembre Ee 2009 a las 15:10

En una ciudad eslovaca llamada Ostrovany se ha construido un muro de 150 metros que separa a la comunidad gitana del resto de los ciudadanos. El alcalde, que aclara que no es racista, no vayamos a pensar mal, no desea a nadie "tener que pasar por un infierno diario, como la gente que vive en la cercanía del asentamiento". Más allá del evidente componente racista de esta abominable decisión, deberían dimitir inmediatamente todos los responsables políticos de esta ciudad por su incapacidad para encontrar soluciones a un posible problema convivencial. ¿Cómo se puede confiar en una alcaldía que permite la discriminación y el señalamiento criminal de una parte de sus ciudadanos? El hecho es que se puede. No habrá ninguna dimisión porque tienen un apoyo muy sólido de gran parte de la población, no sólo eslovaca sino del resto de Europa, que justifica, entiende y comparte esa decisión. No hay nada que una más a los europeos que el rechazo hacia los gitanos. Ni siquiera el Tratado de Lisboa recibiría tanto apoyo. Si nos hubieran consultado, claro.

 

Esta noticia la leí en el diario digital de Público y, lejos de provocar el rechazo de los internautas que se decidieron a dejar un comentario, las reacciones mayoritarias fueron de apoyo, de burla, de justificación y de aplauso. Estas reacciones son un claro ejemplo del vivo sentimiento de rechazo que existe hacia la comunidad gitana, transmitido de generación en generación y tan extendido que no se considera racista sino una consecuencia lógica y adecuada a los intolerables comportamientos de los gitanos, "que no se quieren integrar ni adoptar las costumbres" del común. La ausencia de conciencia sobre la existencia de comportamientos racistas sustentados en un pensamiento estereotipado y prejuicioso es uno de las dificultades que plantea el abordaje de los problemas de convivencia que se puedan dar entre ciudadanos gitanos y no gitanos. Se niega ser racista y se fundamenta sus pensamientos, ideas y comportamientos, a todas luces inadecuados, en las acciones, pensamientos y costumbres de los gitanos, los cuales "llevan en la sangre el cometer delitos". Por tanto, no somos nosotros, son ellos. Nosotros no tenemos que cambiar, son ellos, aunque los hechos históricos demuestren que la población no gitana ha discriminado y criminalizado al pueblo gitano. Per secula seculorum. Ésto ha sido utilizado a su vez por los racistas como argumento que demuestra la "perversión de esta raza", por algo se les ha discriminado en toda Europa, ¿no?.

 

La utilización de argumentos para defender posicionamientos discriminatorios, claramente reconocidos si estuviéramos hablando de otras comunidades (judíos o negros, por ejemplo), son variados y muy compartidos. Uno tiene que estar siempre alerta cuando hablando de los gitanos alguien comienza diciendo "yo no soy racista pero..." porque lo que continúa es una sucesión de ideas racistas, prejuicios y estereotipos de los más evidentes. Se podría denominar este argumento como neoracista y una de sus características es la negación del hecho de ser racista. También están los que utilizan el argumento pragmático. Ante cualquier comentario positivo sobre el pueblo gitano responden, con cierta prepotencia, que tienen como vecinos a familias gitanas y te invitan a compartir vecindario con "ellos". También están los que utilizan el argumento pseudo objetivo y dicen que ellos tienen amigos gitanos o que "hay alguno bueno" o que "por supuesto, no todos son malos" para continuar criticando genéricamente a todos ellos. Está también el argumento genético y de raza que les empuja a comportarse de forma delictiva, a rechazar cualquier tipo de autoridad y a vivir de aquí para allá, entre ratas y suciedad a la que están acostumbrados. Para algunos se produce cierta esquizofrenia entre lo que socialmente saben que es aceptado, y dicen "no se puede juzgar a los gitanos como bloque", y lo que realmente piensan "pero no se quieren adaptar a una vida convencional". Ésto se da sobre todo entre los profesionales que trabajan con la comunidad gitana los cuales tienen que adoptar un discurso profesional que se opone al posicionamiento personal, prejuicioso y racista, el cual por el efecto de profecía autocumplida ven reforzado en la realidad. En ningún caso existe una reflexión sobre lo que uno piensa y las consecuencias que esto tiene en lo que uno hace.

 

Se puede hacer un simple ejercicio de asociación. Ante la palabra gitano, escribir sin pensar todo lo que sugiere. Ladrón, chabolas, traicionero, adivino, sucio, mocos, piojos... Y aún así seguiremos pensando que no somos racistas. Seguiremos justificando la existencia de muros que dividen, que separan y que, tristemente, nos revela la clase de sociedad en la que vivimos. La culpa siempre es de los otros.

Categorías: Derechos Humanos

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