Algo que contar

Una reflexión que lleva a la nada

Publicado el 2 Ee enero Ee 2009 a las 19:30

Allí estaba, encorvado sobre la barra, con un vaso de whisky en la mano. Me senté a su lado. Hey, Gaba. Qué haces. Se encogió de hombros y sonrió. Me pedí otro whisky. Guardamos silencio durante varios minutos hasta que empezó a hablar. Pienso que dejamos tanto de nosotros en nuestro rededor que cuando llegamos a viejos sólo nos quedan los huesos. Con cada persona que he conocido se ha ido algo que un día fue mío. No fue dado en un acto generoso sino que fue arrancado, amputado, y me siento como aquellos a los que se les corta una pierna pero siguen sintiendo, tiempo después, el miembro fantasma. Soy lo que tengo y lo que he dado. Se desprende de lo que soy y me modifica. Ni siquiera son los otros quienes se adueñan de ese algo que me deja. Simplemente se va. Se va con aquellos que un día estuvieron a mi lado. No sé que es lo que los otros hacen con eso que me perteneció. Probablemente se pierda, con el paso de los años, en ese agujero sin fondo llamado memoria. Si es así, se pierde algo que fue mío, que era yo. Por tanto, la vida es convertirse en un ser incompleto. Esas piezas originarias desaparecen y su hueco, su espacio, se encuentra vitalmente vacío. Dejamos de ser lo que éramos y nos convertimos en lo que somos. El contacto con los demás nos cambia y nos modela. Somos un ser que a su vez se compone de aquello que no es suyo y es sustraído de los demás. No rellena los huecos vacíos sino que actúa como una pieza nueva que se ensambla con las viejas. Somos fragmentos propios y de los otros. Fragmentos que se pierden y que dejan un vacío. Son los huesos los que ocupan estos espacios. Nos acercan a la muerte. La nada eterna. Son la materia que se convertirá en polvo y cuando esto sea así, sólo quedará de mí aquello que se fue sin que yo quisiera que me abandonara. Aquello que está en los otros. Calló. Se acercó el vaso a la boca y bebió de un trago el whisky que le quedaba. Dejó el vaso en la barra y se volvió a mirarme. Perdona, es sólo una reflexión que lleva a la nada. Se levantó y, sin mirar atrás, se perdió en la oscuridad. Se escuchó el ruido de la puerta del bar al cerrarse. Me quedé encorvado sobre la barra con un vaso de whisky en la mano. Al rato, escuché que me decían hey, Gaba. Un amigo se sentó a mi lado. Qué haces.

Categorías: Relatos

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