Algo que contar

Perversiones, corruptelas y otras putrefacciones (y a mí me das un trabajito, anda)

Publicado el 14 Ee octubre Ee 2009 a las 16:00

Dirán que no hay que generalizar, que no todos lo hacen y sí, es posible, pero España es un país de corruptelas y corrupciones. Aunque fueran pocos son demasiados para que sea soportable. Se esconden en las administraciones públicas, ayuntamientos, diputaciones, en aquellos lugares donde haya un poquito de poder, aunque sea la comunidad de vecinos. Están los que corrompen y los que se dejan corromper, los que miran a otro lado o alargan la mano para recibir lo suyo, los que justifican, los que se callan. Todos ellos forman parte del mismo tinglado y en España, poblaciones enteras (lease Marbella, como ejemplo más evidente), conocedoras de lo que sucedía en sus ayuntamientos, han callado porque el meter la mano en la saca pública también les beneficiaba a ellos en forma de trabajo, en bonitas glorietas o en la expulsión de indeseables que estropeaban las postales. Sí, la corrupción ha sido y es aceptada por gran parte de la población. Qué no nos engañen las diatribas tabernarias alentadas por el alcohol. Si nos favorece o no nos perjudica, nos callamos, aceptamos, toleramos, permitimos. Lo que es inaudito, en el sentido de extremadamente vituperable, es que políticos acusados por varios delitos (lease Carlos Fabra) sigan gobernando sin ningún impedimento ciudadano, ya no digo judicial infestado también por el virus corrupto (lease De la Rua). Lo que es inaudito es que no haya nadie delante de la sede del Partido Popular protestando por la oleada de acusaciones contra miembros de este partido por corrupción (lease los periódicos). Lo que es inaudito es que los propios  seguidores y afiliados de este partido (si fuera otro pasaría lo mismo) no estén reclamando que aquellos a los que dieron su confianza asuman la responsabilidad de su rapiña. Lejos de esto se oyen argumentos del tipo "en todos los sitios hay manzanas podridas", es una "maniobra política de descrédito" o negar la mayor, la menor y la mediana. Y así nos va. Las trampas forman parte del código genético de un país que se enorgullece de eso que llama picaresca. Hoy se llama Francisco Camps o F. Correa, mañana se llamarán de otra forma pero mira a ver si me das un trabajito y me hago el tonto.

 

Categorías: Reflexión

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