Algo que contar

Ciudadanos pasivos, ignorantes y esclavos

Publicado el 28 Ee septiembre Ee 2009 a las 5:50

 

Somos meros espectadores pasivos con la ilusión creada de ser parte activa del mundo que nos rodea. La ficción de las elecciones nos hace creer que nuestros votos sirven para cambiar aquello que no nos gusta y conseguir aquello que queremos a través de los representantes que creemos elegir. Pero es sólo eso, ficción, simple artificio con mínimas repercusiones prácticas pues las elecciones se crearon para mantener el sistema imperante y protegerlo de cualquier tentativa de modificar su esencia o eliminarlo. Todos los cambios realmente importantes se han conseguido a partir de las movilizaciones populares, el activismo ciudadano o la desobediencia civil. Ha sido el protagonismo de los ciudadanos el que ha obligado a los representantes políticos del sistema a introducir cambios en las reglas, ciudadanos que se armaron, que comenzaron a utilizar las herramientas del poder para modificarlo. El sistema aún así ha sido capaz de autorregularse y adaptarse a esas modificaciones que fueron aparentemente importantes pero en el fondo insustanciales puesto que no supusieron un cambio de las reglas de funcionamiento.


El sistema ha desarrollado diferentes mecanismos para mantener el control del juego y ha depurado las técnicas de prestidigitación para mantener a los ciudadanos sumisos. La idea de ser protagonistas de un videojuego manejado por una fuerza invisible, que no es precisamente Dios, es una metáfora poderosa. Si quieren que nos quedemos en casa, tranquilos, apáticos y aburridos nos quedaremos y si quieren que salgamos a la calle, protestemos y gritemos, saldremos. Sólo tienen que apretar la tecla adecuada y nos ponen en acción o en stand by. Por eso una manifestación airada de eslóganes ingeniosos no produce ninguna molestia y sí sonoras carcajadas transformadas en medidas antipersonas. Aún así considero que la ocupación de las calles es un arma imprescindible, pero utilizada de otra manera.


Una de las herramientas que utilizan para hacer creer que están trabajando para solucionar los grandes problemas de la humanidad son las reuniones, las cuales son vendidas por los medios de comunicación, voceros de los aglutinadores del poder, como esenciales, importantes, fundamentales y demás adjetivos que trasladan la idea de acción, de afrontamiento, de preocupación, de ponerse manos a la obra para conseguirlo. Cada una de estas reuniones es más esencial que la anterior. La realidad es que no hay nunca ningún resultado. Solo un intento de maquillar el objetivo que es fortalecer el sistema y protegerlo de cualquier ataque. Todos los participantes en estas reuniones son sus aliados. TODOS.


Hay momentos en los que las bases del sistema flojean y necesitan ejercer una brutal violencia para controlarlo. Es en estas situaciones cuando la maquinaria del poder aparece en toda su terrible realidad pero es ocultada por los partidos políticos, gobiernos y medios de comunicación que comienzan a asignar etiquetas, de probado funcionamiento, a aquellos que se atreven a plantarles cara.Se les gasea, golpea, detiene y asesina. Son minoritarios pero mínimamente organizados para acudir a cada uno de sus engañosos encuentros y tienen suficiente capacidad operativa para provocar la aparición, aunque sea de forma temporal, de un gesto de preocupación. Pero no basta porque la etiqueta de antisistema es suficientemente poderosa como para alejar al resto de la ciudadanos de cualquier acción de sabotaje contra los opresores.No hay que olvidar quiénes son los que dan significado a las palabras.


Los ciudadanos son, por definición, pasivos y me refiero al significado que tiene esta palabra para los seguidores del sistema. La pasividad incluye la aceptación de cualquier decisión tomada desde órganos que se han vendido como expertos y la inacción ante cualquier problema por mucho que esté afectando. Los ciudadanos son, por definición, ignorantes por lo que deben delegar en aquellos que sí saben y entienden. Se les demanda fe ciega en decisiones o soluciones que no se explican, no se entienden y no se comparten, ajenas a los intereses de la ciudadanía y que apuntalan los cimientos del sistema. Los ciudadanos son carcasas vacías que necesitan ser rellenadas y para ello se utilizan las ideologías, que, lejos de ser un marco que nos permite entender el mundo en que vivimos, se convierten en herramientas de alienación que da al ciudadano la condición de esclavo. Esta es la idea del ciudadano por parte del sistema: pasivo, ignorante y esclavo.


La modificación de las reglas del juego empieza por la modificación del perfil de los jugadores. Hasta el momento los ciudadanos son sólo fichas que se mueven en la dirección que otros deciden.

 

Categorías: Reflexión

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