Algo que contar

El crucifijo que sí molesta

Publicado el 24 Ee noviembre Ee 2008 a las 13:20

El primer día de clase me subí encima de la mesa del profesor y forcé la mano cerrada de Jesús hasta que pareciera que estaba haciendo el saludo comunista. Bajé al suelo y me coloqué enfrente del elegido, saboreando el resultado de mi acción de terrorismo escolar. Estaba deseando conocer la reacción de mis profesores. El crucifijo, que estaba encima del encerado, presidió cada una de las clases que tuvimos aquel curso con la mano levantada. Al igual que mi compañero Felipe, que pegaba los mocos debajo del pupitre, no se puso enfermo ningún día del año. Allí estaba, día tras día, incansable, como había estado durante los últimos cuarenta años. Pero ninguna autoridad se dio cuenta del sacrilegio. De tan habitual que era, o bien pasaba desapercibido o bien importaba, lo que se suele decir, un carajo.

 

 

Veinticinco años después del cristo comunista, todavía sigue colgado de las paredes de muchos colegios públicos de este estado aconfesional. A pesar del supuesto carácter laico de estos colegios, no ha habido interés de las autoridades por descolgarlo y retirarlo al desván de los recuerdos. A pesar de que en estos colegios asisten alumnos de diferentes confesiones religiosas, con diferentes sensibilidades, se decide en pro de la libertad y el respeto, dos de las muchas palabras manipuladas por el interés de los conservadores, esos de la derechona, que los símbolos religiosos católicos permanezcan en instituciones públicas. ¡Cómo no molesta! Y en esto estábamos hasta que un juez del Juzgado de lo Contencioso Administrativo número 2 de Valladolid dicta una sentencia que obliga a un colegio de esta ciudad a retirar los crucifijos de sus aulas y espacios comunes. Es decir, treinta años después de la Constitución española tiene que venir un juez a obligar lo obvio. La autoridad escolar, municipal, autonómica o estatal achanta la mui, maliciosamente. Con la Iglesia hemos topado y es mejor llevarnos bien, no sea que les de por montar manifestaciones multitudinarias con el crucifijo en la mano.

 

Se montó el lío. El Presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, anuncia que están estudiando la viabilidad de un posible recurso a dicha sentencia. León de la Riva, el león que ruge en Valladolid desde hace trece años, dice que él no va a quitar el crucifijo que preside el salón de plenos del Ayuntamiento vallisoletano. La alcaldesa de Zamora también muestra su desacuerdo como, seguramente, lo están haciendo muchos otros miembros del Partido Popular. Lo contrario sería extraño. Uno no se imagina a Trillo, por ejemplo, defendiendo la neutralidad de una institución pública ante la existencia de simbología católica. Consecuentes con lo que piensan. De repente, entra en acción el creyente Pepiño Blanco y nos dice que "en los colegios públicos no debe haber crucifijos porque hay que respetar las creencias de todo el mundo". Muy bien. Y en las tomas de posesión de los ministros, ¿no se deberían retirar los símbolos religiosos como el crucifijo y la biblia? Este estado, supuestamente aconfesional, que habla de la laicidad de sus instituciones públicas, ¿no debería predicar con el ejemplo de ser consecuente con lo que dice y con lo que hace?

Categorías: Religión

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