Blog: Algo que contar

La apoteosis del yo

Publicado el 9 Ee marzo Ee 2011 a las 14:25 Comments comentarios (0)

La libertad hace tiempo que dejó de estar unida a otros conceptos como la justicia o la igualdad. No digamos ya la fraternidad, esa idea que transformaba a muchos en uno y nos convertía en compañeros en el bien común. Son ideas antiguas, pasadas de moda, que provocan sonrisas condescendientes entre los chicos listos y modernos de hoy en día. Hemos vivido, en las últimas décadas, un demoledor proceso de banalización de la libertad, que dejó de ser una aspiración fundamental de la persona a convertirse en el derecho a fumar un cigarrillo donde uno quiera, a correr a la velocidad que uno desee o a vestir unos pantalones que le ayudan a ser más libre. El sistema predominante, los medios de comunicación, la perversión del lenguaje político o la publicidad nos definen quiénes somos y a qué aspiramos hasta la reducción de "ser" a tener esto o aquello. Esta simplificación cercena el desarrollo integral de la personalidad ya que nos reduce a “ser consumo”. Se ha impuesto el egoísmo, la individualidad, la ausencia de sentido colectivo. La individualidad se ha trivializado y lejos de ser un proceso de autoconocimiento y de consolidación de la identidad personal, se ha convertido en un apoteosis del yo. Estamos asfixiados por nuestra mismidad y despreciamos el nosotros. Oponemos nuestras aspiraciones individuales a las necesidades colectivas de la sociedad en la que nos desarrollamos y este es uno de los éxitos del capitalismo radical, que ha conseguido imponerlo como un valor social irrenunciable. Arruina las luchas por los derechos colectivos porque consigue enfrentar a los ciudadanos, enfrentando los derechos individuales al bien común, de tal manera que “irse de vacaciones” es un derecho inalienable que está por encima de las reivindicaciones laborales de ciertos colectivos. Porque sí, las reivindicaciones laborales sectoriales repercuten positivamente en el colectivo de trabajadores. Su derrota nos perjudica a todos y proporciona una posición de poder en las negociaciones entre los trabajadores y las empresas. Hoy es la negociación del convenio colectivo de tal empresa, mañana será la nuestra. Hoy es la privatización de un servicio público, mañana será otro en el que desarrollemos nuestro trabajo. Hoy llamarán privilegiados a unos, mañana nos lo llamarán a nosotros y nos insultarán públicamente hasta el extremo de llamar a la caza del trabajador, como aquella alentada por un irresponsable Ignasi Guardans contra los controladores. Somos capaces de soliviantarnos ante la prohibición de fumar, el límite de velocidad o si nuestro equipo de fútbol baja a segunda división pero mantenernos paralizados (no todos afortunadamente) ante la reforma laboral, la reforma de las pensiones, la ausencia de una reforma financiera, ante los beneficios bancarios o ante los desahucios que arruinan económicamente a cientos de familias. Nos preocupan nuestras vacaciones y atacamos a los trabajadores que ejercen su legítimo derecho a huelga. Que la gente no salga a la calle, que no grite, que no reclame, que no me incomode, que hagan huelga pero que no se note porque YO lo que quiero es irme de vacaciones.

¿Empezamos a cambiar las reglas de juego?

Publicado el 27 Ee febrero Ee 2011 a las 13:55 Comments comentarios (2)

Hay tantos votos como personas que votan y tantos como partidos se presentan. El voto es la herramienta que pretenden dejarnos para que nos sintamos en una democracia, que se ha quedado solo en una palabra desprovista de contenido. El PSOE ganó las últimas elecciones generales con un plan de gobierno que, casi siete años después, incumple reiteradamente con la excusa de que las circunstancias han cambiado, a causa de la crisis financiera. Ni siquiera se les pasó por la cabeza que la implementación de medidas económicas, opuestas a las defendidas y apoyadas por sus votantes, podría requerir la necesidad de que esos mismos votantes volvieran a tener la oportunidad de decidir si estaban de acuerdo o no. Ni siquiera se les pasó por la cabeza que, igual, esos votantes ya no les apoyaban o, si acaso lo han pensado, han utilizado para conjurarlo palabras como “la responsabilidad de gobernar” frente a la irresponsabilidad de la plebe, que ha mostrado su contrariedad ante medidas como la reforma laboral, la de las pensiones o el rescate al sistema bancario. No tenemos todavía tanta conciencia democrática como para consultar a los ciudadanos el camino por el que este país debería ir en situaciones de crisis. Son unos cuantos los que deciden qué hacer y cómo y sus decisiones están por encima de cualquier posición de desacuerdo por parte de la ciudadanía. No en vano, a esta solo se la necesita para votar. Esta irresponsable delegación de la responsabilidad de gobernar, que hacen los ciudadanos en los políticos, nos lleva a convertirnos en meros agentes pasivos. Apenas nos moviliza una reforma de las pensiones que no necesitamos y que nos perjudica, pero somos capaces de poner el grito en el cielo porque no podemos fumar en los bares o porque una huelga nos estropea nuestras vacaciones. El interés individual está por encima del colectivo. Nos han anulado poco a poco lo que nos hace poderosos y peligrosos para sus intereses. Somos incapaces de ver nuestra sociedad en clave colectiva. Nos interesa que nos resuelvan lo nuestro y si lo hacen, tendrán nuestro voto. Me da igual lo que tenga el resto de la sociedad si yo tengo mi casa y mi trabajo, después no lucharé para que otros lo consigan sino para que yo lo mantenga. No me importará cobrar un alquiler o vender un piso 5 veces por encima de su precio. Ni alquilar una despensa a precio de lujo como si fuera una habitación con vistas al mar. Sí, los políticos son responsables de la sociedad que tenemos pero nosotros también lo somos, porque hemos jugado con las cartas y el tablero que nos han proporcionado. Aceptamos sus condiciones a cambio de conseguir lo que queríamos o, al menos, a cambio de la ilusión de conseguirlo. Nos han hecho creer que éramos algo cuando no somos más que peones a mover en un tablero de ajedrez, imprescindibles para que la reina siga engordando, pero cuya partida no vamos a ganar. A no ser que las condiciones cambien. Los ciudadanos españoles fuimos capaces de expulsar del poder a un gobierno mentiroso, al gobierno del Partido Popular, que pretendió sacar rédito político del mayor atentado terrorista cometido en este país y que nos involucró en la guerra de Iraq, donde se violaron todos los derechos humanos y se arrasó el país en pro de la democracia de unos pocos listos. Tuvimos el coraje de salir a la calle y tumbarlo. Después nos dormimos, plácidamente, arrullados por la nana del otro partido homeostático de este país, el PSOE. Y nos arrolló la crisis. Si fuimos capaces aquella vez, lo podremos ser de nuevo. Reivindicar el lugar que tiene que ocupar el ciudadano, que es la primera fila. No somos subalternos ni dependientes de nadie. Solo es democracia aquella en la que participamos directamente. Aquella en la que la acción del gobierno tenga como origen la voz de los ciudadanos. No existen los salvapatrias por mucho que se llenen la boca con lo de “responsabilidad de gobernar”. Los ciudadanos son los únicos protagonistas. ¿Empezamos a cambiar las reglas de juego?

El sueño americano o como se diga

Publicado el 10 Ee enero Ee 2011 a las 0:35 Comments comentarios (0)

16 años por robar entre 11 y 200 dólares. 16 años de tu vida por robar calderilla. 16, que se dice pronto, aunque la condena fue a cadena perpetua. Es difícil de entender pero así fue. Parece una broma de mal gusto cuando millones de dólares robados son repartidos entre pocas y poderosas manos sin ningún tipo de castigo. Como mucho una reprobación en portada de los periódicos que, a lo sumo, provoca ligeras cosquillas sin llegar a hacer pupa. El sistema está enfermo cuando permite que sucedan estas cosas. Grandes y prestigiosos ladrones salen en las portadas de las revistas de corazón o son objeto de sesudos y serios análisis en periódicos económicos mientras dos mujeres negras, por dar un palo de tres al cuarto, pasan 16 años de su vida encerradas en prisión, condenadas a cadena perpetua. Con qué facilidad algunos deciden sobre la vida de los demás. Ilustres señores, de vida profesional admirable y muy respetada, familia con mujer e hijos y perro, que viven en urbanizaciones lujosas, señores a los que la vida les ha ofrecido todas las oportunidades que han necesitado aunque ellos digan que han trabajado mucho por conseguir lo que tienen. Señores o señoras que dicen que trabajan por la seguridad de nuestro barrio, de nuestra ciudad y de nuestro país persiguiendo a los maleantes que mantienen atemorizada a la población. A estos superhéroes de pacotilla no les tiembla el pulso para arruinar la vida de todo aquel que consideran una amenaza. Es tan fácil tomar estas decisiones. Tienes a una parte de los ciudadanos que están de acuerdo con sus dictámenes sobre todo cuando es un negro el protagonista de acciones delictivas. Es fácil de vender a la opinión pública porque durante años les han bombardeado con mensajes del tipo “cuidado con los negros” (o con los gitanos o con los moros o con los inmigrantes) que han ido calando imperceptiblemente en el imaginario colectivo. Meter a negros y demás maleantes en la cárcel supone también un rédito electoral. Y la conciencia, esa incómoda compañera, no supone un problema porque cuando el negro desaparece de su vista no se vuelven a acordar de él más en la vida. Demasiados placeres les rodea para acordarse de un puto negro.


Estas 2 mujeres son hermanas y se llaman Jamie y Gladys Scott. Estaban encerradas en la cárcel de Pearl en el condado de Misisipi de los Estados Unidos (sí, no ha ocurrido ni en Cuba ni en Venezuela) por haber colaborado en un robo en el que se embolsaron entre 11 y 200 dólares. Por este delito fueron condenadas a cadena perpetua. Pena que está fuera de toda lógica excepto para mentes enfermas. Ahora son noticia porque las han liberado. ¿Una rectificación, como muchas otras, después de tanto tiempo? No. A una de ellas le dejaron de funcionar los riñones y el tratamiento suponía una carga económica demasiado elevada para el sistema de prisiones por lo que el gobernador republicano, Haley Barbour, dijo que si la otra hermana le donaba un riñón, ambas saldrían de prisión. Es decir, no hay una motivación humanitaria, por la enfermedad de esta persona, o reparadora, por la desproporción de la pena y los perjuicios a sus vidas, sino económica. La gasolina que mueve el mundo. Por supuesto, el trasplante se lo pagan las hermanitas, que ya les han hecho el favor de dejarlas en libertad. Eso sí, libertad condicional para toda la vida. El departamento de prisiones asegura, para más cachondeo, que las hermanas ya no representan una amenaza a la sociedad. Seguramente antes tampoco. Las amenazas a la sociedad no se encuentran en los barrios pobres y degradados de las ciudades sino en los consejos de administración de los bancos y de las multinacionales, en los congresos o en los despachos ministeriales. La amenaza es la existencia de leyes que permiten que se cometan estas tropelías. La existencia de personas que las elaboran y que las hacen cumplir. La amenaza no se encuentra en unas desgraciadas que roban sino en las condiciones degradantes de su barrio, en los estereotipos y prejuicios alimentados durante siglos, en la exclusión social, en la lógica de un sistema que dice que para que unos estén forrados, seguros y felices, otros tienen que pagar los platos rotos y de esto ellas no tienen ninguna culpa.

El "Feliz año 2011" sí depende de [email protected]

Publicado el 31 Ee diciembre Ee 2010 a las 14:50 Comments comentarios (0)

Dentro de unas pocas horas entraremos en un nuevo año con viejos deseos incumplidos pero que no por ello dejaremos de desear y, cada uno, en su pequeña parcela, luchar porque se cumplan. Realmente otro mundo es posible, otro gobierno, otra economía, otra banca, otra sociedad, otra vida más justa, más libre y mas igual. Creo que falta que nos creamos que es posible porque a veces la realidad actual invita al desánimo o a eso que los psicólogos llaman la indefensión aprendida, pensar que da igual lo que hagamos porque nada cambia, porque no depende de nosotros. Pero sí depende. Mientras creamos que no depende de nosotros, dependerá de aquellos que toman decisiones sin tenernos en cuanta o como una simple variable para conseguir objetivos ajenos a nuestras necesidades. Depende de que nos organicemos, que participemos, que seamos parte activa en nuestro barrio, en nuestra ciudad, en nuestro país, en este mundo global, que seamos capaces de gritar sobre el ruido de fondo, de ser la memoria que no olvida, aquellos que escuchamos las palabras y las valoramos pero que somos conscientes de su volatilidad, que sólo los hechos nos valen, que exigimos ser partícipes de las decisiones importantes que afectan a nuestra vida cotidiana y a nuestra sociedad.


Para todos aquellos compañ[email protected] de la red en twitter, para aquellos que leen y escriben en este blog, para aquellos que utilizan sus ordenadores como un arma de cambio social, de denuncia social y de transmisión de opinión e información, para todos [email protected] deseo que en este año sigáis en la lucha, en aquella que consideréis que nos hace mejores, para conseguir que el lema de "otro mundo es posible" sea una realidad más real.


Nos leemos.


Salud y libertad

La responsabilidad de gobernar

Publicado el 23 Ee octubre Ee 2010 a las 19:15 Comments comentarios (0)

En la prehistoria del primer gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, nada más ganar las elecciones en el 2004 y ante el grito casi unánime de no nos falles de cientos de simpatizantes, declaró: “os aseguro que el poder no me va a cambiar”. Desde la retrospectiva que nos ofrecen estos 6 últimos años, lejos de coincidir con la derecha rancia en la supuesta ingenuidad del presidente, tengo la impresión de que supo decir lo adecuado en cada momento, aquello que se quería escuchar. La habilidad de manejar el lenguaje, de controlar aquello que se quiere decir, es esencial en un político. No vale la espontaneidad a no ser que sea controlada y dirigida, es decir, no espontánea. El lenguaje político se ha caracterizado por desnaturalizar el significado de las palabras, por decir lo contrario de lo que significan o ocultar detrás de grandes palabras otras intenciones. De tal manera que la palabra libertad en boca de un político como Aznar provoca escalofríos en cualquier persona comprometida y sensible a los derechos humanos. Tan manoseada en las últimas épocas, ha servido para justificar asesinatos indiscriminados a civiles y torturas como en la mal llamada Operación Libertad Duradera que dio el pistoletazo de salida a la guerra de Afganistán el 7 de octubre del 2001. Los bonitos discursos quedan en papel mojado cuando se comparan con las acciones de los gobiernos. Prácticamente ninguno resiste la comparación aunque las hermosas palabras distraigan nuestra atención y creen esperanza, posibilidad o consigan la justificación adecuada, los hechos son los hechos.


La responsabilidad de gobernar son de esas palabras que sirven para justificar decisiones impopulares o notoriamente contradictorias con pensamientos y discursos previos. Es una manera de establecer una distancia insalvable entre gobernantes y gobernados en la que a estos últimos se les sitúa en la tierna infancia, ingenuos y dependientes de las decisiones de los adultos. Sus opiniones serán rechazadas porque no están investidas de la autoridad y la sabiduría necesarias para emitirlas, son las propias de un niño poco experimentado y algo impulsivo. En situaciones de crisis, como la actual, alguien tiene que mantener la compostura y el sentido común, el que proporciona la experiencia del gobierno. En esos momentos delicados y sensibles a las críticas, ante la necesidad de imponer medidas, impuestas a su vez por las fuerzas del sistema, los gobernantes dejan de ser representantes de los ciudadanos y se convierten en autócratas. Cualquier pensamiento, acción o discurso político se convierte en donde dije digo digo diego. Desaparecen ante la responsabilidad de gobernar, que es tan perentoria que se puede renunciar a lo que uno creía, pensaba y defendía con tanta pasión poco tiempo antes.


El poder siempre cambia. Provoca que renunciemos a aquello por lo que creímos y luchamos. Es capaz de provocar que doblemos las rodillas ante las fuerzas del sistema, que caminemos a su lado y no frente a ellas, que trabajemos por mantenerlas y no por eliminarlas. Sirve para colaborar en el mantenimiento y la consolidación del status quo. Así se convierten en políticos homeostáticos. Zapatero no es ajeno a todo esto. La responsabilidad de gobernar ha estado detrás de su defensa de la reforma laboral frente a las protestas de los trabajadores, esos niños chicos, y a la exitosa séptima huelga general de la democracia. También la saca a relucir para elogiar al PNV y a Coalición Canaria por su apoyo a los presupuestos generales del estado que le permiten afrontar la última parte de la legislatura con cierta tranquilidad. Todo sea por la responsabilidad de gobernar aunque sea enfrentada a los ciudadanos. Sí, esos niños chicos.

Ciudadanos del siglo 21

Publicado el 12 Ee octubre Ee 2010 a las 14:35 Comments comentarios (0)

Han pasado más de 2 años desde que se declaró oficialmente que el mundo capitalista estaba en crisis aunque miles de ciudadanos en España cobraban miserables salarios y tenían serías dificultades para llegar a fin de mes desde hacía años. De hecho, hay personas que no conocían otro estado diferente al de la crisis desde que comenzaron a trabajar. ¿Qué es eso de no estar en crisis? Pero para el sistema estas personas no contaban (ni siguen contando). No importaba que tuvieran que pagar más del 50% de su sueldo al banco para conseguir el sueño de ser propietario de un piso o que consiguieran trabajos temporales con un sueldo precario que no facilitara, en muchos casos, desarrollar un proyecto vital alejado de la casa de sus padres. Para el sistema la crisis comienza cuando afecta a sus instituciones básicas como la banca y las entidades financieras. Si no es así, no hay crisis. Hay crecimiento.

 

Es un hecho que los ciudadanos ocupan una posición residual en este sistema. Lejos de ser el centro de interés de las decisiones tomadas por las élites se convierten en simples peones movidos en función de intereses que les son ajenos. Las decisiones que se han tomado en estos años para hacer frente a la crisis han favorecido a los mercados y a la banca, soslayando a las verdaderas víctimas de la irresponsabilidad de unos pocos, los ciudadanos. A pesar de ello, éstos, muy críticos y descontentos por la situación, apenas se han movilizado permitiendo una amplia capacidad de maniobra a los mercados y a la banca para imponer sus soluciones a los gobiernos, que aceptan las instrucciones de entidades que no han sido elegidas democráticamente por los ciudadanos. Es decir, no sólo provocan una crisis financiera y económica sino que además erosionan la base democrática en la que supuestamente se asientan estos países.

 

En España, los sindicatos se vieron obligados a convocar una huelga general el 29 de septiembre. No querían pero no tuvieron opción. El gobierno, siguiendo las recetas prescritas por entidades ultracapitalistas como el FMI o el Banco Central Europeo, y su sucursal local, el Banco de España, impone una reforma laboral del gusto de la patronal, la cual se queja con la boca pequeña. Si por ellos fuera, hubiera sido aún más dañina contra los derechos de los trabajadores. Además se lanzan globos sonda de cara a reformar las pensiones. Ninguna de estas medidas está pensada para corregir las causas que provocaron la crisis financiera. De hecho, quien dirige el plan de rescate de la crisis son las mismas entidades que causaron irresponsablemente la misma. No tiene sentido lógico pero sí sentido desde el capitalismo.

 

Las élites hacen y deshacen mientras que una parte de los ciudadanos se quedan mirando. Empleos temporales, sueldos precarios, hipotecas axfisiantes, mejor me quedo en casa, que protesten otros, no sirve para nada, la desconfianza en los sindicatos... También están los que apoyan las medidas del gobierno, algunos votantes del PSOE de los que apoyan haga lo que haga y otros que creen que las medidas son adecuadas. La oposición, aunque está de acuerdo, critica al gobierno porque aspiran a gobernar sin importarles, como es habitual en la derecha, el bien común. El posicionamiento de todos ellos lleva a pensar que nos merecemos lo que tenemos y que su pasividad alimenta la voracidad de los peces gordos.

 

A lo largo de la historia, quienes han sido capaces de ponerles en jaque ha sido la ciudadanía. La que se moviliza, la que se organiza, la que comienza a crear espacios de decisión y de acción, la que no se conforma con ser un elemento decorativo más en un mundo Disney, la que demanda espacios de participación y los utiliza, la que se compromete, la que lucha, la que planta cara y no se arredra, la que no acepta chantajes, la que se instruye, la que cuestiona, la que no quiere que la representen pasivamente sino ser parte activa, la que tiene sangre en las venas, la vacunada de discursos vacíos...la ciudadanía, que será del siglo 21, debe ocupar su lugar. ¡Ya!

 

 

Puede que crea

Publicado el 6 Ee octubre Ee 2010 a las 0:30 Comments comentarios (0)

Ya tengo ganas de que llegue el frío. No tengo gran aprecio al calor, que cansa, que apacigua, que adormece. Nos invita a la relajación y al regocijo. Nos mantiene en las playas, sumergidos en el agua, abstraídos bajo los rayos solares, apoyados en la barra del chiringuito tomando un tinto de verano mientras hablamos de cuestiones ajenas, no porque no nos afecten sino porque el calor las mantiene en la distancia, tras esa neblina provocada por la condensación de las altas temperaturas que las convierte en espejismos. No, no me gusta el calor. Puede que sea también por mi excesiva temperatura corporal que me hace insoportable las temporadas de infierno. O por la sensación que me es tan agradable de llegar de la calle, helado y atenazado por el frío, a un lugar más caliente que me alivie. Igual es porque del frío te puedes proteger al lado de una hoguera o arrebujado debajo de una manta. No lo sé. Sólo sé que prefiero el frío.


Puede que crea que nuestra sociedad está suficientemente adormecida para que este calor, que tanto paraliza, contribuya a su mansedumbre. Puede que crea que necesitamos que por nuestras venas corra más sangre, viva y fría, que nos haga reaccionar. Puede que crea que el frío despierta y nos mantiene alerta y que es esto lo que permite tener los ojos abiertos ante lo que ocurre a nuestro alrededor. Puede que crea que es fundamental que nos levantemos y reclamemos lo que nos pertenece. O puede que crea que nos merecemos lo que tenemos porque hacemos poco para evitarlo. O puede que crea que, a pesar de todo, nos gusta el calor más allá de la escenificación teatral de unas protestas con la boca chica. No lo sé. Sólo sé que prefiero el frío.

Wellcome to Spain

Publicado el 8 Ee agosto Ee 2010 a las 19:00 Comments comentarios (0)

No hay nada extraño en el vehemente seguimiento que se ha hecho a las vacaciones de Michelle Obama y su hija en Benahavis. Este seguimiento es coherente con la pleitesia tradicional que reciben los personajes de la farándula o aquellos que se dicen de la alta nobleza. La cobertura mediática de estos acontecimientos corre paralela al interés que despiertan en gran parte de la población española. Sin este interés, ¿a quién le importaría dónde pasan sus vacaciones?. Por eso no es extraño ver áreas acotadas en espacios públicos para el disfrute de estos personajes mientras que decenas de curiosos se agolpan en sus límites esperando ver e inmortalizar la presencia, en este caso, de la primera dama estadounidense. Una mirada, un bostezo, un saludo o cualquier otro gesto son elevados a la categoría de extraordinario. Las visitas a lugares típicos suponen un plus de publicidad que se aprovechará comercialmente con un "aquí almorzó fulanito" o la típica foto con el dueño que prestigia el lugar. Los beneficios económicos y la publicidad que conlleva la presencia de estas celebridades están por encima de cualquier otra consideración política y social. Siempre tendrán a su alrededor a los habituales palmeros que, a costa de su dignidad, doblarán la cerviz a su paso y se encargarán de minimizar u ocultar el historial que arrastran sus admirados.

 

No sé si han existido protestas por la presencia de la primera dama estadounidense pero hubiera sido lógico teniendo en cuenta lo que sucede diariamente en Afganistán (recientemente Wikileaks ha desvelado los crímenes de guerra de Estados Unidos en este país), Iraq o Guantánamo. Los medios de comunicación, que yo conozca, no han informado de ninguna, aunque sólo sea por haber ocupado de forma exclusiva espacio público. Este país, en el que se critica la huelga que los trabajadores del metro de Madrid convocan para conseguir mejorar sus condiciones laborales, probablemente sea más proclive a sacar fotos con el móvil que a protestar o criticar los atentados contra los derechos humanos que comete el gobierno del país al que representa.

 

El fallecido Rey Fahd, que gobernó férreamente su país, Arabia Saudí, en el que se castigaba con pena de muerte, y se castiga, la sodomía y la brujería, veraneaba plácidamente en Marbella. La población marbellí y, principalmente, sus empresas esperaban ansiosas la aparición veraniega del sátrapa por los millones que dejaba en la ciudad y el trabajo que proporcionaba temporalmente a cientos de marbellíes. El Corte Inglés abría sus instalaciones, en exclusiva, para recibir amablemente los millones de la comitiva real. No leí tampoco noticias de protestas por la presencia de un criminal en este país. Por el contrario, el tratamiento que recibió por parte de las autoridades locales y nacionales fue siempre exquisito, incluso después de muerto. La opresión de los ciudadanos saudíes poco importaba ante los millones del rey.

 

Gracias por elegir este país para vuestras vacaciones. Podéis venir tranquilos. Nadie os va a cuestionar vuestras acciones o las del país al que representáis. Acaso algunos medios marginales, que leen cuatro gatos, o grupos de personas con mínima repercusión mediática. Las fuerzas del estado actuarán para protegeros y los medios trivializarán vuestra visita. No dudéis en visitar nuestras playas y comer el exquisito marisco de nuestras costas. Podréis comprobar, a su vez, la amabilidad característica de la gente del lugar. Un saludo vuestro o una mirada furtiva bastarán para manteneros en su memoria como unas personas amabilísimas y gentílisimas. Wellcome to Spain.

 

 

La estanquera más viva que nunca

Publicado el 27 Ee julio Ee 2010 a las 14:40 Comments comentarios (0)

He tenido la suerte de no estar en España cuando el equipo de fútbol ganó el primer campeonato del mundo de su historia. Madrid, engalanada con las banderas del reino, algunas con la corona serigrafiada, otras con el toro y otras a pelo, sólo con los colores rojo y gualda, seguía ansiosa el desenlace de los partidos. A medida que avanzaba el campeonato, los aficionados se ilusionaban con la posibilidad de conseguir el título y se logró lo que ningún otro evento ha podido conseguir desde la dictadura, que Madrid y otras muchas ciudades españolas se vistieran orgullosas con los colores de la bandera española. Afortunadamente, sólo fuí testigo de su evolución pero no de la apoteosis final, sintetizada en el gol de un joven chaval multimillonario de La Mancha. A mi regreso, aún quedaban algunas banderas colgando, tímidamente, de los balcones y de las ventanas en representación de las miles que se ondearon en los cielos españoles. El fútbol ha conseguido, no sé si temporalmente, que se ostenten unos colores que en otros tiempos provocaban la vergüenza de los demócratas por ser representativos de la dictadura y del fascismo español. Hoy, algunos, animan a mirar hacia delante y llevar con orgullo la bandera del país.


Los historiadores conservadores, condescendientes con la dictadura, se han hartado de explicar el origen de esta bandera con el objetivo de eliminar las connotaciones fascistas de la misma, al ser sus colores representativos de 40 años de dictadura y crímenes de estado. ¿Alguien se puede imaginar lo que hubiera ocurrido durante la beatífica transición si se hubiera propuesto la sustitución de esta bandera por otra neutral, como símbolo de la nueva democracia? Ni siquiera se planteó. No hay nada más peligroso que tocar los símbolos del poder. Se optó por una simple fórmula de maquillaje eliminando una parte, el águila de San Juan, para mantener el todo, los colores que sustentaron a los golpistas que acabaron con un régimen legal y democrático. Este vulgar truco de prestidigitación era coherente con la idea nuclear de la transición, cambiar la forma pero mantener el fondo. Aún así aquellos historiadores y los defensores de este trapo seguirán arguyendo la ignorancia histórica de los que no se sienten representados por esta bandera. Es más importante la historia añeja que los crímenes de estado amparados bajo la estanquera.


Sí, hay que mirar hacia delante y dar la importancia que tiene a los símbolos que quieren representar a un país democrático. No se puede hablar de justicia ni de dignidad cuando bajo los colores de esta bandera se ha asesinado y torturado impunemente a miles de ciudadanos españoles. La ceguera y el desprecio por la trágica historia reciente de este país conducen a la trivialización de los símbolos y, como consecuencia, a mostrar orgullosos en los balcones de tu ciudad, o colgada en tu cuello, la bandera bajo la que se produjo un golpe de estado cruento y una criminal dictadura. A mí, esta bandera bicolor no me representa ni me representará por dignidad y respeto democrático.

El argumentario de los cínicos

Publicado el 1 Ee junio Ee 2010 a las 17:50 Comments comentarios (0)

Todo vale. Tenemos unos intereses, una meta y todo lo que hagamos para conseguirlo es válido. Si nos critican, no pasa nada, para eso tenemos el lenguaje. Lo desmontamos, lo damos la vuelta, lo corrompemos y es suficiente para tranquilizar a los millones de convencidos que están esperando a que les fabriquemos unas mínimas explicaciones que puedan utilizar contra esos locos que se atreven a decir que matar a 10 personas, es un asesinato y que si esto lo hace sistemáticamente un estado, es un estado terrorista. Somos capaces de decir que unos soldados, pertenecientes a uno de los ejércitos más modernos del mundo, se tienen que defender de un grupo de activistas de los derechos humanos disparando a matar. El lenguaje, después de haberlos matado, nos permitirá decir que eran unos sujetos peligrosos, con intenciones aviesas, lejos del buenismo de esos pacifistas de mierda, armados hasta los dientes y dispuestos a no dejar títere con cabeza en el momento en que asome algo parecido a un israelí. Si es necesario decir que son unos despreciables terroristas asociados a Al Qaeda o a esos asesinos de Hamas que ocupan, con la connivencia de los palestinos, la franja de Gaza, lo haremos. De hecho, hablar de Hamas siempre nos viene bien cuando nos acusan de terroristas. Nosotros nos defendemos de sus ataques al igual que los colonos israelíes, que se asientan en tierras palestinas, se defienden de los naturales habitantes del lugar. Si algunas personas se atreven a criticar lo que hacemos podemos optar por el descrédito llamándole nazi o antisemita. Por lo demás, no hay problema con los organismos internacionales y gobiernos occidentales. Nuestra labor diplomática será intensa y, como mucho, las huestes pseudodemocráticas sólo conseguiran condenar las muertes ante las cuales nosotros nos apresuraremos a sentir dolor y tristeza. Aunque no lo pudimos evitar dada la violencia atroz con la que nos agredieron. En muchos lugares del mundo se quejarán agriamente pero está todo controlado. Son simples quejas, que no llevan a nada. Además muchas de ellas permiten situar al agresor y al agredido en el mismo plano, lo cual nos viene de perlas. Sólo hay que utilizar la palabra mágica. Siempre habrá alguno que diga ¿Y los de Hamas, qué? ¿Y el gobierno palestino? ¿No son igual de terroristas? Claro que sí. Nosotros sólo somos un país, bendecido por nuestro Dios y por EE.UU, que quiere defenderse de esos terroristas y completar el mandato divino. Pese a quien pese.

 

Cambiar sin cambiar nada

Publicado el 18 Ee mayo Ee 2010 a las 13:45 Comments comentarios (0)

La capacidad de categorizar nos permite entender de una manera más sencilla la realidad que nos rodea. Cada uno de nosotros tenemos un mapa de la realidad formado por distintas categorías en las que vamos interpretando y elaborando la información que recibimos. Estos mapas nos permiten dar sentido y entender la realidad que nos rodea. Cuando nos encontramos con algo de difícil categorización, surge un estado de confusión que finalmente es resuelto creando una nueva categoría o, lo más habitual, incorporándolo a una antigua con la que al menos comparta alguno de sus elementos. En política, de forma simplificada, existen dos categorías en las cuales se enmarcan la mayoría de los partidos políticos, la izquierda y la derecha. Simplificada porque dentro de estás dos categorías existen distintos matices. Teóricamente la inclusión de los partidos políticos en alguna de ellas está relacionada con la práctica política. Esto en la realidad se enfrenta a un problema que tiene que ver con el intento de trascender la práctica a través del lenguaje, como constructor de realidades, lo cual genera un dramático enfrentamiento entre lenguaje y práctica. El lenguaje disociado de los hechos se convierte en un elemento transformador de la realidad que llega a superar y a eliminar sus contradicciones con esos hechos a los que hace mención. De tal manera, que lo que uno dice, independiente de lo que uno hace, tiene un efecto tan poderoso que es suficiente para que de forma acrítica situemos a determinados partidos políticos en categorías que no les corresponde.


Muchas veces la contradicción existente entre lo que dicen y lo que hacen nuestros políticos está perfectamente definida. Es decir, es un acto consciente dirigido a conseguir un objetivo concreto, como puede ser ganar unas elecciones u obtener la confianza de un sector de la población determinado. La categorización de cada uno de estos partidos en la izquierda o la derecha así como, y fundamentalmente, nuestra identificación con uno u otro minimiza la contradicción entre lenguaje y hechos, resultando vencedor de forma habitual el primero de ellos, sobre todo en un contexto de ausencia de crítica. Las palabras que utilizan los políticos no son neutrales sino que tienen una carga moral e ideológica necesaria para activar en nuestros cerebros aquellas características propias que definen nuestras categorizaciones políticas y que refuerzan nuestra adscripción a las mismas. A su vez fortalecen el rechazo a la opción política contraria. La capacidad del político para desnaturalizar el significado de las palabras del contrincante y connotarlas de forma negativa facilita el trasvase de simpatizantes de una categoría a otra. Sólo hay que fijarse en el uso dado por dirigentes neoliberales al concepto de libertad, referido principalmente al "dejar hacer" de las organizaciones comerciales y financieras y el favorecimiento de la acción privada frente al control público del estado o de los ciudadanos. Cualquier restricción a la acción privada o al libre comercio, es tachado de ataque a la libertad individual. Si consiguen instalar en el imaginario colectivo que el control público de una organización supone una transgresión de un principio universal como la libertad individual, lograrán un mayor apoyo a sus tesis impidiendo la participación ciudadana en la construcción de la sociedad desde parámetros de bienestar social, sustituidos por parámetros de beneficios empresariales o financieros. El ciudadano queda, por tanto, a expensas de decisiones de las organizaciones neoliberales sin margen de maniobra, lo cual supone una restricción absoluta de su libertad individual. Lo contrario de lo que verbalmente defienden sus valedores.


En otras ocasiones se produce una contradicción entre lo que se dice y el contexto en el que se pretende llevar a cabo, cuando éste no es el adecuado para el desarrollo natural de lo que se dice. El intento de ponerlo en práctica, utilizando reglas que no le son propias, provoca con el tiempo una desnaturalización de lo dicho y causa en la práctica la asunción de hechos contradictorios con lo que defienden. Esto, a su vez, origina un desplazamiento en el continuo izquierda-derecha, acercándose y asumiendo planteamientos extraños, propiedad de aquellos que sí han definido las reglas y que actúan de forma coherente con la realidad. La existencia de un contexto extraño implica previamente su transformación. Cualquier intento de transformar una realidad política utilizando las reglas inherentes a la misma está condenado al fracaso y origina, finalmente, la asimilación o la transfiguración de lo defendido. El PSOE, que se considera socialista, desarrolla en la práctica políticas propias de la derecha lo cual está relacionado con su renuncia a transformar la realidad y a cambiar las reglas que el sistema capitalista impone en la sociedad española. Este socialismo capitalista, que defiende el partido del gobierno español, es un oxímoron que provoca la fagocitación del elemento más débil por el más fuerte, que es aquel que controla las reglas de funcionamiento, provocando en la práctica la prevalencia de medidas propias de la derecha y el fortalecimiento del sistema actual. Es decir, nada cambia, todo seguirá igual. Aunque nos digan lo contrario.

El guerracivilismo que va y viene

Publicado el 16 Ee abril Ee 2010 a las 11:10 Comments comentarios (2)

El guerracivilismo es un espantajo que saca la derecha y la izquierda acomodaticia cada vez que se intenta hacer justicia en este país. Es la confirmación de que algunos todavía viven pensando en términos de enfrentamiento y de existencia de dos Españas, y con la perspectiva de mantener cuotas de poder heredadas de época no tan democrática. Lo que aquí se discute es que unas personas puedan enterrar dignamente a sus muertos y que se restituya moralmente a aquellos que lucharon por la legalidad. La única respuesta a esto que encuentra la derecha más rancia se llama Paracuellos. Pero las atrocidades cometidas no se limitan al golpe de estado de 1936 sino al periodo franquista, al fascismo español, que cometió crímenes incluso durante la transición que fueron amparados por muchos de los que protagonizaron la no tan modélica etapa.


Primero unas consideraciones con respecto al golpe de estado de 1936. La división de España en dos bandos ideológicos es una afirmación muy repetida, aceptada por la mayoría, pero muy discutible. Parte como muchas otras afirmaciones de una media verdad y es que España quedó atrapada en dos frentes provocados por el golpe de estado encabezado por Mola, Sanjurjo y Franco, entre otros. Pero tengo más dudas en cuanto a que existieran dos Españas divididas ideológicamente, que es lo que se intenta transmitir cuando se habla de ello. Existió un golpe de estado militar, con connivencia de algunos partidos políticos, que a través de las armas y el terror impuso, en los territorios donde tuvo éxito, la ley marcial, reclutando a miles de españoles cuya mayor adscripción ideológica al golpe se daba en ser originarios del territorio donde triunfó por las armas. Una vez derrotada la voluntad popular mayoritaria y el orden legítimo representado por la República, amansada la población y temerosa de nuevos enfrentamientos sangrientos, los golpistas acomodaron la dictadura durante 40 años. Los protagonistas de este estrangulamiento popular y democrático son conocidos. Todos los muertos originados por el golpe de estado y durante la dictadura tienen un único responsable: el golpe de estado. Incluidos los trágicos hechos de Paracuellos. Por lo tanto, ni guerracivilismo, que es un burdo intento de dar valor legal y moral a uno de los bandos, simplemente golpista, ni España dividida ideológicamente, más allá de la fuerza de las armas. Desmontar estos dos dogmas de fe sitúa muchas de las posturas de la derecha en el plano más terrenal de la lucha por el poder y sus privilegios.


La simple petición de restitución moral a las víctimas del fascismo, muertos y asesinados por la dictadura y el golpe de estado, siempre ha provocado la misma reacción alérgica en los sectores más radicales de la derecha y en aquella izquierda que pactó, a través de la ley de amnistía de 1977, la extinción de la responsabilidad penal de los cientos de detenidos y responsables políticos de izquierda que podían ser juzgados por delitos o crímenes, según la legislación fascista. Los militantes de izquierda gritaban amnistía en las calles para conseguir la liberación de los cientos de presos políticos que poblaban las cárceles españolas. Con el tiempo, esta Ley de Amnistía se ha convertido en uno de los argumentos de Luciano Varela para juzgar al juez Baltasar Garzón por investigar los crímenes del fascismo, que en ningún momento de la historia de este país han sido juzgados. Esta reacción alérgica presenta síntomas distintos según la padezca la izquierda acomodaticia o la derecha pero comparten uno común, los crímenes del franquismo no se pueden juzgar. De aquí a la advertencia de que se está animando al enfrentamiento civil de las dos Españas, es sólo un paso. Si además, no sólo se habla de restitución moral sino también de juicio de esos crímenes impunes, a la derecha mediática y política se les salen los ojos de las órbitas. El enfrentamiento está a la vuelta de la esquina. Este "que viene el lobo" es mentira. No existe ni existirá enfrentamiento civil. Es sólo una manera rastrera de utilizar el miedo para impedir logros y avances democráticos. Las consecuencias de un juicio al fascismo español tienen que ver con el fortalecimiento de la democracia española y con el rechazo claro y tajante a unas ideas, a una dictadura y a unas personas que protagonizaron uno de los periodos más negros de la historia de este estado.

El fascismo español o esa cosa de la que no se habla

Publicado el 7 Ee abril Ee 2010 a las 17:50 Comments comentarios (0)

Lo que está sucediendo en estos momentos en España con Baltasar Garzón entra dentro de la lógica del sistema español, urdido durante el fascista regimen de Franco y, lo que después se llegó a llamar, la transición. Generalmente, esta última acompañada de adjetivos muy glorificadores como modélica o intachable. De hecho, dentro de la campaña ideada para convencer a la población de las bienaventuranzas de la trama se incluían despropósitos varios como la oferta a otros países, que habían sufrido el paso de una dictadura a una democracia, del ejemplo español, exangüe y prácticamente pacífico. Con poco éxito, por supuesto, pero suficiente para seguir instalando en nuestro disco duro la bondad de la transición. A lo largo de estos más de 30 años, la maquinaria propagandista se ha encargado de glorificar unas decisiones que en realidad estuvieron muy lejos de ser modélicas y que no supusieron ninguna transición sino una continuación, adaptada a la realidad mundial, occidental y europea. Este país no se ha enfrentado aún a los crímenes cometidos durante más de 40 años por un regimen fascista, violento, opresor y asesino. Se nos ha transmitido una imagen edulcorada de lo que en realidad fue un regimen criminal. Se nos ha vendido una guerra civil cuando en realidad estamos hablando de un devastador golpe de estado, que cercenó el orden prestablecido en contra de la voluntad popular. Se permite, en el colmo de los colmos, que el Jefe del Estado Español, Juan Carlos I, sea el heredero directo del jerarca fascista, Francisco Franco.


El lenguaje crea realidades y cuando algo no se nombra, no existe. Por eso pocos hablan del fascismo español. Han optado por otros términos más suaves como el franquismo ya que el fascismo nos acerca a Mussolini. Nos acerca a Hitler. Todo esto lo explica de forma muy clara Vicenç Navarro en varios artículos, que son interesantes de leer en el día en que se conoce que Garzón se sentará en el banquillo como acusado por intentar juzgar los crímenes cometidos contra la humanidad durante el fascismo español.

 

Construir una democracia desde el ocultamiento y la tergiversación de hechos criminales no es democracia. La elusión, que se favorece en este país a la hora de enfrentarse con sus fantasmas, provoca que la base de esta falsa democracia esté corrompida. Si fueramos conscientes de los horrores cometidos en la dictadura, no se podría concebir la existencia de organizaciones como la Falange Española de las JONS en un estado democrático ni de ninguna otra organización que glorificara el fascismo representado por Franco y sus huestes. Ni cabría en cabeza alguna que un juez que pretendiera juzgar unos crímenes contra la humanidad acabara siendo acusado por hacer su trabajo. El Tribunal Supremo, cómplice del despropósito encabezado por Luciano Varela, merece ser disuelto por connivencia con el crimen. No se puede ser tolerante con los que justifican, defienden y enaltecen la barbarie que sufrieron cientos de españoles durante más de 4 décadas. Se debe practicar la intolerancia más visceral.

 

 

Atrapados por el tinglado

Publicado el 20 Ee marzo Ee 2010 a las 16:30 Comments comentarios (2)

Una vez que sobrepasas la línea, no hay marcha atrás. Estás atrapado por el tinglado.

 

Las decisiones que toman nuestros políticos tienden a ser cuestionadas de forma ideológica, de tal manera que esta o aquella decisión es propia de la izquierda o de la derecha, progresista o decadente, socialmente avanzada o mantenedora del statu quo. Se entiende que los políticos, al pertenecer a una determinada corriente ideológica toman decisiones en función de ella. Esto es cierto a un nivel muy fundamental en el cual se podrían encontrar las bases de los partidos o políticos de influencia limitada, que no ocupan puestos de relevancia. Es falso cuando hablamos de la élite política. La ideología es bulto que se factura cuando la situación lo requiere pero es, también, lo primero que se tira cuando llega el momento de deshacerse del lastre necesario que les permita volar hasta el paraíso soñado. Existen los que traicionan unas ideas, que sostienen desde que eran jóvenes, y los que, conscientemente, las instrumentalizan para conseguir sus intereses. Todo esto se produce además en un contexto propicio creado por el sistema capitalista, donde la ideológía está muerta y el poderoso caballero, que recitaba Quevedo, reina déspotamente.

 

Gobernar implica estar sujeto a fuertes presiones que defienden intereses ajenos al bien común y ello implica que las buenas intenciones se deben dejar aparcadas a la entrada del despacho oficial. Hay un ajustado margen de maniobra que cualquier político "responsable" no debe rebasar. Los cantos de sirena, que el sistema capitalista entona para todos aquellos que comienzan a manejar cuotas de poder, ejercen un atractivo insoslayable para todos ellos. De esta manera, un socialista francés como Dominique Strauss-Kahn se puede convertir en director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), organismo que ha provocado desastres económicos en varios países y hundido en el subdesarrollo a la mayoría. Otro famoso socialista inglés, Tony Blair, colabora en la destrucción de Iraq mientras se beneficia de un contrato con la empresa surcoreana UI Energy Corporation con intereses petrolíferos en el Kurdistán iraquí. El socialista español Joaquín Almunia, hasta hace un mes Comisario Europeo de Asuntos Económicos y Monetarios de la Unión Europea y actual Vicepresidente y Comisario Europeo de Competencia, recientemente hizo unas calculadas declaraciones que provocaron la mayor caída de la bolsa española desde 2008 además de la caída de las bolsas de los otros 2 países a los que se refirió, Portugal y Grecia. ¿Alguién puede creer que Almunia no conocía de antemano las repercusiones de sus declaraciones?

 

Las decisiones fundamentales que toman nuestros gobiernos tienen un componente básicamente económico. Mientras nosotros hablamos de libertades, ellos hablan de ganancias. No les importa traicionar ideales porque éstos son impostados, utilizados para medrar y obtener beneficios, pero saben cómo utilizar el lenguaje y los medios de comunicación para convencernos de lo contrario. Todo se encuadra dentro de la lógica del sistema. Pecamos de ingénuos. ¿Cómo pensamos que se pueden sustraer de las presiones de las fuerzas directivas del sistema?

 

Una democracia manchada. Sangre y cunetas

Publicado el 18 Ee febrero Ee 2010 a las 20:05 Comments comentarios (0)

La transición española es uno de los mitos fundacionales de la democracia del 78. Según la RAE, mito es una narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico. Con frecuencia interpreta el origen del mundo o grandes acontecimientos de la humanidad. Sí, la transición es el relato ideado para explicar uno de los momentos de mayor incertidumbre de la historia de España del siglo 20. La muerte del dictador Francisco Franco dejó a España huérfana del hombre que dirigió su camino durante 40 años, aflorando los miedos por un posible enfrentamiento entre eso que se llamó las 2 españas. La propaganda franquista no dejó durante el régimen de alertar a la poblacion de la amenaza roja, por lo que siguió alimentando el temor y la animadversión ante cualquier cosa que sonara a izquierda y, fundamentalmente, a comunista. De forma paralela, con la aplicación de la censura y la mediatización de los medios de comunicación consiguió inocular, en el interior de la cabeza de la mayoría de la población, la versión suave e idílica de un régimen que, años después de la muerte del dictador, aún se adivinaba en frases tan manidas como Con Franco se vivía a mejor o Franco hizo cosas muy buenas.

 

La España ideal que mostraban los medios chocaba con la represión, la tortura y el asesinato que formaban parte de la columna vertebral que mantenía erguido al monstruo y que permitió su existencia durante tantos años. Estas muertes se ocultaban a la mayoría de la población o se justificaban a partir de la maldad intrínseca de los inícuos torturados o asesinados. No en vano ser homosexual, gitano o rojo era suficiente para validar un uso abusivo de la fuerza. La existencia de realidades paralelas en la España franquista fue, por tanto, anterior a los apasionantes descubrimientos de la física cuántica pero los españoles de a pie sólo tenían ojos para los embalses del caudillo. Para lo demás o estaban ciegos o daban su aquiescencia.

 

Durante la transición se tuvieron que dirimir no sólo aspectos políticos sino también la continuidad de la estructura de poder y mientras que lo primero sí fue negociable, lo segundo era inamovible. La legalización del Partido Comunista supuso un acontecimiento para toda la izquierda española, y un disgusto para la derecha más rancia, pero fue una cesión irrisoria que no ponía en peligro el interés principal de la élite franquista. Un poderoso virus extendido por todo el sistema y con capacidad de sobrevivir en un entorno amenazante como era esa incipiente democracia, edificada por esos personajes de carácter divino o heroico. La adaptación y el mimetismo posterior les permitieron crecer y desarrollarse, hasta el punto de parecer demócratas de toda la vida.

 

Después de 42 años, el franquismo sigue instalado en la estructura de poder de nuestra democracia y defiende, de forma muy eficiente, cualquier ataque contra aquello que fueron y que les hizo lo que son ahora. La derecha franquista no realizó ningún sacrificio real en la tan alabada transición porque continuó manejando los resortes del poder. El cuestionamiento de este poder sí hubiera acercado a aquella España postfranco al enfrentamiento civil pero la izquierda política renunció y se conformó con una pequeña porción del pastel. Fue la izquierda social la que se sacrificó.

 

España es un país en el que la glorificación de una dictadura que torturó, asesino y reprimió a los ciudadanos no provoca ningún pudor en quienes la realizan. No provoca un rechazo social y las quejas son reprimidas por la propaganda de medios afines, que ofrecen no una visión neo-revisionista de la historia sino la misma que contaron durante 40 años a millones de españoles, repetida como un mantra hasta que lograron que se instalara en su disco duro. En el año 2010, la simple muestra de una realidad, como la comisión de crímenes contra la humanidad durante la fatal dictadura, provoca una reacción aplastante de los poderes fácticos dirigida a eliminar a todo aquel y todo aquello que ose cuestionar al regimen que les define. Nuestra democracia está manchada de sangre y guarda sus muertos en las cunetas de las carreteras. Hay jueces encargados de que esto sea así per secula seculorum. Amén.

 

La izquierda que salta muros

Publicado el 9 Ee noviembre Ee 2009 a las 5:05 Comments comentarios (0)

Muros físicos y psicológicos, invisibles y sólidos, reales y virtuales.La caída del muro de Berlín fue puramente simbólica. La ausencia de libertad que se vivía en los países del este de influencia soviética se transformó en la libertad de los países occidentales de influencia estadounidense. La libertad de comprar y vender, de los centros comerciales, de los McDonalds, los 7-eleven, el mercado. La izquierda, que no se había arrodillado a los postulados capitalistas y neoliberales, comenzó su largo peregrinar por la oscuridad que llega a nuestros días, noqueada ante la realidad de los países satélite socialistas. ¿Cómo conjugar la idea de libertad e igualdad propia de la izquierda con lo que sucedío? La confusión se convirtió en su acompañante más leal. Los partidos socialdemócratas comenzaron a atraer a todos aquellos huerfanos e intentaron rellenar sus vacíos ideológicos con material ficticio, literalmente recogido de la chatarrería capitalista. Herederos de la izquierda moderada asumieron postulados del mercado e incluyeron en sus idearios conceptos propios del neoliberalismo que se había convertido en la nueva biblia del país que más ha retorcido el concepto de libertad hasta vaciarlo de contenido, Estados Unidos, y que con la caída del muro se declaró vencedor de la guerra fría que asoló el mundo durante décadas. Los estigmatizados partidos de izquierda comenzaron a perder simpatizantes año trás año hasta convertirse en partidos residuales de mínima influencia política, incapaces de renovar su viejo discurso y de adaptarlo a la nueva realidad. Los partidos de la derecha y de la ultraderecha se beneficiaron del movimiento pendular de muchos de estos izquierdistas ideológicamente noqueados.


Se celebra el 20 aniversario de la caída del muro de Berlín cuando en el nuevo mundo que surgió de aquel acontecimiento histórico se construyen nuevos muros. Israel construye su particular idea del muro en su lucha apartheid contra los palestinos. En una ciudad eslovaca se construye un muro que separa a la población gitana de la no gitana. El muro que separa a los ricos de los pobres cada vez es mayor, entre occidente y oriente, el que nos protege de los inmigrantes pobres, de los hambrientos. La guerra fría acabó pero no el sufrimiento de las guerras provocadas por los miles de conflictos que existen en el mundo, que sigue girando detrás de intereses bastardos. No, no pienso que el mundo postmuro sea mejor. Cayó el muro en Berlín pero continuaron y se levantaron muchos otros en otras partes del mundo. La estupidez sigue gobernando sin ningún obstáculo. Por eso pienso que los valores propios de la izquierda son válidos y necesarios. La izquierda contraria a la guerra, la izquierda de la solidaridad, de la libertad y de esa palabra tan arcaica para algunos como es la fraternidad, la izquierda que cuida su planeta, que respeta y defiende inequívocamente los derechos humanos, que cree en la distribución justa de la riqueza, aquella cuya mirada es global y universal, aquella que pertenece exclusivamente al ciudadano, centro y origen de todo su pensamiento. Una Izquierda pluralista y democrática. No existe otra.

 


Todo vale si consiguen lo que quieren

Publicado el 18 Ee octubre Ee 2009 a las 15:05 Comments comentarios (0)

Cada vez que los bienpensantes han invadido las calles de Madrid he tenido la suerte de estar de viaje. Cientos de autocares de toda España acuden a la capital para participar en esas manifestaciones contra los derechos que organizan las principales organizaciones de la derecha y de la extrema derecha española como el Foro español de la Familia o el Partido Popular. En esta ocasión, las organizaciones que se autodenominan pro-vida, para distinguirse de todos aquellos que somos pro-muerte, animan a las familias católicas, apostólicas y romanas a protestar contra la reforma de la ley del aborto y, de paso, para protestar contra el aborto en cualquier circunstancia, acción que omitieron cuando su partido ocupaba la poltrona del poder. Igual uno de estos días se convoca una protesta contra los variados y abundantes casos de corrupción de esos que les acompañan en las cabeceras de sus manifestaciones, pero no caerá esa breva.


La maquinaria mediática de la extrema derecha, como Intereconomía, ofreció una cobertura completa de la manifestación que, según sus propios periodistas, fue la más multitudinaria de los últimos tiempos con una estimación de alrededor de dos millones de personas. ¡Dos millones de personas! Nada más y nada menos. En todas las manifestaciones de cualquier signo se tiende a sobrestimar la cifra de asistentes para poder defender el éxito de la convocatoria pero lo que hacen estos vocingleros es exagerar la cifra hasta convertirla en ridícula e increíble. No en vano, lo ridículo y absurdo forma parte del argumentario de la extrema derecha por lo que ninguno de sus integrantes lo critica sino que lo entienden como una parte indispensable y lógica para atacar a todos estos progres de gafapasta, que sino son comunistas les falta poco. Es todo tan irreal que cuando se ve al periodista de intereconomía lanzar su micrófono a uno de sus colaboradores y comenzar a saltar con un grupo de adolescentes, a los que previamente se les había aleccionado, mientras coreaban ¨Viva la vida, alegre y divertida¨, uno no sabe si es un sueño, un programa de cachondeo o Sálvame Deluxe.


El lema escogido ha sido ¨Por la vida, la mujer y la maternidad¨ lo cual no está en contradicción, según su lógica, con el manifiesto desprecio hacia la ministra de Igualdad, a la cual tratan simplemente como Bibiana en un intento infantil de ningunearla. Tampoco está en contradicción con que muchos de los médicos que practican abortos legales en clínicas legales tienen que protegerse de posibles atentados contra su vida. Da igual que sus actos y sus ideas invaliden los principios por los que deciden ocupar las calles.


Podríamos entrar en el debate del aborto si realmente esta manifestación fuera por el aborto pero, en realidad, el interés de los organizadores es otro. Esta manifestación, al igual que las otras que se han celebrado por otros motivos, se celebra contra el gobierno, con el objeto de resquebrajar su fortaleza y allanar el camino para la venida del salvador de la España una, de la moral y de la religión, católica por supuesto.


También se realizan contra los derechos de la ciudadanía. Hay personas en este país que quieren acabar con los derechos básicos conseguidos históricamente por la acción de los movimientos sociales que, en contraste, sí luchan por la obtención de derechos por los menos afortunados y por los discriminados y que, además, reciben los mayores ataques de la caverna como de los que son objeto las feministas o los homosexuales. La especial habilidad de los organizadores de estos eventos para maquinar es tan afinada que, sin esfuerzo alguno, son capaces de movilizar a sus acólitos manipulando sus principios morales, exacerbando las diferencias y alimentando el enfrentamiento. Todo por conseguir el mayor de los tesoros, la sala de control desde donde puedan dirigir ese cortijo que llaman ¡España, España, España!

Perversiones, corruptelas y otras putrefacciones (y a mí me das un trabajito, anda)

Publicado el 14 Ee octubre Ee 2009 a las 16:00 Comments comentarios (0)

Dirán que no hay que generalizar, que no todos lo hacen y sí, es posible, pero España es un país de corruptelas y corrupciones. Aunque fueran pocos son demasiados para que sea soportable. Se esconden en las administraciones públicas, ayuntamientos, diputaciones, en aquellos lugares donde haya un poquito de poder, aunque sea la comunidad de vecinos. Están los que corrompen y los que se dejan corromper, los que miran a otro lado o alargan la mano para recibir lo suyo, los que justifican, los que se callan. Todos ellos forman parte del mismo tinglado y en España, poblaciones enteras (lease Marbella, como ejemplo más evidente), conocedoras de lo que sucedía en sus ayuntamientos, han callado porque el meter la mano en la saca pública también les beneficiaba a ellos en forma de trabajo, en bonitas glorietas o en la expulsión de indeseables que estropeaban las postales. Sí, la corrupción ha sido y es aceptada por gran parte de la población. Qué no nos engañen las diatribas tabernarias alentadas por el alcohol. Si nos favorece o no nos perjudica, nos callamos, aceptamos, toleramos, permitimos. Lo que es inaudito, en el sentido de extremadamente vituperable, es que políticos acusados por varios delitos (lease Carlos Fabra) sigan gobernando sin ningún impedimento ciudadano, ya no digo judicial infestado también por el virus corrupto (lease De la Rua). Lo que es inaudito es que no haya nadie delante de la sede del Partido Popular protestando por la oleada de acusaciones contra miembros de este partido por corrupción (lease los periódicos). Lo que es inaudito es que los propios  seguidores y afiliados de este partido (si fuera otro pasaría lo mismo) no estén reclamando que aquellos a los que dieron su confianza asuman la responsabilidad de su rapiña. Lejos de esto se oyen argumentos del tipo "en todos los sitios hay manzanas podridas", es una "maniobra política de descrédito" o negar la mayor, la menor y la mediana. Y así nos va. Las trampas forman parte del código genético de un país que se enorgullece de eso que llama picaresca. Hoy se llama Francisco Camps o F. Correa, mañana se llamarán de otra forma pero mira a ver si me das un trabajito y me hago el tonto.

 

Súbditos o soberanos

Publicado el 11 Ee octubre Ee 2009 a las 15:50 Comments comentarios (0)

¡Oh Irlanda! Obligada a repetir un referendum porque el resultado no había sido del gusto de los que dirigen, ordenan y mandan. Es un ejemplo claro de como cuando no sale el resultado esperado por las élites, se conspira y manipula hasta que consiguen lo que quieren. En ocasiones se encuentran con obstáculos traducidos en movimiento ciudadano, que se moviliza y exige. Pero sólo en ocasiones. Tampoco creo que esto importe demasiado. De hecho, las voces contrarias a lo que ha sucedido en Irlanda son mínimas y esto se debe, por supuesto, al éxito de las maniobras de ocultación y manipulación. También a la distancia que existe entre la ciudadanía y los centros de poder. Hay muchas personas que se consideran apolíticas, que reconocen su mínimo interés por la política, descreídos de los políticos, resignados a tener una mínima participación en esto que llaman democracia, la cual se reduce a los votos en las distintas elecciones municipales, nacionales o europeas. Además hay un crecimiento gradual de ciudadanos que renuncian a ejercer su voto, conscientes de la inutilidad del mismo para conseguir que aparezcan cambios reales.

 

De esta manera el campo de acción se reduce a la existencia de una élite endogámica, la mayoría descendientes de otros que gozaron de las mieles del poder en el pasado, y una ciudadanía pasiva, resignada e indolente. Por supuesto que existen movimientos sociales y ciudadanos activos y que pretenden crear alternativas a la situación social y política que vivimos pero son una isla en el océano con dificultades para llegar a la mayoría de la población, en parte porque no manejan los medios de transmisión y comunicación, que sí controla la élite, lo cual provoca que sus mensajes no salgan de círculos restringidos a aquellos ciudadanos políticamente activos. A esto se une que la población percibe estos movimientos como radicales, en el sentido más negativo del término, es decir, peligrosos. Claro que son radicales porque atacan directamente a la base del sistema que mantiene a unos privilegiados en la sala de control.

 

Todo esto no deja de ser un éxito de las élites que a través de sus acciones han conseguido reducir la ciudadanía a meros receptores de decisiones de otros y reducir la acción de los movimientos sociales y políticos a la marginalidad. Sólo se despiertan las conciencias cuando una de las partes, que se reparten el poder, necesita movilizar a la ciudadanía para conseguir objetivos bastardos, ocultos tras trabajados argumentos  dirigidos a activar y a reclutar súbditos. Objetivos que con el tiempo salen a la luz pero que son maquillados de cara a venderlos de nuevo a la ciudadanía. Por ejemplo, tras el "No a la guerra" capitalizado por fuerzas políticas de izquierdas no se encuentra un interés real de trabajar por la paz. El mismo grupo político, PSOE, que se oponía ferozmente a la guerra de Iraq es capaz de defender en la actualidad las acciones de guerra que el ejército español desarrolla en Afghanistan, coherente con la orden de las élites más poderosas del planeta.Acciones de guerra que, como recientemente afirmó el ministro de interior español Rubalcaba, se engloban dentro de una misión de paz. Esta es una de las perversiones del lenguaje a las que nos tienen habituados. Lo que es guerra, nos lo venden como paz. Lo que son muertos, ni los mencionan. No dan los datos de las muertes provocadas por disparos de soldados españoles porque iría en contradicción con la idea básica de misión de paz y podría encender la mecha que iniciara una oposición social, capitalizada por fuerzas políticas contrarias.

 

La renuncia de gran parte de la población a la participación política, hastiada de tanta manipulación, es una actitud favorable para los intereses de las élites. El apoliticismo es un error puesto que todo es política desde la votación en unas elecciones generales (incluída la abstención políticamente responsable) hasta las becas de los colegios o la factura del móvil. Todo lo que nos rodea sucede por decisiones que nosotros no tomamos. Tomar las riendas implica crear un yo político. De esto depende seguir siendo plebeyos y súbditos o convertirnos en soberanos de nuestra realidad.

 

Ciudadanos pasivos, ignorantes y esclavos

Publicado el 28 Ee septiembre Ee 2009 a las 5:50 Comments comentarios (0)

 

Somos meros espectadores pasivos con la ilusión creada de ser parte activa del mundo que nos rodea. La ficción de las elecciones nos hace creer que nuestros votos sirven para cambiar aquello que no nos gusta y conseguir aquello que queremos a través de los representantes que creemos elegir. Pero es sólo eso, ficción, simple artificio con mínimas repercusiones prácticas pues las elecciones se crearon para mantener el sistema imperante y protegerlo de cualquier tentativa de modificar su esencia o eliminarlo. Todos los cambios realmente importantes se han conseguido a partir de las movilizaciones populares, el activismo ciudadano o la desobediencia civil. Ha sido el protagonismo de los ciudadanos el que ha obligado a los representantes políticos del sistema a introducir cambios en las reglas, ciudadanos que se armaron, que comenzaron a utilizar las herramientas del poder para modificarlo. El sistema aún así ha sido capaz de autorregularse y adaptarse a esas modificaciones que fueron aparentemente importantes pero en el fondo insustanciales puesto que no supusieron un cambio de las reglas de funcionamiento.


El sistema ha desarrollado diferentes mecanismos para mantener el control del juego y ha depurado las técnicas de prestidigitación para mantener a los ciudadanos sumisos. La idea de ser protagonistas de un videojuego manejado por una fuerza invisible, que no es precisamente Dios, es una metáfora poderosa. Si quieren que nos quedemos en casa, tranquilos, apáticos y aburridos nos quedaremos y si quieren que salgamos a la calle, protestemos y gritemos, saldremos. Sólo tienen que apretar la tecla adecuada y nos ponen en acción o en stand by. Por eso una manifestación airada de eslóganes ingeniosos no produce ninguna molestia y sí sonoras carcajadas transformadas en medidas antipersonas. Aún así considero que la ocupación de las calles es un arma imprescindible, pero utilizada de otra manera.


Una de las herramientas que utilizan para hacer creer que están trabajando para solucionar los grandes problemas de la humanidad son las reuniones, las cuales son vendidas por los medios de comunicación, voceros de los aglutinadores del poder, como esenciales, importantes, fundamentales y demás adjetivos que trasladan la idea de acción, de afrontamiento, de preocupación, de ponerse manos a la obra para conseguirlo. Cada una de estas reuniones es más esencial que la anterior. La realidad es que no hay nunca ningún resultado. Solo un intento de maquillar el objetivo que es fortalecer el sistema y protegerlo de cualquier ataque. Todos los participantes en estas reuniones son sus aliados. TODOS.


Hay momentos en los que las bases del sistema flojean y necesitan ejercer una brutal violencia para controlarlo. Es en estas situaciones cuando la maquinaria del poder aparece en toda su terrible realidad pero es ocultada por los partidos políticos, gobiernos y medios de comunicación que comienzan a asignar etiquetas, de probado funcionamiento, a aquellos que se atreven a plantarles cara.Se les gasea, golpea, detiene y asesina. Son minoritarios pero mínimamente organizados para acudir a cada uno de sus engañosos encuentros y tienen suficiente capacidad operativa para provocar la aparición, aunque sea de forma temporal, de un gesto de preocupación. Pero no basta porque la etiqueta de antisistema es suficientemente poderosa como para alejar al resto de la ciudadanos de cualquier acción de sabotaje contra los opresores.No hay que olvidar quiénes son los que dan significado a las palabras.


Los ciudadanos son, por definición, pasivos y me refiero al significado que tiene esta palabra para los seguidores del sistema. La pasividad incluye la aceptación de cualquier decisión tomada desde órganos que se han vendido como expertos y la inacción ante cualquier problema por mucho que esté afectando. Los ciudadanos son, por definición, ignorantes por lo que deben delegar en aquellos que sí saben y entienden. Se les demanda fe ciega en decisiones o soluciones que no se explican, no se entienden y no se comparten, ajenas a los intereses de la ciudadanía y que apuntalan los cimientos del sistema. Los ciudadanos son carcasas vacías que necesitan ser rellenadas y para ello se utilizan las ideologías, que, lejos de ser un marco que nos permite entender el mundo en que vivimos, se convierten en herramientas de alienación que da al ciudadano la condición de esclavo. Esta es la idea del ciudadano por parte del sistema: pasivo, ignorante y esclavo.


La modificación de las reglas del juego empieza por la modificación del perfil de los jugadores. Hasta el momento los ciudadanos son sólo fichas que se mueven en la dirección que otros deciden.