Algo que contar

La voracidad de los mercados

Publicado el 8 Ee septiembre Ee 2011 a las 13:05 Comments comentarios (0)

 

Parece mentira que se tengan que recordar las tretas de esos q llaman mercados y que tantos beneficios económicos han amasado durante el siglo 20, por no irnos muy lejos, y el recién siglo 21. Argentina, Chile, Guatemala, Somalia y cientos de países, de esos que llaman en desarrollo, han sufrido la voracidad imparable e ilimitada de esos que se autodenominan expertos en desarrollo económico como la OCDE, el Banco Mundial o el FMI, complejas, coordinadas e implacables herramientas de los poderes económicos. Países arruinados y empobrecidos, desregularización de los mercados, desaparición o marginalidad del mercado local, aumento de las diferencias de clase e injusticias sociales, deterioro del medio ambiente y todo ello conseguido a través del mantra "desarrollo económico". Las medidas capitalistas han agredido a cientos de millones de personas que han visto reducidas sus vidas a la miseria, las deudas y el empobrecimiento. Mientas, otros, los menos, se han enriquecido a su costa. Esto no es demagogia sino una realidad palpable, aunque los poderes políticos y otros lacayos, como los ejércitos de expertos económicos, se encarguen en negar esta evidencia. Pero, claro, esto hasta hace unos años lo veíamos de lejos. Ocurría en lejanos países y no nos afectaban sus realidades, que en la mayoría de los casos hasta desconocíamos. Solo éramos conscientes de sus problemas cuando las televisiones nos informaban sobre su miseria y sus desgracias, sin explicar las causas pero emocionando a las solidarios ciudadanos de buen corazón de los países occidentales para que metieran la mano en el bolsillo y ayudaran a esa pobre gente que necesitaba tanta ayuda. El mismo leit motiv que las organizaciones dirigidas por el poder económico pero con mucha peor intención. Ayudar a los países en "vías de desarrollo" era el motivo por el que las economías de esos países eran intervenidas y dirigidas por los expertos del FMI o el Banco Mundial, pero no por solidaridad. Prestaban dinero cobrando unos intereses que convertían en acreedores por perpetuidad a  los gobiernos nacionales, convirtiendo en meta inalcanzable la generación de riqueza que repercutiera directamente en cada país y permitiera el crecimiento económico. Ante la persistencia del subdesarrollo, se seguía insistiendo, y obligando a que se implementaran las medidas económicas que se les dictaba. Se seguían recortando derechos sociales y laborales  y privatizando los servicios públicos. Todo ello en aras del crecimiento. Todo esto lo veíamos desde la barrera, como meros espectadores, mientras firmábamos nuestras hipotecas pensando que nunca nos iba a pasar, que nuestras comodidades eran para siempre. Pero no. Los poderes económicos son insaciables y ya han elegido a sus nuevas víctimas: los países europeos, y entre ellos, como no, el estado español. Empiezan con Grecia, Irlanda, Portugal, el estado español e Italia y acabarán con Francia y Alemania. Se está repitiendo el mismo patrón que en los países sudamericanos y africanos. Son los mismos expertos que hundieron a estos países quienes nos indican las medidas que se tienen que tomar, sin alternativa alguna, como el único camino posible para salvar la crisis económica. Nos hablan de reformas imprescindibles a las cuales seguirán otras igual de imprescindibles e irán encadenando reformas hasta que consigan reducir el estado de derecho a la mínima expresión. La OCDE, el FMI o el Banco Mundial y, sobre todo, quienes están detrás de estas organizaciones son el problema. Nunca han sido la solución ni nunca lo serán. Sus indicaciones no han generado en ningún país del mundo mayor bienestar y riqueza para sus ciudadanos, ni han mejorado sus derechos sociales y laborales, ni han redistribuido la riqueza ni han creado desarrollo económico y no lo generarán ahora. La movilización y la organización ciudadana son imprescindibles para enfrentarse a estas agresiones aunque todavía muchos se quedan en casa, aquellos que todavía mantienen cierto bienestar y se amparan en el trabajo, que todavía no han perdido o aún no se ha precarizado. Aquellos que siguen confiando en los partidos que legitiman las políticas económicas que les dictan. Aquellos que piensan que no es tan grave y que la reforma laboral, la de las pensiones o la de la constitución española son necesarias para salir de la crisis. Pero los mercados ya nos avisan. Se necesita profundizar en las reformas. Son insaciables.

Aquello que nos dijeron

Publicado el 11 Ee junio Ee 2010 a las 14:45 Comments comentarios (0)

Ya nada es como antes o ¿todo sigue igual? Aquella burbuja que unos construyeron y que todos alimentamos se había convertido en una nueva forma de esclavismo. La disposición de una economía para afrontar la compra de cualquier producto había dejado de ser una condición necesaria ya que podíamos acceder a créditos e hipotecas de forma indiscriminada. Cualquiera podía comprar un piso y de esta posibilidad se encargaron los bancos, inmobiliarias, políticos y gobiernos de cantar a los cuatro vientos como atractivas sirenas. Pocos se resistieron a sus encantos. Salarios mínimos e hipotecas de por vida que se encarecián año trás año. Los alquileres suponían al menos la mitad de los salarios y muchos jóvenes sólo podían plantearse la independencia compartiendo piso con amigos o desconocidos. La crisis era un concepto familiar porque se vivía en sus axfisiantes entrañas. En las charlas informales entre amigos aparecía en ocasiones la sensación de que esta situación era insostenible pues muchos trabajaban para pagar una hipoteca y con la perspectiva de toda una vida. Los precios de la vivienda estaban muy por encima de lo que se consideraba razonable. Cuartuchos malolientes eran alquilados o vendidos a precio de oro sin que los vendedores o compradores fueran conscientes de la absurdidad de la situación o, aún siéndolos, asumiendo la kafkiana realidad. Los carroñeros, ávidos de dinero fresco, aprovecharon la oportunidad de enriquecerse en virtud de este ambiente tan propicio que ninguna autoridad se planteó limpiar. A pesar de que todos pensábamos que la burbuja tenía que estallar nadie hizo nada excepto sorprenderse cuando quebró el banco de inversiones Lehman Brothers.

 

El 15 de septiembre de 2008 fue el pistoletazo de salida de eso que llaman crisis, a pesar de que la mayoría de los ciudadanos del mundo no saben más que vivir en crisis. Muchas autoridades políticas de distintos países occidentales se apresuraron a declarar que era ineludible una reforma del sistema financiero y monetario, que era imprescindible regular el mercado y acabar con su omnipotencia. Incluso se amenazó con identificar a los responsables para que dieran cuenta de sus actos. Sí, y también se habló de los paraísos fiscales. Se dijeron muchas cosas y a algunos les pareció que hasta iba a cambiar algo. Hasta el FMI. Casi 2 años después todo sigue igual. La reforma financiera tan necesaria está aparcada porque ahora son más importantes otras cosas. Las mismas cosas que eran importantes antes de este lío. El FMI comienza a aplicar sus fórmulas habituales pero ahora en países europeos como Grecia y España. En España se pasa de la reforma financiera a la reforma laboral, que ahora se ha convertido en lo realmente importante, además de aplicar las órdenes de Bruselas y FMI, que en nada revertirán la situación. Básicamente, todo ha vuelto al orden preestablecido y comenzamos el nuevo ciclo que nos llevará a la siguiente crisis, seguramente más virulenta y cruenta que la actual (para los ciudadanos). Los gobiernos, en connivencia con los centros de poder económico, toman medidas dirigidas a blindar los beneficios y proteger la libertad de acción de los centros empresariales y de poder mundiales. Modifican el mensaje después de los primeros momentos de incertidumbre en los que se les llego a pasar por la cabeza cambiar el sistema. Ahora el mensaje es que todos tenemos que apretarnos el cinturón. Es decir, nosotros. Los ciudadanos de a pie que ya saben lo que es vivir en crisis puesto que es su estado natural. Y cuentan con una gran ventaja, que no vamos a hacer nada. Hasta que nos quemen el culo.

Mecanismo homeostático del je je veinte

Publicado el 3 Ee abril Ee 2009 a las 6:55 Comments comentarios (0)

Los países más poderosos del mundo se han puesto de acuerdo para afrontar una de las peores crisis económicas conocidas desde el crack del veintinueve del siglo pasado. Tenemos que felicitarnos porque nuestros políticos han podido acordar un plan común para revitalizar el sistema financiero mundial. Sonrisas y apretones de manos. El histriónico Berlusconi consiguiendo una foto entre el mandamás ruso, estadounidense y chino. Es un momento histórico. Sí, muy bien.

 

El Fondo Monetario Internacional o Efe Eme I, uno de los brazos armados del movimiento neoliberal, causante de tormentas económicas en decenas de países como Argentina, boa constrictor de sus gobiernos, es uno de los encargados de reactivar la economía mundial a partir de la inyección económica de seis mil millones de dólares que utilizará para prestar a los países menos desarrollados. Este FMI que introduce la práctica neoliberal allá donde está. Este FMI que defiende la desregularización de los mercados, la iniciativa privada a costa del recorte de los gastos sociales, que minimiza al estado de florero a los gobiernos legítimos. Este FMI que es el mismo que el de hace un año, que no, que no ha cambiado, que no ha habido ninguna reforma, que se dirige por los mismos principios que le han convertido en el Dios y Señor de cualquier país por el que asoma el hocico, va a colaborar en sacar al mundo de la crisis económica.

 

Los poderosos han decidido revitalizar económicamente el sistema inyectando miles de millones de dólares sin cambiar los principios ni las bases ni los organismos que han favorecido, creado, causado la aparición de la actual crisis. Sólo es más de lo mismo. Esto es lo que hay.

 

Saldremos de la crisis, sin duda. El dinero volverá a fluir en la misma dirección de siempre, hacia los mismos bolsillos, y viviremos en el mismo mundo que antes de la actual tormenta económica. Sustancialmente el mismo. Pero modificar el sistema sólo es posible desde un cambio estructural, desde una nueva elaboración  de los principios fundamentales, desde otra mirada.