Blog: Algo que contar

Jueces y verdugos

Publicado el 26 Ee marzo Ee 2011 a las 8:05 Comments comentarios (0)

Muy pocos dudan de que Gaddafi es un dictador sanguinario que ha oprimido a su pueblo restringiendo libertades básicas. Lo es ahora y lo ha sido desde hace 40 años. Aún así, algunos dirigentes de la izquierda democrática como Hugo Chavez o Daniel Ortega no han escatimado elogios y apoyos al dictador sin atender a los deseos del pueblo libio, que contagiado por la ola de protestas en el mundo árabe y del Magreb, se levantó el 16 de febrero contra el dictador exigiendo cambios y reformas. Desde el comienzo de las protestas en Libia se ha hecho alusión al petróleo y al imperialismo como justificaciones del levantamiento desconectándolo del contexto de protestas que se han extendido por la zona. Las potencias occidentales, testigos de la caída de otros dictadores como Mubarak y Ben-Alí por las protestas del pueblo egipcio y tunecino, creyeron que Gaddafi en Libia sería, inevitablemente, el siguiente en caer y, desde mi punto de vista, cometieron errores estratégicos en los primeros momentos que limitaron la presión y maniobra diplomática, que sí funcionó en los casos de Egipto y Libia. Gaddafi no aparenta ser una persona mentalmente equilibrada, lo cual no implica que no sea inteligente ni que no sepa utilizar sus bazas, no en vano son más de 40 años al frente de Libia y coleccionando apretones de manos, con todos los dirigentes políticos de los países occidentales, así como amistades como la que tiene con el ultraderechista italiano, Silvio Berlusconi, que ya ha declarado la pena que le da su amigo sátrapa libio por la situación que atraviesa. Cómo es un desequilibrado, no dudó en utilizar la violencia contra los manifestantes ni en amenazar con aniquilarlos. Estas amenazas provocaron la reacción de la opinión pública occidental para que se interviniera ante la posibilidad de una masacre. A esto se unió la petición de los portavoces rebeldes de una intervención extranjera para delimitar una zona de exclusión aérea que impidiera a las fuerzas libias llevar a cabo los planes anunciados por el sátrapa. La resolución 1973 fue la respuesta de las Naciones Unidas a la presión de la opinión pública y a la petición de los rebeldes. De esta resolución destacan dos aspectos. Se permite tomar todas las medidas necesarias para proteger a los civiles y áreas con población civil y excluye la ocupación de territorio libio por fuerzas extranjeras. El objetivo es destruir las fuerzas aéreas libias y las baterías antiaéreas que permitan la creación de una zona de exclusión aérea.


En el mundo existen decenas de conflictos en los que se masacra y oprime a la población civil. La República del Congo, Palestina o Sudán son ejemplos suficientemente sangrientos. Existen dictaduras cruentas en las que se violan los derechos humanos y se reprime a los ciudadanos. Guinea Ecuatorial y Yemen son también ejemplos válidos. La opinión pública apenas se moviliza ante cualquiera de estos ejemplos, más allá de la desazón que provoca ver algunas imágenes en televisión. Los países occidentales, por su parte, no actúan más allá de resoluciones incumplidas, que sirven para lavar conciencias pero no para proteger a los ciudadanos de estos países. La presión de la opinión pública es fundamental para que los países actúen, ya que estos si no tiene intereses políticos o estratégicos en la zona se muestran de normal más que remisos. La inacción de las potencias occidentales ha sido históricamente desastrosa para algunos países como Ruanda que, a pesar de que los cascos azules eran testigos de las matanzas y el genocidio que se estaba produciendo, no intervinieron. Muchos de estos conflictos han sido provocados o alimentados por la connivencia de los países occidentales hasta el punto de que muchos de ellos son cómplices de lo que ocurre. Esta situación lleva a que las circunstancias conviertan a países en jueces y verdugos. ¿Cuál es la responsabilidad de los países occidentales en la situación de los civiles palestinos? ¿Y en Guinea Ecuatorial? ¿Y en Marruecos? ¿Y en Libia? ¿Quién asume responsabilidades por la connivencia, clara y demostrada, con dictadores que maltratan a los ciudadanos? Gaddafi asesina con armas proporcionadas por Occidente. Aún no he escuchado a nadie que asuma su responsabilidad en esos hechos y presente su dimisión por complicidad. No podrían agarrarse a la ignorancia. ¿Quién no conocía al coronel Gaddafi? Conocían a quién estaban dando la mano, saludando afectuosamente, o honrándole con la llaves de una ciudad, como la de Madrid. Conocían con quién estaban haciendo negocios. Lo sabían todo y a pesar de ello, a pesar de esa supuesta conciencia democrática y respetuosa con los derechos humanos, se asociaron con un criminal.


¿Por qué decide occidente intervenir en Libia y no se hace en Yemen, Congo, Bahrein o Costa de Marfil donde se asesina a decenas de civiles? ¿Tienen que solicitar los civiles una intervención? En Ruanda, lo hicieron y no se intervino. ¿Depende de qué país seas para hacer algo? ¿Occidente debe intervenir en cada uno de los conflictos internacionales donde se mata indiscriminadamente a los civiles? ¿Por qué no nos informan de las inevitables muertes de civiles ante los ataques aéreos a “objetivos militares”? ¿Son menos civiles los ciudadanos de Tripoli? ¿Publicarán todos los documentos en los que se exponga la planificación, organización y objetivos de los ataques? ¿Qué van a hacer si Gaddafi consigue mantenerse en el poder, como ya hizo después de los bombardeos de 1986? ¿Qué van a hacer si los rebeldes inician acciones violentas contra civiles pro-Gaddafi? ¿Existe esta posibilidad? ¿Lo pueden comprobar? ¿Intervendrían? ¿Quiénes son los dirigentes y portavoces rebeldes? ¿Por qué están armados y son capaces de vencer a un ejército profesional? ¿Cuáles son sus demandas? ¿Son los mismos que iniciaron las protestas el 16 de febrero? ¿Cuál es el protagonismo de las tribus libias? ¿Se puede descartar la existencia de otros intereses más allá de la petición de reformas que caracterizaron las protestas egipcias, tunecinas y las primeras semanas en Libia? ¿Publicarán los informes que están manejando sobre la naturaleza de los rebeldes? ¿Se habían apurado otras opciones como la diplomática? ¿Explicarán en qué han consistido los esfuerzos diplomáticos? ¿Estaban coordinados? ¿Se cometieron errores diplomáticos en los primeros días de las protestas? A partir de este momento, ¿actuarán de la misma forma en otros conflictos? ¿Qué va a ocurrir con Israel? ¿Se protegerá a los palestinos de los ataques aéreos israelíes? ¿Por qué no se ha actuado antes? ¿habrá dimisiones por la connivencia con la dictadura? ¿Se permitirá la represión al pueblo saharaui por parte de Marruecos? ¿Se actuará contra China por la represión a la población tibetana? ¿Y a los Uighures? ¿Se actuará contra EE.UU por la muerte de civiles en Afghanistan, alguno de ellos por mera diversión de alguno de sus soldados, o por la existencia de Guantánamo?


En Libia probablemente se tenía que intervenir para proteger a la población civil pero no puedo dejar de desconfiar de los motivos e intereses de la intervención. Ni apruebo la doble moral y la aplicación de ese derecho a la injerencia en función de qué país seas. Los países occidentales se convierten en jueces y verdugos. Alternan sus papeles en función de las circunstancias. Si sus intereses son económicos, actúan como verdugos porque no les importa tener relaciones comerciales con dictadores sangrientos. Si estos dictadores asesinan con las armas que les han comprado, actúan como juez, impartiendo justicia, paz y libertad. Aquellos que redactan las resoluciones de la ONU son los mismos que miran hacia otro lado ante las agresiones a civiles en todo el mundo. Son los mismos que permiten que Israel, por ejemplo, haya incumplido cada una de las resoluciones que les afecta. Son los mismos que firman acuerdos económicos a pesar de los atentados contra los derechos humanos. Son los mismos que nos dan lecciones morales y humanitarias en los parlamentos sin que tengan la dignidad moral de asumir su responsabilidad y de renunciar a sus cargos. No comparto la opinión de aquellos que se han posicionado con una resolución sin hacerse ni una sola pregunta, sin un ápice de crítica y con alabanzas hacia los gobiernos occidentales: “por fin han hecho lo correcto”. No comparto la opinión de aquellos que ante las dudas y las desconfianzas razonables pretenden acabar con el debate con la pregunta de cuál es la alternativa. No me convencen sus argumentos porque no van acompañados del rechazo hacia el papel jugado por los países occidentales que aparecen ahora como salvadores de la patria ni exigen responsabilidades. Me gustaría pertenecer a un país que defendiera los derechos humanos y actuara de manera coherente en la relación con otros países, que las relaciones comerciales y económicas con otros países estuvieran sujetas al buen trato a los ciudadanos y a sus derechos fundamentales. Pero no es así. Apoyamos dictaduras y actuamos con paños calientes ante las violaciones de esos derechos, si es que no hemos optado antes por mirar hacia otro lado. Nos creemos jueces pero no somos más que verdugos. No somos mejores que Gaddafi aunque los medios, políticos y voceros profesionales pretendan convencernos de lo contrario.

Bailar el agua a Marruecos

Publicado el 9 Ee noviembre Ee 2010 a las 5:20 Comments comentarios (0)

La ONU está triste. Había organizado unas negociaciones, dicen que sobre la soberanía del Sáhara Occidental, entre el gobierno marroquí y el Frente Polisario, y los primeros van y atacan el campamento de Gdeim Izik. ¿No podían haber esperado a otro momento? Con lo que cuesta organizar estas conversaciones y convencer a los implicados. Por supuesto, nada de condenar el ataque criminal del gobierno marroquí, no vaya a ser que se enfaden. Como mucho pedir contención a ambas partes del conflicto. La neutralidad es un principio irrenunciable, ante cualquier circunstancia. La política internacional es, en esencia, un bailar el agua, fundamentalmente a aquellos países que pintan algo en el escenario mundial. Marruecos es un aliado principal de la mayor democracia del mundo y un socio comercial importante de la Unión Europea y de España. Y ¿quiénes son los saharauis? Nadie, no son nada ni nadie. Pintan menos incluso que los palestinos. ¿Por qué la ONU iba a condenar la agresión sangrienta del gobierno marroquí al pueblo saharaui? ¿Acaso cree el mundo que el principio de justicia forma parte del ideario de la ONU? Aún así, hay unas palabras que les gusta mucho decir a los responsables de este organismo, al igual que a los de la Unión Europea: Ayuda Humanitaria. Son unas palabras que tienen efectos balsámicos, que calman conciencias y aplacan sentimientos de culpabilidad. Siempre se pueden utilizar para defenderse de las acusaciones de pasividad, de permisividad y de tolerancia ante las acciones de los agresores.


La agresión criminal al campamento de Gdeim Izik no ha sido una sorpresa. Ya lo venía avisando desde hace días la Coordinadora Estatal de Asociaciones Solidarias con el Sáhara (CEAS-Sáhara), por lo que cabe preguntarse qué es lo que han hecho las diplomacias europeas y, en concreto, Francia y España para evitar esta tragedia. La respuesta es muy sencilla y evidente. No han hecho nada. Bueno, no es del todo cierto. España sí ha hecho algo recientemente. Ha tolerado la agresión a periodistas y a políticos españoles. Igual que ha tolerado en las últimas décadas las acciones ilegales cometidas por la dictadura real marroquí contra el pueblo saharaui. España sigue conservando la soberanía del Sáhara Occidental pero ha optado por los intereses comerciales que les une a Marruecos, más lucrativos. A pesar de las declaraciones, de muchos políticos españoles, de solidaridad con el pueblo saharaui, este ha sido abandonado a su suerte desde la firma del Tratado de Madrid de 1975. La inacción del gobierno español solo puede provocar vergüenza e indignación. Ha permitido y tolerado todo lo que ha hecho la dictadura del amigo personal de Juan Carlos I, Mohámed VI, lo cual le convierte en el principal responsable de lo que está sucediendo en el Sáhara. El silencio y la ausencia de una condena firme y unívoca a Marruecos es la manera que tiene el gobierno español de validar las agresiones al pueblo saharaui. El denominarlo como un problema marroquí, o que actúen otros, es la manera de soslayar la responsabilidad directa de España en la situación actual del pueblo saharaui.


El gobierno español debe adoptar una posición firme con respecto a la situación del Sáhara Occidental y buscar los apoyos de la Unión Europea, ONU y Estados Unidos para presionar a la dictadura marroquí. Por encima de los intereses comerciales está la libertad de los pueblos. Por un Sáhara libre y soberano.



Enlaces:


LEY 40/1975, DE 19 DE NOVIEMBRE, SOBRE DESCOLONIZACIÓN DEL SAHARA

 


DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS ENTRE ESPAÑA, MARRUECOS Y

 

MAURITANIA SOBRE EL SAHARA OCCIDENTAL


Letter dated 29 January 2002 from the Under-Secretary-General for Legal Affairs, the Legal Counsel, addressed to the President of the Security Council


Te lo cuento a mi manera: una mirada a Cuba más allá del atlántico

Publicado el 2 Ee marzo Ee 2010 a las 10:35 Comments comentarios (0)

La muerte de Orlando Zapata ha provocado un sinfín de reacciones desde la izquierda y la derecha, apuntaladas por la atención desmedida de los medios de comunicación españoles. Todas las noticias que se generan desde Cuba y que alimentan la crítica hacia la revolución cubana son amplificadas por todos los medios, especialmente por aquellos cuyas líneas editoriales se caracterizan por criticar todo lo que huela a revolución cubana y que obvian aquello que es positivo y digno también de mencionarse. De hecho, muchas de las noticias que aparecen sobre Cuba se aceptan tal como se reciben sin realizar una mínima labor periodística de comprobación de las fuentes o de los hechos. En ocasiones, incluso conociendo que las fuentes no son fiables y los hechos muy discutibles, los medios optan por la publicación de noticias que favorezcan la posición oficial que se mantiene desde la línea editorial. Más allá de hacer un análisis exclusivamente político de la revolución cubana, me parece interesante profundizar sobre el tratamiento de los medios de comunicación a este país. Pero antes me gustaría explicar cuál es mi posición ante todo esto.

 

Evidentemente el acercamiento y el análisis de las vicisitudes de este país están contaminados por posicionamientos ideológicos y políticos lo cual nos lleva a observar posiciones extremas que van desde la aceptación absoluta hasta la crítica exhaustiva y devastadora de todo lo que ocurre en Cuba. Muchos de los opositores cubanos se encuentran situados en el polo más extremo y crítico, utilizando generalmente estrategias muy agresivas, falseando situaciones, inventando o teatralizando hechos y, los más extremistas y violentos, llevando a cabo acciones terroristas contra el pueblo cubano desde territorios amigos y tolerantes con estas actividades como EE.UU y, en concreto, su apéndice Miami. Estos opositores, cuyas ideas políticas son absolutamente respetables, utilizan métodos moralmente cuestionables. No todos los medios valen para conseguir sus fines. Alguna de sus estrategias suelen basarse en mostrar un fragmento de una situación, confuso y poco claro, acompañado de una interpretación interesada de lo sucedido de difícil verificación.

 

Uno de los opositores más mediáticos es Yoani Sánchez, convertida en luchadora por los derechos humanos por los medios de comunicación occidentales. Lo cual me parece una burla a los cientos de personas que se juegan la vida por los derechos de sus compatriotas en países donde éstos son pisoteados diariamente y la oposición es silenciada desde la reclusión, encarcelamiento o muerte. Yoani Sánchez, entronizada por intereses bastardos, utiliza un lenguaje de activista social y luchadora contra la opresión que seduce y convence a todos aquellos que se acercan a la realidad cubana con prejuicios ideológicos. A través de su Twitter y su blog Generación Y, informa de situaciones en las que supuestamente es detenida, secuestrada o agredida, violando constantemente sus derechos de reunión o su libertad para participar en distintos actos. Esto lo acompaña en ocasiones con grabaciones caseras, teatralizadas y manipuladas para que muestren aquello que la autora quiere que muestre. Recuerdo el disfraz de la peluca rubia para acudir, sin que la reconocieran, a un acto en el que se hablaba sobre Internet en Cuba. Evidentemente se la reconoció y aún así pudo entrar y exponer su punto de vista crítico, que alguno de los participantes aplaudió y otros criticaron, ejerciendo todos ellos el derecho a expresar lo que quisieron sin cortapisa alguna. Mientras ella se encontraba en el interior del acto, en la puerta de entrada se posicionó uno de sus cómplices y empezó a gritar que no le dejaban entrar y que estaban coartando su libertad. Todo ello grabado en video para que quedara constancia de lo sucedido. En ningún momento queda claro qué es lo que sucedió ni las razones por las que esta persona no pudo entrar. Sólo nos llegó la interpretación interesada de esta bloguera opositora. Hace unos meses denunció haber sido secuestrada y agredida. Todos los medios se hicieron eco de la agresión sufrida por la nueva mártir cubana. Detalló fuertes golpes en distintas partes de su cuerpo. Al día siguiente, distintos medios se personaron en su domicilio para conocer de primera mano lo sucedido y fotografiar los abusos policiales que había sufrido. Lo único que consiguieron fue, de nuevo, la versión de la bloguera. Ni una sola señal de haber sido golpeada. A pesar de ello los medios de comunicación siguieron dando pábulo a su versión, siendo imposible constatar la realidad de los hechos que, por otra parte, ocurrieron en la vía pública sin que apareciera ningún testigo, aunque sea anónimo, que lo certificara. Otra de las estratagemas que utiliza, junto a sus correligionarios, es ir a determinados actos y escenificar una acción planificada, que provoca la reacción de los presentes y la aparición de policías, alguno de ellos de paisano. En ese momento, comienzan a gritar que sus derechos están siendo pisoteados y etcétera. Siendo legítima la protesta, solo quiero destacar la escenificación y dramatización de los hechos, obviando que ha existido previamente una intención planificada de provocar una situación tensa. Esto último jamás lo reconocerán. En estas situaciones se suelen producir momentos paradójicos. Los opositores critican que no tienen libertad de expresión pero en estas situaciones estas personas son capaces de defender sus derechos, de gritarlos literalmente a los cuatro vientos e incluso de obtener una grabación de sonido y de video que difunda lo sucedido. En muchas ocasiones ni siquiera se producen detenciones. Se les impide el acceso al evento y ya está. Una dictadura ciertamente atípica sin olvidar todos los medios de expresión que tienen y utilizan profusamente como blogs, páginas Web, medios de comunicación alternativos, Twitter o Facebook, entre otros.

 

En el otro extremo, nos encontramos con sectores de la izquierda que justifican, defienden y aprueban todas las acciones, situaciones o hechos con una mínima capacidad crítica. Hay una línea de pensamiento y análisis que se caracteriza por la rigidez e incuestionabilidad. Se permite la crítica pero dentro de unos parámetros muy limitados. Si sobrepasas estos límites, la simple crítica a la revolución cubana se anatemiza y puede conllevar el tratamiento de fascista o colaborador de las hordas derechistas. Afortunadamente, aunque reconozco que es una percepción muy personal, es una minoría. Pienso que muchas de las reacciones se pueden entender como respuestas al ataque virulento por parte de la derecha mediática y contrarrevolucionaria. Ante críticas extremas, defensas numantinas. Es cansado sólo escuchar, leer o ver noticias, interpretaciones y lecturas negativas de la revolución cubana y, sobre todo, comprobar que muchas de esas críticas demoledoras tienen intereses ajenos al pueblo cubano. Aquellos, que se les llena la boca defendiendo los derechos humanos en Cuba, no serían capaces de hablar ni diez minutos sobre qué implican, en qué consisten y para qué sirven. Mientras critican a Cuba, defienden en cualquier otro país todo lo contrario porque sus intereses no tienen nada que ver con los derechos fundamentales de las personas. Alguno, como José María Aznar, pide respeto a los derechos humanos pero a su espalda carga con miles de muertos en la ocupación de Iraq. O si se pide libertad de prensa, también para Egunkaria, un caso muy cercano y que los medios de comunicación apenas mencionan. La izquierda a lo largo de la historia ha dedicado muchos esfuerzos por conseguir estos derechos, que ahora gozamos en España y que pensamos que existen por ciencia infusa, además de estar incluidos dentro de los principios que dirigen la acción de la izquierda.

 

Por otra parte, descontextualizar lo que rodea a Cuba, en cuanto a la situación de bloqueo económico, por parte de EE.UU, desde hace décadas y la soledad política e ideológica en un mundo dominado por un neoliberalismo ultra violento, no es un adecuado acercamiento al análisis de las noticias sobre este país. La revolución cubana representa todo aquello que denigra y desprecia el sistema capitalista, con afiladas crestas neoliberales. Más que importancia geopolítica, que no la tiene, tiene una importancia simbólica, casi metafórica. Un preciado trofeo para los neoliberales que esperan, con el cuchillo entre dientes, a la apertura económica para arrasar con la isla. No habrá mayor placer que cargarse todo aquello que construyó la revolución cubana. Si no se tiene en cuenta esto a la hora de analizar las noticias que nos vienen desde Cuba, el análisis será sesgado. Esta es una de las características que definen la información proporcionada sobre la isla caribeña: los medios de comunicación oficialistas obvian su realidad. Los medios de comunicación practican con Cuba una suerte de atención selectiva, eligiendo cuidadosamente qué es noticiable y qué no es noticiable, que va calando en la visión y en la imagen que se va formando en el exterior de la isla. Nos ofrecen fragmentos descontextualizados presentados como realidades absolutas y nos bombardean con la repetición de mensajes provistos de una profunda carga moral. Si hiciéramos caso de lo que nos cuenta, por ejemplo, El País, pensaríamos que Cuba es un país con una dictadura sangrienta y represiva. Es evidente que es un régimen no democrático pero en absoluto representa un régimen violento contra su población. Ninguna organización social independiente relata situaciones de agresión y tortura como práctica sistemática de relación entre el estado y el ciudadano. Existen situaciones puntuales, aunque esto no les exime de esforzarse por evitar dichas situaciones. No podemos olvidar que España también fue acusada, a finales del año 2009, por Amnistía Internacional debido a la existencia de casos de tortura en los centros de internamiento para inmigrantes y en centros policiales y aquí sí que estamos hablando de un país democrático. A nadie se le ocurriría decir que España es un país que no respeta los derechos humanos y que maltrata a sus ciudadanos pero de Cuba sí, para algunos sería hasta un corolario lógico que se extrae de las informaciones que se reciben. Por supuesto que tanto a España como a Cuba se les debe exigir que respeten libertades fundamentales de sus ciudadanos.

 

La sobresaturación de información sobre Cuba lejos de ofrecer una imagen más clara del país, confunde y oculta otras realidades. Los medios de comunicación, que actúan en función de intereses contrarios al derecho del ciudadano de recibir una información clara y objetiva, son la herramienta que utilizan los poderes para socavar cualquier realidad que contradiga su idea del mundo. Otros países donde sus ciudadanos viven subyugados miserablemente por su gobierno, pasan desapercibidos por inofensivos o por jugar un papel, aunque sea mínimo, en los intereses de los países poderosos o de las grandes multinacionales. Pero Cuba representa la posibilidad de otro mundo y eso pasa factura.

Orlando Zapata Tamayo

Publicado el 25 Ee febrero Ee 2010 a las 17:25 Comments comentarios (0)

La muerte de un preso de conciencia cubano, Orlando Zapata Tamayo, ha puesto de nuevo encima de la mesa las hipocresías de derechas y de izquierdas, habituales en el análisis de realidad de determinados países como Cuba.

 

El apoyo a la revolución cubana no puede ser mayor ni más importante que la defensa de los derechos humanos, los cuales se deben exigir en cualquier país del mundo, independientemente de las simpatías ideológicas. Ser de izquierdas pasa por unos principios irrenunciables que tienen que ver con los derechos humanos. Ante la  disyuntiva de la defensa ideológica o la defensa de los derechos fundamentales de una persona, la izquierda no puede ni debe tener dudas. Sólo hay una posibilidad. Sólo se puede estar al lado de las personas y no al lado de las ideas. La historia nos ofrece ejemplos deleznables de perversión ideológica a partir del más absoluto desprecio por las personas y sus derechos. Esos hechos históricos son ejemplos de qué no es la izquierda. Al menos no representan a la izquierda que hay dentro de mi cabeza.

 

Orlando Zapata Tamayo murió el pasado martes después de 85 días en huelga de hambre. Albañil y fontanero, se significó en la lucha por los derechos humanos y fue detenido en La Habana el 20 de marzo de 2003. Participaba en una huelga de hambre en la Fundación Jesús Yáñez Pelletier para reclamar la liberación de Oscar Biscet y otros presos políticos, según relata Amnistía Internacional. Por esta acción, fue condenado a 3 años de cárcel por "desprecio a la figura de Fidel Castro", "desorden público" y "resistencia". A partir de aquí, sus años de condena fueron aumentando de forma insólita. En noviembre de 2005, se añadieron 15 años por "desacato" y "resistencia en centro penitenciario". En mayo de 2006 fue juzgado de nuevo por los mismos cargos y condenado a una pena adicional de 7 años. Posteriormente, fue sometido a más juicios por cargos adicionales de "desobediencia" y "desórdenes en establecimientos penitenciarios", el último de ellos en mayo de 2009. En el momento de su muerte cumplía una condena total de 36 años de prisión. Sin palabras.

 

El futuro político y social de la revolución cubana pasa por el respeto incondicional de los derechos humanos. Su desprecio, simplemente, será el escenario de su fracaso.

 


A la muerte le gustan los pobres

Publicado el 21 Ee enero Ee 2010 a las 0:30 Comments comentarios (0)

Cuando suceden catástrofes naturales en cualquier parte del mundo, uno no puede más que compartir el dolor y el sufrimiento y ayudar, en la medida de lo posible, a los sufrientes. Colaborar de forma individual, y siempre por medios de confianza, que en muchas ocasiones están representados en organizaciones no gubernamentales, que actúan de forma independiente de los estados -las hay- y exigiendo a nuestros países la actuación rápida y solidaria que permita hacer llegar aquellos productos de necesidad básica y medios humanos que puedan aliviar los efectos producidos por la naturaleza. Son situaciones inesperadas, la mayor parte de las veces, que arrasan con la vida de muchas personas y que, desgraciadamente, afecta a muchos países a los que se denomina subdesarrollados o del tercer mundo. Quedarnos únicamente en la compasión y obviar el proceso histórico que ha llevado a todos estos países a su pobre nivel de desarrollo, convirtiéndoles en súbditos de los grandes países desarrollados, que además se han apropiado de sus recursos y condenado a la pobreza y miseria a millones de personas, digo que, quedarnos únicamente en eso, es condenar a estos países a permanecer en la miseria y en el olvido. Sólo recordados puntualmente cuando son golpeados por la desgracia. Ruanda, Angola, Indonesia, El Salvador...son muchos los ejemplos.


A la muerte le gustan los pobres. Tuiteé hace unos días esta frase en referencia a la desgracia de Haití y recibí una repuesta en la que se decía que era absurdo y falto de tacto. Respeto las reacciones ante esta frase pero no por ello me deja de parecer que lo que significa es terriblemente real. Hace unos años viví en Hong Kong uno de los tifones más violentos de los últimos veinte años y sólo produjo daños materiales y algún herido. Se veían imágenes en televisión de algunos turistas que jugaban a andar contra el viento y algunos andamios de bambú abatidos por la fuerza del viento. Por medidas de seguridad se aconsejó a los ciudadanos permanecer en los edificios, resguardados, y los trabajos permanecieron cerrados. Ese mismo tifón provocó cientos de víctimas e inundaciones terroríficas en el norte de Vietnam. Hong Kong la ciudad-ensayo del capitalismo más salvaje, donde la mayor diversión consiste en ir de compras a los colosales centros comerciales que inundan la ciudad, permaneció prácticamente intacta. Muchas zonas del norte de Vietnam, ese país empobrecido que en los últimos años se ha abierto al turismo, no corrió la misma suerte. Podemos hablar también de cómo el dinero permite o niega el acceso a la sanidad en muchos países. En Guinea Ecuatorial, ese país donde el dictador Obiang gana sus elecciones con un 97% de votos favorables con la connivencia de los países occidentales y, especialmente, de España, muchos niños con patologías, que en cualquier país occidental se solucionarían con una sencilla operación, mueren por no recibir atención médica adecuada ni tener quirófanos ni medicamentos necesarios. El mejor quirófano de este país pertenece a una organización no gubernamental española y a lo largo del año acuden pediatras y cirujanos de varios hospitales españoles, que dedican su tiempo y sus conocimientos a ayudar a todos los niños, que durante su corta estancia, puedan atender. La historia nos ofrece tantos ejemplos. Podríamos hacer un repaso de las innumerables desgracias que han sufrido tantos países en África, Asia o América Latina. Sí, sin duda a la muerte le gustan los pobres.


Haití, aquella colonia francesa conocida como Saint Domingue, consiguió su independencia a partir de la insurrección de los esclavos, que la Francia colonial había traído a miles desde África para apoderarse de las fuentes de riqueza que permitieron, junto con el robo en otros países latinos, el desarrollo industrial de muchos países europeos. La riqueza y el desarrollo de éstos están construidos sobre la miseria, el asesinato y el latrocinio cometidos en la mayoría de los países americanos menos afortunados. Eduardo Galeano en su libro Las venas abiertas de América Latina lo explica con todo detalle. La revolución haitiana, paralela a la revolución francesa, abolió la esclavitud e inició el camino de un país que, a partir de este hecho, ha sido escenario de dictaduras, tiranías, golpes de estado, corrupción, represión y los asesinatos de los tonton macutes de Papa Doc y los leopardos de Baby Doc. El retoño Duvalier, asesino de su pueblo en dura competencia con el patriarca, fue recompensado por su amo con el asilo en Francia en pago por sus servicios al país de la libertad, igualdad y fraternidad. Estados Unidos y Francia han sido las garras que han aprisionado a los haitianos. El FMI y el Banco Mundial el puño de acero que ha hundido en la miseria a más del 80% de los haitianos. Aquellos que en su historia han sido causantes de su sufrimiento, ahora se arrogan el protagonismo de su salvación.

 

No, no podemos olvidar la historia de Haití cuando miramos a los cientos de víctimas que se extraen lentamente de debajo de los restos de los edificios. No sería justo para Haití, para los haitianos, ni para las personas que creen que otro mundo es posible. Hacerlo tiene un nombre y es Hipocresía.

 


Los trileros de baja estofa

Publicado el 22 Ee noviembre Ee 2009 a las 17:15 Comments comentarios (2)

Seguimos avanzando. La presidencia europea fue decidida en reuniones secretas, llamadas telefónicas, cenas privadas y sin testigos molestos. Dos políticos europeos, desconocidos para la opinión pública, resultaron ser los agraciados. La presión británica para colocar al inventor de la tercera vía no tuvo éxito. La decisión estaba tomada. La elección iba a recaer en políticos de perfil bajo, que no molestaran y supieran obedecer. No se podían arriesgar con personalidades fuertes, pagadas de si mismos, que pudieran tener algún tipo de iniciativa más allá de las órdenes pertinentes de los que realmente dirigen el tinglado. Para los ciudadanos daba lo mismo por varias razones. La principal es que no tenían oportunidad de elección ni de decisión. Cualquier político que se eligiera no sería adecuado porque no sería elegido por ellos. Las bases antidemocráticas de la potencia occidental ya están marcadas. Así se empieza a desarrollar el tan imprescindible Tratado de Lisboa.

 

Los presidentes de los países europeos, responsables directos, no han dicho ni pío sobre la ausencia de mecanismos democráticos en la elección de la presidencia europea. El presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, sólo destacó que el cargo de Alto Representante para la política exterior y seguridad recayera en una mujer, la británica Catherin Ashton. El hecho de ser unos desconocidos para la gran mayoría de los ciudadanos europeos tampoco es un inconveniente porque tal y como dijo Ramón Jauregui, secretario general del PSOE en la Eurocámara, "el problema no es que sean desconocidos hoy, sino que lo sigan siendo mañana". Éste es el problema para Jauregui.


La absurda política de equilibrios que se fundamenta en una regla básica de la alta política, el reparto de poder, parece estar también detrás de esta decisión. Para la presidencia un conservador y para la política exterior una socialista británica, que a más inri es baronesa. Menudo socialismo.

 

Pero más allá de todo esto lo realmente preocupante es que los medios de comunicación oficiales hayan destacado de estas designaciones que los dos elegidos sean desconocidos y que uno de ellos sea mujer pero no hayan prestado atención a la toma de decisión oscurantista, lejos de lo que se demanda a una democracia que se digne llamarse de esta manera. La construcción europea se asienta en cimientos antidemocráticos y se convierte en una politocracia guiada por intereses ajenos a la ciudadanía pero esto no merece ni un titular ni un análisis profundo por parte de los medios de comunicación, que se convierten una vez más en los traductores censores de las decisiones que toman los que detentan el poder.

Con el noble objetivo de no morder la mano de quien les da de comer, los medios se transforman en trileros de la realidad, mediocres constructivistas, creadores de realidades ficticias. Igual dentro de 20 años nos revelan todos los secretos en un reportaje de investigación, cuando esté todo atado y bien atado.

 

Donde dije digo, digo diego (y hago lo que me da la gana)

Publicado el 17 Ee noviembre Ee 2009 a las 17:10 Comments comentarios (2)

En el mes de diciembre se celebra la Cumbre de Copenhagen sobre el cambio climático en la que participarán los máximos dirigentes mundiales. Antes de empezar nace muerta, se convierte en insustancial y se reduce a la nada desde el mismo momento en que Barack Obama la considera un paso preliminar en la búsqueda de una solución para el cambio climático. A estas alturas y aún estamos en los preliminares. Hoy durante la celebración de la Cumbre sobre Seguridad Alimentaria de la ONU las organizaciones sociales se quejan de que el documento final no recogerá propuestas concretas de acción para la erradicación del hambre en el mundo. Se han celebrado numerosas cumbres para tratar estos temas y otros, esenciales para la humanidad, y todas acaban de la misma manera. Sin compromisos concretos y sin una voluntad clara para solucionar algo. La conclusión de cada una de estas cumbres es que en contradicción con el discurso oficial dirigido a los votantes, que no ciudadanos ni personas, la voluntad, la determinación y el esfuerzo de los dirigentes de los principales países del mundo, en el que se incluye el recién nombrado premio nobel, son nulas. No digo mínimas sino nulas. Las acciones para erradicar el hambre en el mundo o luchar contra el cambio climático ya estarían dando resultados si existiera un interés real de la élite.

 

Barack Obama es capaz de decir que "No podemos aceptar un mundo acechado por el cambio climático y por eso todos los países deben tomar responsabilidades" pero en la práctica no hacer nada y negar la posibilidad real de conseguir compromisos necesarios en la próxima cumbre danesa. No existe una relación directa y necesaria entre lo que se dice y lo que se hace, con ese efecto perverso de la deseabilidad social (y el interés político) que oculta a los demás lo que realmente uno piensa. En el caso de los políticos nos dicen lo que queremos oir, lo que saben que demanda y preocupa a los ciudadanos, a sabiendas de que no lo van a hacer.

 

En la Cumbre de la Tierra, celebrada en 1992 en Río de Janeiro, una niña de 10 años llamada Severn Sukuzi realizó una intervención ejemplar en la que criticó a los participantes y responsables políticos por su inacción. Les dijo "mi padre dice: tú eres lo que haces y no lo que dices. Bueno, lo que ustedes hacen me hace llorar por las noches". Y en esas estamos.

 


 

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Discurso traducido al español

La Europa manipulada (lo llaman democracia y no lo es)

Publicado el 9 Ee noviembre Ee 2009 a las 4:35 Comments comentarios (0)

El Tratado de Lisboa ya está aquí. No es algo que en general suponga una preocupación para la mayoría de los ciudadanos. Fundamentalmente porque siempre ha ocupado un lugar secundario de interés para los medios de comunicación y los políticos. No porque no sea interesante o importante para los europeos sino que no ha interesado establecer un diálogo público y constructivo sobre lo que implica la puesta en marcha de este tratado. La oposición al mismo ha sido resuelta con un descrédito de los opositores por parte de los políticos y los medios de comunicación favorables a su asunción. Se les ha tachado de antieuropeistas e equiparado a movimientos de ultraderecha, que sí han mostrado un rechazo claro a la construcción europea que implique desvanecer los límites nacionales, obviando las evidentes diferencias que les separa. De esta manera si no estabas posicionado al lado de las tesis oficiales estabas en contra de Europa y colocabas en grave riesgo la construcción europea.


La realidad es que la construcción de esta Europa se hace a espaldas de los ciudadanos a los que se utiliza como marionetas para que depositen su voto, después de haber sido aleccionado convenientemente, y esto cuando deciden que pueden votar porque ante cualquier riesgo de que sus tesis sean rechazadas utilizan cualquier resorte legal para evitar el pronunciamiento de los ciudadanos como ha ocurrido con este tratado, una modificación de aquel que los españoles aprobaron en las urnas y rechazaron los holandeses y franceses. El intento de soslayar la acción ciudadana topó con la constitución irlandesa que obligaba a convocar un referendum de aprobación que, en una primera instancia, supuso un rechazo del mismo. Lejos de provocar una nueva reflexión hacia otra Europa los dirigentes europeos optaron por la negociación con el gobierno irlandés para sacar adelante el tratado a pesar de la negativa ciudadana. La consigna era si o si. Este tratado saldría adelante a pesar de los ciudadanos lo cual indica el trasfondo antidemocrático del mismo, elaborado por las élites, y de los máximos representantes de los gobiernos europeos. El guión estaba escrito y marcaba la celebración de un nuevo referendum que finalmente produjo el resultado deseado. Así se obtiene la excusa del refrendo democrático ciudadano a pesar de haberse obtenido por medios antidemocráticos, es decir, el menosprecio de la decisión ciudadana, y la manipulación política para conseguir réditos políticos a través de prebendas y privilegios para los gobiernos más díscolos. La paradoja es que la última opción de evitar la aprobación definitiva del tratado la tenía un gobierno claramente antieuropeísta y de vocación atlantista como es el de la República Checa. El argumentario que equipara a los opositores con los antieuropeistas recibía así su espaldarazo mediático. Era una opción aparente porque no iba a suponer un obstáculo para el tratado. Es sólo un gobierno al que se le puede comprar con cesiones interesadas, al mejor estilo mafioso, que en términos políticos se denomina negociación.

El único obstáculo real que ha tenido y que ha obligado a maniobrar con dificultad a los gobiernos ha sido la negativa de los ciudadanos lo cual nos da entender el poder que tendría la ciudadanía si se decidiera a participar activamente en el proceso de construcción europeo que le afecta directamente. Esta participación necesaria tiene que luchar contra uno de los objetivos de los gobiernos que es controlar y adormecer a los ciudadanos a través de la ocultación de información relevante, la criminalización de posicionamientos contrarios y la manipulación a través de los medios de comunicación oficiales y privados.


El Tratado de Lisboa ya está aquí y es sólo el comienzo. A partir de ahora comenzará su aplicación práctica y los ciudadanos podrán comprobar las consecuencias de su pasividad. Como aperitivo, en diciembre se nombrará al presidente que nos representará a los europeos. Representación que, por supuesto, no será aprobada por los ciudadanos sino por los gobiernos. Los nombres que han sonado provocan pavor como el de Tony Blair. Uno de los cuatro de las azores que mintió conscientemente a los ciudadanos británicos y al mundo sobre la existencia de las armas de destrucción masiva iraquíes y que apoyó incondicionalmente al presidente torturador y asesino George W. Bush, entre otros méritos porque mejor no hablar de ese invento de la tercera vía dirigido a aniquilar al socialismo británico. Otro de los nombres que se han barajado, aunque más como globo sonda que como realidad, es el de José María Aznar. Sería sin duda una Europa kafkiana, neoliberal, irrespetuosa, agresiva, contraria a los derechos y libertades de los ciudadanos, manipuladora e inestable. Una Europa que avanzaría en su deriva neoliberal y abandonaría definitivamente la necesaria Europa social y ciudadana. Aznar es un terrorista político capaz de hacer temblar los cimientos más sólidos del estado de derecho y del bienestar. Sólo faltaría que saliera a la palestra el nombre de Silvio Berlusconi para completar el trio calavera. Independientemente de quien salga no será en ningún caso elegido por los ciudadanos pero, paradójicamente, nos representará ante el mundo. Nuestros políticos serán capaces de llamar a esto democracia pero no lo es. Los ciudadanos están apartados de las decisiones importantes de la política europea y eso no se puede llamar, en ningún caso, democracia.

 

Sólo cabe una profunda irritación moral

Publicado el 28 Ee diciembre Ee 2008 a las 10:20 Comments comentarios (0)

Israel. Unos trescientos muertos. Más de novecientos heridos. Israel. Es sólo una muesca más en el revólver israelí. El mundo al revés nos dice que los palestinos son terroristas porque se esconden entre los pasajeros de un autobús con un cinturón de explosivos alrededor de la cintura y lo hacen estallar. Nos lo cuenta así sin más explicaciones, sin aportar ningún matiz. Ante estos ataques terroristas, ¿qué tiene que hacer un país? Israel sólo se defiende. Es un bastión occidental rodeado de moros peligrosos. Nos dice que es el único país democrático, defensor de la libertad y de la igualdad. Se le acoge en eventos europeos como Eurovisión o la Eurocopa para que puedan participar en acontecimientos continentales y no quedar aislados. Se le permite el incumplimiento de todas las resoluciones de las Naciones Unidas sobre el conflicto árabe-israelí y de la legislación internacional como la Convención de Ginebra, firmada después de la Segunda Guerra Mundial, que hace referencia al trato debido a los prisioneros de guerra.  Se le permite imponer un bloqueo que impide la llegada de ayuda humanitaria o de productos básicos a los palestinos. No es necesario continuar más. La lista de bárbaros crímenes que ha cometido Israel en los últimos sesenta años es interminable. No es necesario ser un experto en este conflicto para saber quiénes son las víctimas, quiénes son los muertos, quiénes los sufrientes. Y no, no son los israelíes. Aunque así nos lo quiera contar el mundo al revés. Israel no representa a la democracia, atenta contra la libertad e igualdad, es una fuente de inestabilidad, ejecuta la política de tierra quemada, fomenta la violencia, no respeta los derechos humanos básicos, practica políticas genocidas, implanta el terror en los territorios palestinos, es un experto de la guerra psicológica más despreciable, practica la tortura...un momento, que tome aire. Sólo cabe la indignación, una profunda irritación moral.

Change we can believe in

Publicado el 25 Ee julio Ee 2008 a las 11:20 Comments comentarios (0)

Con las palabras podemos hacer lo que nos de la gana. We can hablar de libertad mientras subyugamos, controlamos, dirigimos, coaccionamos, amenazamos o intimidamos a los demás para que hagan lo que nosotros deseamos o más nos interesa, we can hablar de paz mientras bombardeamos unos cuantos países, torturamos y asesinamos a población civil tras el paraguas de los daños colaterales, we can hablar de democracia mientras financiamos, apoyamos o entrenamos a grupos terroristas, dictadores o supuestos ejércitos de salvación, we can hablar de igualdad aunque nuestras políticas favorezcan exclusivamente a los ricos y privilegiados manteniendo y aumentando su nivel de riqueza, we can hablar de justicia, de esperanza, de nuevo amanecer, de cambio. Son sólo palabras. Podemos, si no se está de acuerdo, preguntar a los afganos, iraquíes, nicaragüenses, salvadoreños, chilenos, guatemaltecos, vietnamitas, camboyanos, entre otros, que a lo largo de su historia han conocido el particular significado que se ha dado a cada una de estas palabras. Ahora, Barack Obama habla de cambio y pregunta a sus votantes no sólo si creen en que va a provocar un cambio real en Washington sino si también creen en sí mismos. Viene a Europa y congrega a doscientas mil personas en Berlín y habla, como ciudadano del mundo, de libertad, esa palabra tan manoseada. Yo no creo en el cambio que quiere representar Obama. Tengo la impresión de que será otro presidente más, en el caso de que lo voten sus compatriotas. El primer presidente negro, en todo caso. Desde la segunda guerra mundial, ningún presidente estadounidense se ha movido un ápice de los intereses internacionales de su país en el resto del mundo, establecidos desde hace mucho tiempo, ni de la concepción geopolítica que guía su acción y de la que se derivan y perpetúan los actos criminales cometidos por Estados Unidos en los últimos sesenta años. Su poder institucional y su influencia internacional forman parte del sistema del que también forma parte Obama, el cual sólo parece ser un puño de hierro con guante de seda. Es algo que hereda y que no puede modificar. Y él lo sabe. Eso sí, felicitarle por su campaña de marketing y su buen rollo. Nada que ver con el burdo Bush o el abuelo McCain.

El pirata de los seis cerebros. Una idea original de Posh Bruni

Publicado el 11 Ee julio Ee 2008 a las 7:05 Comments comentarios (0)

Me acabo de enterar de que Sarkozy tiene cinco o seis cerebros. Lo dice la posh, Carla Bruni, que le conoce íntimamente. Sería interesante realizar una comparativa para saber si todos tienen la misma capacidad, poder saber con cual de ellos pensó lo del contrato de acogida e integración de los inmigrantes y si es el mismo con el que intento acabar con las revueltas en los barrios parisinos. No sé las consecuencias físicas que puede tener esta excepcionalidad pero imagino que la capacidad craneal tiene que ser mayor que la media y, de alguna manera, afectar al resto del cuerpo, menos desarrollado. De ahí el aspecto de algunas personas de grandes cabezas y cuerpos mínimos, de las cuales hay que empezar a sospechar de la existencia de más de un cerebro al igual que el dirigente francés. Entiendo que en plena actividad cerebral, con la cantidad de sangre que se necesita para su idóneo funcionamiento, otros órganos se verían afectados, de tal manera que en el supuesto caso de que Sarkozy pensara, no tendría, por ejemplo, una erección ya que el órgano sexual masculino se quedaría sin la sangre necesaria para su correcto funcionamiento. Al contrario de la mayoría de hombres que sólo tenemos un cerebro, capaces de racionar la cantidad de sangre que podemos mandar a ambos órganos, de tal manera que podemos pensar, imaginar o fantasear y tener una erección a la vez. Seguro que a la posh franco-italiana le gusta más el estado natural en el que habitualmente se encuentra Sarkozy, ese animal sin actividad cerebral. También se me ocurre, aunque no conozco en profundidad el funcionamiento de las leyes en Francia, que podría solicitar ayudas al estado por familia numerosa. No es lo mismo cuidar de un cerebro que de cinco o seis (a ver si nos dan el dato preciso), la alimentación para mantenerlos ha de ser, por fuerza, mayor. De hecho, en la cumbre japonesa del G-8, se pegaron un banquete de aupa mientras discutían las medidas para paliar el hambre en el mundo. No hay que olvidar que también estaban Bush y Berlusconi, que entre los tres suman casi 18 cerebros. Me viene a la cabeza la película La parada de los monstruos de Tod Browning y no sería una idea descabellada que este hombre, después de la presidencia francesa, se dedicara al cine, participando en remakes de ésta película o incluso, de El hombre elefante de David Lynch. Si no tiene suerte en Hollywood siempre le quedará el circo en el cual, actualmente, gracias al parlamento europeo y las reuniones al más alto nivel, está adquiriendo experiencia. No deja de tener ventajas también en la vejez porque ante el deterioro de uno de los cerebros siempre le quedaran otros cinco. Bueno, es verdad que todos pueden resultar dañados. Es posible. De todas formas, al menos durante un año podemos estar tranquilos. El barco europeo lo gobierna un capitán (o pirata) de seis cerebros. Estoy seguro de que ideas no le van a faltar.

 

Un cuento medieval

Publicado el 16 Ee abril Ee 2008 a las 8:10 Comments comentarios (0)

El caballero Berlusconi, acompañado de sus fieles escuderos Fini, el neofascista, y Bossi, el xenófobo, se dispone a librar dura batalla contra el ejército del mal. Asoman ingentes cantidades de billetes de sus bolsillos que inducen en il Cavalieri una simpatía desbordante mientras roza con los dedos su fortuna. Cuanto más dinero rescata en su lucha contra el mal, más contento está el dueño y señor del antiguo imperio romano, con permiso de la cosa nostra. La deformación del lenguaje del Cavalieri resulta sonrojante para todos aquellos que nos encontramos, o nos colocan, en el ejército del mal. Conceptos como libertad se pueden traducir como dinero o poder. Su partido de la libertad es el partido del dinero que lucha no por hacer libres a los italianos sino por hacer un poco más rico al pequeño pero poderoso ejército del bien. El caballero monta en un jamelgo, llamado Italia, que en dos ocasiones le descabalgó, harto de sus continuos desvaríos y sus furiosos golpes con la fusta, pero, que a falta de mejores abrevaderos, permite que lo vuelva a montar. Su enemigo más allá de las fronteras de su reino se llama inmigración y aquel que se encuentra en el corazón del mismo, y atenta contra los sagrados intereses de la tropa mafiosa, se llama impuesto. La lucha contra la cosa pública es su razón de ser. Devolver a los bolsillos privados lo que se roba para la cosa pública. Es un Robin Hood en versión barrio Salamanca de Madrid. ¡Que tiemble el ejército maligno! El restaurador del viejo orden cabalga de nuevo por las tierras de Europa!