Blog: Algo que contar

NoViolencia

Publicado el 9 Ee agosto Ee 2011 a las 17:40 Comments comentarios (0)

El movimiento 15M parte de un principio de actuación no violento, lo cual no implica que sus acciones no generen conflicto y que no se creen situaciones límites que, en otras circunstancias hubieran desembocado en respuestas desde la violencia. Una parte mayoritaria del 15M no reacciona de forma violenta ante las agresiones físicas [sin olvidarnos de las agresiones políticas, económicas y sociales, menos evidentes] ejercidas por las fuerzas de seguridad del estado, a instancias de los poderes políticos, y sus protestas y manifestaciones no son de naturaleza violenta. Este posicionamiento es una de sus fortalezas. Si a lo largo de estos meses se hubieran producido enfrentamientos violentos protagonizados por el 15M, la capacidad de influencia y movilización serían mínimas y estaría bajo el control de grupos en cuyo análisis de la realidad la violencia es motor del cambio y que han fracasado en el pasado desde esta estrategia de oposición. Estos grupos son minoritarios, con escasa influencia en la ciudadanía y con nula capacidad de generar cambios en la sociedad. Afortunadamente el 15M ha optado por la desobediencia civil y la no violencia. Además empieza rompiendo las reglas de juego al trasladar la reflexión y la acción política fuera de los contextos tradicionales. Las lleva a la calle y convierte a los ciudadanos en parte activa y protagónica. ¿Quién se podía esperar este movimiento hace unos meses? Por supuesto que los partidos políticos no. Desde el principio se ponen en marcha los mecanismos de domesticación y anulación habituales. Criminalización, tergiversación y manipulación desde los medios de comunicación oficialistas, que se mueven desde la crítica hasta los elogios tramposos, con el objetivo de guiar a la opinión pública hasta posicionamientos del tipo “sí, estoy de acuerdo con lo que plantean pero no con las formas, que se conviertan en un partido político y defiendan sus propuestas”, en los medios más moderados, hasta “son antisistemas, proetarras o delincuentes (piojosos, perroflautas, etc) que atentan contra los derechos ciudadanos”, en los medios de la extrema derecha. Los partidos políticos se esfuerzan en canalizar las protestas por los canales tradicionales, lo cual, si se aceptara, implicaría la desnaturalización y el control de las mismas. Los poderes políticos, a su vez, echan mano de la represión policial para generar miedo y provocar la dispersión del 15M al asociarlo, a través de informaciones interesadas, con acciones violentas [En las agresiones policiales del Ministerio del Interior, la policía dijo que avisaron 3 veces antes de cargar, lo cual es absolutamente falso, no avisaron ninguna, al igual que se habla de heridos en la policía, pero no explican cómo se han herido, no existen imágenes de ninguna agresión a la policía y los que estuvimos allí tampoco vimos ninguna]. El 15M responde ante todas estas provocaciones de una manera que desconcierta. No tiran piedras ni queman contenedores ni asaltan comercios ni incendian edificios, lo cual seguramente garantizaría estar en primera plana de los periódicos durante varios días. No agreden a la policía sino que levantan sus manos y gritan “no a la violencia”. Esto se sale de los parámetros normales. Desobediencia civil, no violencia, reflexión, propuestas, movilización, activismo, acción política frente a manipulación y represión. No sé si en la historia de España se ha producido una confrontación como esta. Creo que no pero aunque el escenario es novedoso, la respuesta de los poderes políticos y, no nos olvidemos, económicos (el presidente de la asociación comercial APRECA incitó a la violencia un día antes de la agresión policial en el Ministerio del Interior) es de lo más tradicional. La presión policial sobre el 15M en el campo de juego que ha ideado, las calles y las plazas de las ciudades, será cada vez mayor. En el barrio de Arganzuela de Madrid impidieron la realización de un video forum, en la plaza Santa Ana, del barrio de Las Letras, multaron a un grupo de ciudadanos que reflexionaban colectivamente en asamblea y en Sol han impedido la puesta de un punto de información, a pesar de que de forma hipócrita algunos políticos han afirmado que tendría que haber uno estable. La represión formará parte de las actuaciones políticas hacia el 15M bajo el falso pretexto de defender los derechos de los ciudadanos [En muchos ciudadanos ha calado la idea de que por la Puerta del Sol no se podía pasar, estaba tomada por el 15M, lo cual es empíricamente falso: solo había que ir a Sol]. Se está investigando en las redes sociales a aquellas personas que han incitado o incitan a manifestarse, a supuestos cabecillas del movimiento, y, con esto, solo quieren generar miedo, que ciudadanos preocupados por la política, por la economía, por la democracia den un paso atrás y se vuelvan a esconder en sus casas, a ver la televisión, un partido de fútbol o a discutir sobre política inofensivamente con los amigos en los bares. Quieren volver a manejar el tablero de juego y a resituar sus fichas como más les conviene. Desde su mentalidad, un ciudadano que vote cada cuatro años, o cuando se le ordene, es un buen ciudadano y un buen demócrata. Esa es su mentalidad pero, desgraciadamente, también es la de muchos otros ciudadanos que confían en que “su partido” arregle la situación, que miran con suspicacia al 15M, que confían en los cauces tradicionales para solucionar los problemas de nuestra sociedad. Se acercan días en los que el 15M tendrá que resistir a las provocaciones constantes del estado, de los medios de comunicación, de los poderes económicos y de los partidos políticos, fiel a uno de los principios fundacionales: la no violencia. Se les dará respuesta en el tablero que el 15M ha ideado: en la calle, en las plazas, enfrente de los Ministerios, enfrente del Congreso. Con las herramientas que tanto temen: la reflexión, el debate, las propuestas y la acción política. Se seguirá respondiendo como no se lo esperan. Hay que estar preparados. Winter is coming.

La fuerza transformadora del pensamiento colectivo

Publicado el 17 Ee julio Ee 2011 a las 13:45 Comments comentarios (0)

 

En los dos últimos meses se ha producido en el estado español un hecho singular. Muchos ciudadanos han salido a las calles y a las plazas de su ciudad, se han sentado en círculos y han empezado a debatir, a opinar, a escuchar, a reflexionar, a consensuar, a proponer, a decidir y a actuar. Algo inesperado a pesar de las agresiones políticas, sociales y económicas que estaban (y que continúan) sufriendo no solo los españoles sino los habitantes de cualquier país del mundo. Los ciudadanos ocupando los espacios públicos y reflexionando colectivamente. Sin duda que esto es un cambio en las reglas del juego. No es una revolución, como algunos pensaban en un primer momento y que así se encargaron de publicitar al exterior como #spanishrevolution, pero sí es un cambio sustancial del papel que el ciudadano ocupaba en el sistema. Pasa de ser un sujeto pasivo a uno activo, de un contenedor de propuestas de otros a un generador y difusor de las propias, se pasa de un pensamiento individual a uno colectivo y, por consiguiente, transformador. Se reivindica un espacio no solo físico sino también filosófico porque la fuerza no está en la capacidad de generar propuestas sino en la fuerza transformadora del pensamiento colectivo. En una sociedad netamente individualista y materialista como la nuestra, que se produzca un movimiento de estas características es un hito extraordinario. El movimiento 15M, a su vez, supone una irrupción inesperada, pero necesaria, de los ciudadanos en la vida política que, por otra parte, la dignifica con su simple presencia teniendo en cuenta el bipartidismo pactado, el déficit democrático existente en el funcionamiento de los partidos políticos y la corrupción extendida. Es la mejor noticia de estos años de crisis y lo que nos permite pensar que hay más personas de las que se pensaba que no están dispuestas a ser un elemento decorativo de la democracia. No es evidentemente la solución a todos los problemas, de hecho la deriva neoliberal sigue avanzando, pero sí es un paso necesario para empezar a plantearnos seria y colectivamente qué sociedad tenemos y en qué sistema nos gustaría vivir. Hasta el momento estos planteamientos provenían de los movimientos sociales, partidos y colectivos de izquierda y ecologistas y, ahora, se puede extender a un mayor número de personas, que antes eran ajenas y que pueden crear y participar en un espacio propio desde el principio. Un espacio que esté abierto a cualquier persona pero que las organizaciones no puedan fagocitar y así diluir su naturaleza original. Los intentos por domesticar o dirigir este movimiento por parte de los partidos políticos y los medios de comunicación o su transformación en un partido político son dos caminos diferentes de neutralizar el potencial que genera el 15M, potencial que ha ido mostrándose en la capacidad de movilización y de organización, los cientos de consensos a los que se han llegado y la extensión a los pueblos y barrios de Madrid, más los cientos de acampadas y asambleas extendidas a lo largo del estado español. Solo es el principio pero es un principio esperanzador, lo cual es mucho decir teniendo en cuenta el contexto devastador existente contra los derechos sociales y la ofensiva neoliberal. Nadie está en disposición de decir en qué acabará todo esto pero sin la movilización y el activismo ciudadano no habría nada, nada que hacer.